Opinion · El repartidor de periódicos

Los ergonómicos saudís

Los saudís son un pueblo muy ergonómico. Se adaptan a todas nuestras posturas. Un día son los cómplices de Al Queda y los cerebros del 11-S y el 11-M, y al día siguiente son amiguitos del alma que degüellan maricones solo por casta tradición. Al hablar de este asunto, no se debe frivolizar: hay que recordar que el gay musulmán es mucho menos cool que el europeo. No vayamos a enfrentar convicciones con gustos, pues siempre acabarían perdiendo las convicciones. Somos humanos, no animales.

Veo sin sorpresa que nuestros cuatro grandes periódicos abren hoy sus flamígeras portadas con Arabia Saudí, país de cuyos derechos humanos nos preocupamos tanto como de los de Venezuela. No lo digo por comparar. Es por si Albert Rivera quiere llorar intercontinentalmente, ahora que liberan el voto rogado.

Como todo el mundo sabe, el osado Gobierno del Antifaz de don Pedro Sánchez ha cancelado una venta de armas por 9,2 millones de euros a Arabia Saudí, con la excusa de que esas armas van a caer sobre los niños hambrientos del Yemen (tres años de guerra, diez o veinte mil muertos según qué barra de bar, tres millones de desplazados).

Como Arabia Saudí es una monarquía absolutista, está muy hermanada con la nuestra. De todos es sabido que, por el bien de la concordia mundial, de los derechos humanos, de la ecología y de algún que otro apestoso magma negro, España y Arabia Saudí tienen que entenderse. Y esto de quitarle 9,2 millones de euros de bombas, al parecer, les ha sentado muy mal, pues las habrían destinado, íntegramente, a fines humanitarios. Para un país con un PIB que apenas alcanza los dos billones de euros, esos 9,2 millones suponen un Potosí. No me extraña que se haya montado un conflicto diplomático de tan bella magnitud.

El Mundo ya da por hecho que nuestra muy patriótica monarquía parlamentaria se doblegará a los caprichos de la monarquía absolutista saudí: «Arabia Saudí, los astilleros y Díaz fuerzan a Sánchez a otro bandazo».

El País, en estos tiempos, es un gato muy cauto, pero maulla lo mismo en una gatera de portada: «El Gobierno reabre la puerta a vender bombas a Arabia Saudí». Como si estuviéramos todo el día vendiendo o desvendiendo bombas a los saudís. ¿Reabrimos la puerta a vender bombas o cerramos la puerta a vender bombas a Arabia Saudí, nos pregunta este sesudo titular? ¿Quién del Gobierno? ¿Quién la reabre? ¿Qué puerta? El nuevo arte de titular consiste en confundir pocas palabras en muchas menos ideas. El subtítulo nos llena de contenido humano: «Anular ese contrato haría peligrar la venta de cinco corbetas por 1.813 millones». Se habla de corbetas de guerra y de dinero, no de víctimas de guerra ni de trabajadores que podrían perder su empleo. A la gente de a pie nos encanta la macroeconomía. Tanto como los ya citados, y en este caso anecdóticos, derechos humanos.

ABC, como corresponde a un periódico surgido del terrón y del pueblo, saca su portada llena de trabajadores y pancartas, y luego dedica al obrero español y a los derechos humanos saudís todos estos extraños ditirambos: «La torpeza diplomática del gobierno compromete la inversión naval de Arabia Saudí».

La Razón tampoco defrauda: «Sánchez vuelve a rectificar: sí venderá bombas a Arabia Saudí».

Toda la España mediática quiere venderle las bombas a Arabia Saudí. Que Sánchez se adapte a los ergonómicos saudíes. Que los derechos humanos, y los gobiernos feministas, sean estirables como chicles. Que Corinna no tenga que declarar. Ni Juan Carlos tampoco. ¿Que qué tiene que ver eso? Pues sí, queridinha: Arabia Saudí.

Y a ver qué pasa con ese pastizal de 9,2 millones. No me extrañaría que se desatara una guerra mundial y comercial por cantidad tan astrofísica. Que es casi la cuarta parte de lo que cobra Messi en el Barça.