Opinion · El repartidor de periódicos

Aburrámonos presocráticamente

Andan los periódicos abriendo sus portadas con un particular que quiere que llevemos pistolas. Con otro que quiere detener a uno que pone lacitos amarillos en las ventanas. Con un tercero que quiere quitarlos. Con otro chico muy inteligente y muy progresista que se ha ido de un partido fumando y así, y al que todos quieren mucho aunque se haya ido, y por eso sale mucho en las portadas. Y creo que ha habido un escándalo también porque un neonazi se ha metido con los judíos, y lo han echado de su puesto de neonazi. El rigor informativo se ha transformado en rigor mortis.

Lacitos minoritarios, pistoleros minoritarios, neonazis minoritarios y chicos progresistas minoritarios se han covertido en el eje, o quizá esqueje, del pensamiento de este país. De todos los países democráticos (de los otros sé muy menos, y no es  una errata: os pasa a vosotros también).

Escribo este artículo sobre periódicos sin haber leído los periódicos. Ni pienso hacerlo. A ver si así me echa mi jefa, que me lo estoy ganando.

El caso es que yo creo que los periódicos no hablan (no hablamos) de la tierra, del agua, del aire y del fuego, los cuatro elementos de los presocráticos, que a mí me parecen mucho más necesarios y actuales, para sacar en los periódicos, que los lacitos amarillos, las banderitas chinas rojigualdas y las pistolitas machicomplejines.

Es tan difícil que a un periodista le aburra la información que hay que confesarlo. Me aburro a mí mismo escribiendo estas cosas, y vosotros os aburrís leyéndome. E incluso yo me aburro cuando duermo y me leéis.

Hay más periodistas contando lacitos amarillos que reporteros en Yemen. Muchos más. Con lo que cuestan los cientos de periodistas desplazados a Catalunya,  contando lacitos amarillos, a lo mejor se podía mandar a un reportero para lo que sea y adonde sea. Porque si mandas a un reportero a cualquier sitio, a veces se salvan vidas. Otras veces no. Pero contar lacitos amarillos es muy triste. Como escritor y como lector. Y nunca olvidéis los lectores que también salváis vidas cuando apoyáis a los medios que van a los sitios y denuncian cosas.

Vale.

Ya sé que esto es muy naif y un poco osea.

No hay peor desinformado que el que se deja informar mucho.

Hablemos de la tierra, del fuego, del aire y del agua. Que están en peligro y son mejores que nosotros.

Y perdonad el sermón.

PS: Por cierto, ¿qué dicen hoy los periódicos de la tierra (especulación con el suelo público), del fuego (especulación con la energía solar), del agua (casi todos los servicios municipales privados) y del aire (¿son públicos los controles de contaminación en las ciudades, o privados?). A ver si evolucionamos un poco y nos volvemos algo presocráticos, coño. Que el derecho al aire, al agua, a la tierra y al sol no son negociables. Son de la gente, de los animales, de las plantas y de las piedras. Y de eso es de lo que se debería estar hablando en esta campaña. Pero nos dejamos distraer con los lacitos. Y con las pistolitas machicomplejines. No pienso abrir hoy ningún periódico que no sea presocrático. Cuánto necesito el aire. Y un kiosko muy antiguo.