Opinión · El repartidor de periódicos

Reflexión

Y aquí estamos. Los andaluces y las andaluzas, y todos los españoles, reflexionando. Es duro. Quizá no tanto como varear aceitunas en Jaen o colectar tomates en El Ejido, pero es duro. Los matices intelectuales a los que nos han sometido los candidatos con sus profundos y elegantes discursos de campaña nos ponen en un brete. ¿Cómo elegir entre tanta virtud y sabiduría? ¿No se podría votar a todos? Con tanta convocatoria electoral, uno reflexiona tanto que acaba pareciendo un Séneca. Como diría Santiago Abascal, con Franco reflexionábamos mejor.

Abro los periódicos del día para reflexionar más atentamente. En El Mundo, página editorial, un delicado suelto nos da claves, nos guía cual sanbernardo en la nieve, pero sin coñá: “A la hora de ir a votar el domingo, los andaluces no deberían olvidar el cinismo que ofreció Griñán el jueves en el Senado”. Córcholis. No había reparado yo en que Griñán se presenta también a la kermese democrática del sur. Cómo se agradecen los consejos editoriales de los viejos periódicos, tan profesorales, tan curiles, tan sermoneadores, tan inductivos. En los nuevos periódicos ya no hay editoriales. Todo viene firmado. Qué sosez. Con lo entretenido que resulta irrumpir en la jornada de reflexión con una retahíla de consejas anónimas. “Los andaluces no deberían olvidar… a la hora de votar…”. Ya no solo nos cuentan lo que debemos o no pensar, sino también lo que tenemos derecho o no a olvidar. Es un servicio muy completo.

La Razón, sin embargo, opta por un silencio imparcial. También se agradece. Y hasta sorprende, en estos parajes de ruido y furia en los que se ha asentado últimamente nuestra derecha mediática.

Hay que pasarse corriendo al ABC para leer con fervor y fruición a Salvador Sostres, periodista que se hizo muy famoso por haber desvelado, en un programa de televisión, a qué huelen los coños de las niñas impúberes. Así nos invita a reflexionar el pensador catalán: “Yo nunca he pensado que los andaluces seáis unos ineptos o unos vagos. Pero esto es lo que lleváis más de 30 años votando”.

Insiste unas líneas más adelante: “Podéis continuar votando a los socialistas, si queréis, pero luego no podréis quejaros de los chistes sobre andaluces”. Fíjate tú que yo no había reparado en este sesudo matiz de la reflexión electoral. Existen los chistes sobre andaluces porque votan mayoritariamente al PSOE. Con cada voto a Vox, al PP o a Ciudadanos muere un chiste sobre andaluces. Ya os advertí de las aristas insospechables que esconde cada actitud ante las urnas.

En El País, últimamente entregado sin paliativos al sanchismo, el columnista Daniel Gascón disimula un poco hablándonos de Wilde y de Dickens, como si los niños andaluces supiéramos quiénes son, para solo después abrir el butrón correspondiente a nuestra jornada reflexiva: “En esta campaña, Pablo Casado ha activado  un discurso xenófobo que busca trasladar una sensación de alarma hacia la inmigración”. Olvida añadir que el gobierno socialista de España está dispuesto a desembarcar a los doce exiliados náufragos del Loreto en las asesinas costas libias. ¿No traslada eso también “una sensación de alarma hacia la inmigración”? Si hasta nuestro Gobierno tiene miedo de traerse a doce náufragos, ¿cómo no les va a temer Pablo Casado? Ya os dije arriba que reflexionar no es fácil.

Y así nos vamos a las urnas, con las ideas aclaradas y centrifugadas. Con los periódicos bajo el brazo a decidir si queremos o no un futuro de Andalucía con o sin chistes sobre los andaluces. El debate, la duda están servidos.