Opinion · El repartidor de periódicos

‘Vive la violence’

Detesto la violencia. La detesto tanto que ni siquiera la ejerzo sobre mí mismo, con lo mucho que yo me odio. No digo que en mi mundo ideal tuviera que ser todo amor, porque a mi edad sería un poco fatigoso andar todo el día follando. Pero a veces nos obligan a usar más la violencia que el amor. Ya lo decía mi añorado Javier Krahe en poema mal entendido: No todo va a ser follar.

Lo explica fabulosa y sabiamente la columnista Ana Fuentes, de El País, en su artículo de hoy mismo sobre los disturbios franceses, que obligan, desde esta mañana, a desplegar a 90.000 agentes de policía contra la población. Hay más de 400 heridos y al menos cuatro muertos, según datos de hace días que tampoco parecen muy actualizados por nuestros democráticos medios de comunicación: “El drama que hoy vive Francia empezó hace tres semanas como una protesta de la clase media empobrecida, de pueblos y ciudades pequeñas, por el anuncio de que iban a subir los combustibles. Se les fueron sumando centenares de personas con aspiraciones rotas y un poder adquisitivo menguante. El chaleco amarillo es lo único que les une: son un totum revolutum de estudiantes, camioneros, agricultores, autónomos, de derechas, de izquierdas, desafectados, pacíficos, violentos… Y la rabia de estos últimos, nunca vista desde el 68, ha puesto al Gobierno contra la pared”.

Tanto que Macron ha decidido dar la victoria a los violentos.

Ya no subirán los carburantes en Francia.

Solo olvida contar la columnista que no solo es la subida de los carburantes lo que ha levantado esta violencia. Es, antes que eso, la eliminación de impuestos patrimoniales a los ricos.

Imaginaos lo que haría Francia si hubieran aplicado allí un 135 y los bancos hubieran sido rescatados con 60.000 millones (sin contar exenciones de todo tipo) irrecuperables.

CODA I: La violencia funciona y es un arma democrática en la cuna de la democracia, aceptada por el presidente neoliberal francés al plegarse a los deseos de los violentos.

CODA II: Detesto la violencia.

CODA III: Su violencia nos obliga a una violencia incontestable.

CODA IV: Cuando los estados nos imponen a los pobres más deberes que derechos, el alma turbia de la violencia se nos mete en el pecho hasta a los más pacifistas.

CODA V: La democracia es mentira si los pueblos se vuelven violentos para enmendar las barbaridades de sus líderes electos. ¿Es que no votó la calle francesa? Parece ser que no. Me da la impresión de que algo falla.

En descargo de occidente, habrá que decir que sí hay dirigentes que no engañan a sus votantes. Tal que Donald Trump, cuyas todas barbariologías ya son patrimonio de la humanidad, y cuesta comprender que, antes de ser elegido, la Academia Sueca no le haya concedido el premio Nobel de la Guerra, como a Obama, mantenedor de Guantánamo, le concedieron el de la Paz antes de esbozar su bella sonrisa.

Por los disturbios en Francia ya hay un detenido. Se llama Eric Drouet y su delito fue concederle una entrevista a la televisión francesa explicando las razones de la revuelta. Es un anónimo. Como no hay líderes entre los chalecos amarillos, este que dio una entrevista fue considerado líder. No hay organizaciones ni interlocutores en esta revuelta. Pero Eric se va a comer unos años de cárcel, seguro. Le acusarán de pintarrajear el Arco del Triunfo, cuya recuperación se estima en un millón de euros. Va a tener que pagarlos todos, el pobrecico.

Igualito que aquí, donde el líder electo sin violencia ni pintadas en la Sagrada Familia, Oriol Junqueras, y no sé cuántos hombres y mujeres solo armados de ideas, fantasías y palabras llevan más de un año en la cárcel, sin haber pegado ni a un policía. Es para hacérnoslo voxolizar, que dirían los politólogos.

Es posible que esta revuelta adelante unas elecciones en Francia que gane Marine Le Pen. Eric seguirá en la cárcel entonces, por revoltoso. Pero todos nosotros continuaremos viviendo en este edén democrático de Europa. Somos tan liberté, tan égalité y tan fraternité que dentro de poco, sí, habremos de usar la violencia.

Es la historia de la humanidad. Nadie, nunca, ha sido despojado de sus privilegios, abusos y violaciones sin violencia. Ha pasado en Francia, donde Macron se acaba de bajar los pantalones. Y también ha pasado en Sudáfrica y en Fuenteovejuna, que se sepa. Pero tranquilos. Vive la violence, gritamos los que odiamos la violencia mirando a Francia. Pero tened cuidado con las guillotinas, oh lectores, que a mí se me acaba de cortar una uña en el ensayo. O no.