El repartidor de periódicos

Los periódicos y la nieve

Ya al final de sus edades, presumía Francisco Umbral de haber vivido siempre de la prensa sin haber dado nunca una noticia. Era su forma boutadiana de reivindicar el papel de los escritores en los periódicos. En las redacciones siempre ha habido cierta desconfianza hacia los escritores, sobre todo entre los periodistas que escriben mal. Reniegan de la literatura en los periódicos sin reparar en que el periodismo es, siempre, en cualquiera de sus formas, literatura. Buena o mala, pero literatura.

Me arranco por estas peteneras por culpa de un artículo que acabo de leer en El País y que firma Julio Llamazares, quien yo creo que, como Umbral, tampoco ha dado nunca una noticia. Y eso que empezó a asomarse a los periódicos allá por 1985, tras publicar La lluvia amarilla. Habla el artículo de la nieve, no de una nieve abstracta o posromántica, sino de la nieve concreta y algo agresiva que está blanqueando estos días los pueblos de España.

Se queja Llamazares de que los periódicos no hablamos suficientemente de la nieve. De la que ha dejado pueblos durante "cuatro días sin comunicaciones, sin tendido eléctrico, aislados y olvidados por el Estado", cita el escritor leonés un texto de la periodista Cristina Fanjul en El Diario de León.

Llamazares, que es de pueblo, muy de pueblo, asegura que "no nieva igual en todo el país", y compara los despliegues mediáticos de una nevada en Madrid, con sus atascos enfocados como tragedias humanas y sus disputas políticas sobre prevención, y una nevada en Palacios de Sil, donde "falleció una mujer sin poder evacuarla hasta pasadas varias horas por falta de medios".

"Cuando nieva en Madrid nieva en toda España, aunque solo caigan tres copos, y no es igual que nieve en las estaciones de esquí que en la España profunda; es distinta nieve", prosigue Llamazares su elegiaca protesta.

Lleva razón. Nieva distinto según en qué partes de España. Todo es distinto en según qué partes de España, y los periódicos solo queremos darnos cuenta cuando el director decide que necesitamos alguna pieza pintoresca para relajar. Otra nieve menos pintoresca, cuando te deja cuatro días sin luz ni calefacción ni agua ni medios para huir, ya no es tan de relajar.

La nieve cae distinto según en qué partes de España como también caen distinto el paro, el procés, la enfermedad, las ciencias y las letras. Y viene a decir Llamazares, con toda razón, que de eso hablamos, escribimos, meditamos poco. Que sobran políticos y faltan ciudadanos en el dramatis personae de los periódicos. Que sobra declaración y falta argumento en su novela cotidiana. Que sobra moqueta y falta nieve.

Si en lugar de escribir sobre la nieve por culpa de Llamazares, hoy escribiera de lo que dicen los periódicos sobre los pactos de gobierno y el procés, me saldría el mismo artículo de la semana pasada.

El Mundo sigue con el viejo mantra que alimenta a la derecha desde los tiempos de Ibarretxe, antes de Pujol, del Estado de las Autonomías. Es la conspiración judeomasónica, que vuelve: ¡España se rompe, se subasta, se veja! Sánchez se rinde a ERC y humilla a los españoles, titula su editorial de hoy el periódico de la bola. Qué pereza. Fuera periódicos.

Cuando se paraliza un país se paralizan también los periódicos y la poesía, y la gente parece una legión desordenada de fantasmas en busca de argumento. A ver si nuestros doctos procuradores en Cortes espabilan y nos dejan volver a escribir sobre la nieve. Sobre la nieve de Llamazares. La que no cae igual sobre todos los españoles.