Opinión · El repartidor de periódicos

¿Y un debate en la cárcel de Soto del Real?

Yo no sé si será mucho inmiscuirme en los asuntos de los señores, pero este humilde trovador echa mucho de menos en estas elecciones un debate sobre el conflicto territorial en el que nuestros candidatos jacobinos madrileños debatan con los candidatos catalanes independentistas. La cárcel de Soto del Real sería un plató perfecto para celebrarlo, pues en caso de asesinatos nos ahorraríamos el furgón policial. No lo digo por capricho. Pero resulta que todos los temas fundamentales (empleo, vivienda, medio ambiente, energía, igualdad, educación, sanidad…) se han quedado aparcados desde el 1-O, y el tique de la ORA nos va a salir carísimo.

Como esta sección va sobre los periódicos, tengo que decir que ningún periódico ha sugerido ese debate entre carpetovetones y catalanes. Pero tampoco se le ha ocurrido a ningún líder político plantearlo. Normal. El pueblo español solo se merece brocha gorda y pandereta, no Picasso y Falla. Eso piensan de nosotros. De ahí la nula calidad de esta campaña, centrada en el exabruto, el etarreo, la desinformación, el manadismo sí-sí-sí de la Sissí Cayetana y la laceración amarilla. Mientras, Santiago Abascal y Rocío Monasterio se frotan los ijares demoscópicos con jamelga lubricidad.

Lo cual que nos vamos a encontrar esta semana con dos debates idénticos entre los mismos señores que van a decir las mismas cosas sobre Catalunya pero sin un solo independentista en la mesa. A eso se le llama abordar los problemas de frente.

Los tontos de baba de siempre, hoy catalogados finamente como trolls, argüirán que tampoco se debatió en su momento con ETA. No sé por qué coño pierdo mi precioso tiempo de cincuentón becarizado en argumentarlo. Porque una cosa es debatir con un grupo terrorista y otra con los representantes de medio pueblo, el catalán, dos millones de personas que quieren la independencia, el 10% de nuestro PIB que quiere divorciarse (Catalunya representa el 19% del PIB español).

Así que el tema del debate, ya que no queremos hablar de lo catalán, es debatir sobre el debate sin debatir mucho lo que se debata en el debate. Abre hoy El Mundo su portada con tan epistemológico asunto: Sánchez arriesga su campaña al verse obligado a ir a dos debates, titula el diario de la bola a cuatro columnas. ¿Qué arriesga? ¿Por qué arriesga? ¿Con quién arriesga? No nos responde a estas preguntas el texto de su reportera Marisol Hernández, quien sin embargo nos adelanta que Pedro Sánchez afrontará  ambas batallas “con perfil zen”. Valiosísima información, pero que no nos descabalga de las intrigas que nos apunta el titular.

El País tampoco encuentra mejores argumentos para llenarnos de ganas de leer su portada: Sánchez rectifica y acepta dos debates en días consecutivos. Tres páginas y media dedica el diario de Prisa a ahondar en las intrigas, miserias, componendas, puñaladas, fontanerías y manipulaciones que nos han abocado a estos dos debates consecutivos con la misma gente, a la misma hora y en la misma caja tonta. Sería una buena noticia para la hostelería si la gente tuviera dinero para salir a cenar.

Aunque el ABC amanece infestado de curas y crucifijos, también le dedica su portada bis al gran hermano dialéctico en que se encerrarán Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera estos lunes y martes. Lo hacen con la caridad cristiana propia de Semana Santa, y en vez de escribir que Sánchez se traga su propio veneno, lo dejan en que se ha visto “obligado a ceder”.

En La Razón usan también el verbo “ceder”, así que hoy el premio al titular más imaginativo se lo lleva El Mundo.

No sería justo terminar sin admitir que los periódicos modernuquis de la red también hemos caído en la trampa, y todos abrimos con el debate sobre el debate a la hora madruguenta en que esto escribo. En el fondo, somos como dice Cayetana Álvarez de Toledo. Decimos sí, sí, sí todo el rato. Nos creemos que estamos participando en una discusión sobre la libertad de expresión. Y no nos sobra ni una línea para continuar hablando de Julian Assange. O de Boro. O de José Couso. O de Gregorio Morán. O de tantos.