Opinion · El repartidor de periódicos

Las censuradas aventuras de Sergio Javier Ríos

Nuestros cuatro grandes periódicos a veces olvidan contarnos pequeñas historias cotidianas, abrumados por el magma incesante del volcán político. Sin embargo, los lectores necesitamos esos pequeños cuentos casi oníricos que nos reconcilian con la realidad, con nuestra bandera, con la cristiana piedad y con España la sacrosanta.

Es el caso de la graciosa peripecia de Sergio Javier Ríos, un simpático policía que antes ejerció como chófer y guardaespaldas de Francisco Granados y, más tarde, de Luis Bárcenas. Impecable currículum, coincidirá el lector. Cuando su jefe acabó en la cárcel, en 2014, un campechano señor de barbas y voz cazallera ofreció a Sergio Javier 2.000 euros mensuales por un encarguito de juego de roll: tenía que investigar dónde escondía Bárcenas documentos inculpatorios que podrían mancillar las ejemplares carreras de María Dolores Cospedal, Soraya Sáez de Santamaría y Javier Arenas. El dinero de los pagos, qué emocionante, procedía de los fondos reservados del Ministerio del Interior que dirigía el beato Jorge Fernández Díaz, y los entregaba, cómo no, el comisario Villarejo. No se entiende por qué el ministro aquel del PP necesitaba contratar para nada un chófer, pues ya nos informó de que tenía un ángel de la guarda llamado Marcelo que le aparcaba el coche y le hacía otros milagros quizá menos confesables.

El caso es que el bueno de Sergio Javier se embolsó 48.000 euros en B de las arcas públicas durante dos años para proteger al partido en el Gobierno de su propia corrupción. Un héroe español, en resumen. Y, al terminar el encargo, lo metieron en la policía nacional, se conoce que por sus habilidades investigadoras. Se había salvado España.

Esta pastoril historia que nos contó esta semana el OK Diario de Eduardo Inda ha sido sistemáticamente obviada por nuestros grandes periódicos. Nuestra prensa tradicional crispa, no quiere héroes, solo villanos y coletas, y así va esta España refunfuñando por su propia historia como un tertuliano gruñón.

Entiende uno que las noticias que nos cuenta Eduardo Inda hay que mantenerlas en cuarentena, porque ya esta demostrado que, algunas veces, pueden llegar a ser verdad. Y esta aparece refrendada por el hecho de que el juez de la Audiencia Nacional Diego de Egea ya investigue, en una pieza separada del caso Tándem, las peripecias de nuestro querido Sergio Javier.

También es comprensible que los periódicos decentes silencien el uso de fondos reservados –destinados a terrorismo y crimen organizado– para proteger a nuestros egregios responsables públicos y salvar la imagen del Gobierno del PP, pues a nadie se le escapa que salvar al PP es salvar a España.

Jorge Fernández Díaz, el más que probable auriga de estos acontecimientos, fue premiado por Pablo Casado con el puesto de secretario de Interior y Libertades en la nueva ejecutiva del PP. Él fue quien montó, en tiempos de nuestro añorado Mariano, una policía patriótica centrada en investigar a rivales políticos para mancillar su imagen ante la turbamulta votante. De esta policía patriótica salieron las financiaciones venezolanas de corta y pega de Podemos (por cierto, aireadas por Inda), y se le oyó en directo, en grabación subrepticia,  conspirar junto al director de la Oficina Antifraude de Cataluña para acusar a cargos de CDC y ERC de corrupción: “Esto la fiscalía te lo afina. Hacemos una gestión”, fue su frase más popularmente aclamada de aquella conversación con Daniel de Alfonso. Y no solo por la perfecta dicción y el tono sosegado con que la pronunció el piadoso ex ministro. Sino por cómo transmitía al pueblo español la seguridad de que habita un Estado con rigurosa separación de poderes.

El caso es que nuestros periódicos de papel renuncian a transmitirnos estas deliciosas aventuras, quizá en previsión de que los españoles no estemos preparados para tan excelsas narrativas. Me voy zapeando a ver el informativo de Antena 3 por si acaso, ya que sus socios de La Sexta sí han difundido la historia. Y nada. Ni una palabra. Se prefiere como objeto informativo el reportaje de un taxista de Cangas de Onís que canta a sus clientes coplas macho de Manolo Escobar con voz potente y afinada. Gozamos de una libertad de prensa, cuando menos, muy folclórica.