Opinion · El repartidor de periódicos

Preguntas tontas

 

Sabemos esta semana por nuestra prensa papelera que “El Rey irá al 17-A y Sánchez espera que Torra le respete”. Es el titular de El Mundo de hoy. O sea, un señor va a acudir a un aniversario y otro señor espera que un tercer señor respete al primer señor durante dicha fecha. Como titular, es fascinante, aunque un tanto incómodo de explicar.

Quizá la monarquía tenga cosas buenas, nunca se sabe, pero para el perodismo es letal. Que un periódico considere como noticia más relevante del día las ansias de un caballero porque otro respete a un tercero es digna del pensamiento de Lord Arthur Saville, que tenía muchas menos luces que su creador, y por eso vivió más años. Y, siguiendo el argumentario, habría que explicar en qué consistiría ese respeto al rey, que es lo que a mí se me escapa.

¿Cómo ha de respetar Torra a Felipe VI? ¿Bastará una genuflexión? ¿Un beso en la mejilla? ¿Una docena de rosas y un libro? ¿Hablar español en la intimidad?

Como pensadores, la monarquía nos pone en ridículo constantemente, y de ahí su vigencia. Dice El Mundo en su editorial, dedicado a vapulear a Pedro Sánchez tras su alocución pública después del consejo de ministros de ayer, que “sí cabe aplaudir que el presidente anunciara que el rey estará en los actos de homenaje a las víctimas”. Gran mérito este de anunciarlo, considera el periódico de la bolita azul. Como anunciador, Sánchez no tiene precio. No en vano se dice que parece un jefe de planta de El Corte Inglés.

“Lo contrario hubiera sido una afrenta para todos”, remata el editorial. ¿Cuál sería esa afrenta? ¿No anunciarlo? ¿Que el rey vaya o no vaya? ¿Quiénes somos todos? ¿Ha vuelto dadá, o nunca se ha ido?

En ABC, unos expertos muy principales analizan esta primera rueda de prensa del presidente. Los expertos son los de siempre, o sea, Hermann Tertsch, famoso por los sueldazos que le pagaba Esperanza Aguirre en la televisión pública madrileña y por sus combates pugilísticos con los travelos noctarios: “La conclusión lógica de la esperpéntica aparición de Pedro Sánchez es que resulta urgente para la seguridad y el futuro de España que los españoles lo echen cuanto antes. Ayer confirmó los peores temores: es un personaje peligroso”.

No me digáis que no es enternecedor. Esta España tumultuosa y de ímpetus excesivos necesitaba la sosegada aportación intelectual de Tertsch, prosista tan afamado que su apellido es una larga errata (se me pega la inquina estilística, y lo deploro). Informamos sobre cosas que piensa un señor sobre cómo respetará o no otro señor a un tercero, y opinamos con el mazo manadero de nuestras más bajas pasiones.

Aunque parezca increíble, la prensa deportiva cada día destila menos hormonas, comparada con la generalista de papel. El hooliganismo político ha aplastado al pensamiento. Hay distintos estilos. El País es el más palaciego. A La Razón y ABC cada vez les tiran más los arrabales, a pesar de que escriben para gente que pasea con chacha por El Retiro. Pero realmente no existe en España debate político fuera de algunas editoriales extravagantes y de alguna que otra revista de humor.

Yo no paro de hacerme todo el día preguntas tontas leyendo los titulares. La Razón: “El Rey ignora la provocación de Torra e irá a los actos del 17-A”. ¿Es una provocación ser republicano? ¿O ser Torra es, en sí mismo, una provocación? ¿Irá el Rey también a la celebración del aniversario de las víctimas del Tarajal? ¿Asistirá Felipe VI a los homenajes a Lluís Companys, torturado y asesinado por Franco? Preguntas tontas. Preguntas tontas.