Opinion · El repartidor de periódicos

‘El País’ compara a Rivera con Trump

El pobre Albert Rivera, desde que ya no es la más bella en el espejito de las brujas del Ibex ni en el de las de Macbeth, camina alicorto y cariacontecido por los predios de la derecha y las televisiones. Y es que al final se notan los estudios: la rectora de la Autónoma de Barcelona acaba de aclarar que ni siquiera es doctorando en Harvard-Aravaca.

Hasta El País, otrora entusiasta juglar de las magnificencias regenerativas del milagro naranja, se ha cansado de él. Hoy mismo le dedica un editorial/bronca en el que le aplica el más corrosivo calificativo político de los últimos tiempos: populista. Tuve que echar mano de las sales al leerlo.

“Lanzar en el Parlamento la acusación de plagio o a la existencia de un coautor oculto de una tesis alegando ‘dudas razonables’, como hizo el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, sin aportar la menor prueba y con el altavoz cómplice de algún medio de comunicación, es un asunto político. Una cosa es el escrutinio deseable de los políticos electos y otra dar al Parlamento un uso espurio, confiando en que la repercusión mediática que proporciona esa tribuna institucional actúe como un foro de propaganda que amplifique los mensajes sin contrastar”, escribe el editorialista del diario que dirige Soledad Gallego-Díaz.

Continúa la certera diatriba periodística acusando al líder naranja de “envenenar el debate”, de “deteriorar el sistema democrático”, de “ser la versión ibérica de Trump” y de “reducir la política a la cultura del espectáculo”.

El “altavoz cómplice” de Rivera al que no cita el diario de Prisa es, claro, ABC, que esta semana se ha marcado un disparatado scoop con los falsos plagios de Pedro Sánchez que hasta hubiera sonrojado a Paco Marhuenda (bueno, exagero). Hoy la portada del torcuatiano y católico diario madrileño responde a las amenazas del presidente, que advierte que los llevará a los tribunales: ‘Nos ratificamos’, grita el titular sobre fondo rojo con el mismo ardor guerrero con que suena ‘el Alcázar no se rinde’.

Bueno, no tanto. Por si acaso, sí publican íntegro el burofax enviado ayer por Sánchez respondiendo a las acusaciones. “Tal actuación –un presidente mandando un burofax a un medio– es insólita en la democracia y pone de manifiesto una actitud intolerante con la libertad de expresión”.

Este hermanamiento fugaz no quiere decir que Rivera haya recuperado lustre en ABC. Allí también le dan lo suyo. Salvador Sostres escribe sobre la “fatuidad inconcebible” del líder de Ciudadanos, “de tan narciso extraviado dentro de su propio espejo”.

En La Razón, lo mismo hace el columnista Jesús Rivasés, para quien Rivera, “preterido ahora por las encuestas, vio la oportunidad y cargó más allá del reglamento […]. Rivera, por sus propios agobios, activó el ‘efecto mariposa’ y sus consecuencias imprevisibles, incluso para él”.

O sea, que hasta la derecha mediática intuye ya los peligros y procelas que puede traer un Rivera aun más crecido, haciendo constante campaña electoral solo con media idea y una antorcha para afrontar todos los problemas de España. Mientras, Pablo Casado vive feliz en su bucle demoscópico repitiendo como un loro ‘Viva el Rey’. Nivelazo.