Opinion · El repartidor de periódicos

Fuga de Lledoners

Trota tan flaco el rocín de la prensa española que, esta semana, el gran scoop, la gran noticia, nuestro watergate hebdomadario ha sido una entrevista. Una simple entrevista. Lo peculiar, lo excéntrico y asombroso, es que esta entrevista de La Razón haya recogido, desde la cárcel, las más que conocidas opiniones de Oriol Junqueras sobre el eterno sindiós catalán. En España hay líderes en la sombra, como es Iván Redondo en el PSOE, y líderes a la sombra. No hace falta que os diga.

La entrevista colapsó las tertulias. La lucha por ver quién soltaba una alabanza más hiperbólica al periódico y al periodista desgañitaba a sesudos analistas y relimpios politólogos. Parecía que Toni Bolaño se hubiera jugado el pellejo colándose en Lledoners para entrevistar a Charles Manson en plan El silencio de los corderos. O que, siguiendo perfumado hilo, había penetrado en la cueva del Minotauro él solito para cegarlo. Me sube la ridiculina.

Sin embargo, es de suponer que si La Razón, azote y flagelo de separatistas, consiguió entrevistar a Junqueras, es porque Junqueras estaba dispuesto a ser entrevistado, y concedió la charla al primero que se la pidió. Por muy de misa diaria que sea, no creo que Junqueras sea muy afecto al estilo periodístico de Paco Marhuenda. Supongo que se sentiría más cómodo platicando en otros foros. Pero fue La Razón la que levantó el teléfono. Así de simple.

Conociéndonos, yo creo que el resto de periódicos no levantó ese teléfono porque Oriol Junqueras es considerado personaje inentrevistable. Todos recordaréis los revuelos y anatemas que sufrió Jordi Évole por entrevistar a Arnaldo Otegi. Se decía entonces que blanqueaba a un asesino y otras barbaridades de pastoso color verde. Según argumento tan marhuendero, ahora es La Razón la que blanquea a un golpista, a un secesionista con indetectables grupúsculos violentos a sus órdenes, a un enemigo del casto bienestar charnego.

Después, por supuesto, el editorial puede ser clareador del nada venial pecado. Titula La Razón: ‘Sánchez se rinde a Junqueras’. Yo no sé por qué los periódicos de nuestra derecha más rancia padecen esta enfermiza inclinación a escribir siempre el mismo titular. Podrían decir el lunes que Sánchez se degrada; el martes que Sánchez se vende; el miércoles que se arrodilla; el jueves una cosa muy guarra y en este plan.

Pero no. Lo de que «se rinde» suena más marcial, más guerracivilero, que es como quieren nuestros viejos y queridos panfletos que suene Cataluña. El español, como el Alcázar, no se rinde.

Ahora que se acerca el explosivo Barcelona-Madrid del Camp Nou, en el que se espera la comparecencia agitadora del Tsunami Democràtic, convendría recordar a nuestros patriotas de la pluma que el aplazamiento del partido sí fue una rendición. Cuesta creer que una minoría catalana haya obligado a todo el aparato del Estado español a suspender uno de los espectáculos deportivos más importantes del mundo. Fue incluso rendición avant la lettre. Tiernos piolines.

La suspensión de aquel partido no fue solo una cobardía. También una torpeza que ha permitido al Tsunami planificar sus acciones con más probabilidad de éxito. De esta rendición del Estado nada hablan los ancianos papeles. Quizá porque les conviene este perfume a pachulí y estado de excepción para encender a las huestes.

Se ha fugado la voz cristiana de Junqueras de la cárcel de Lledoners para decirle a los piadosos lectores de La Razón lo que ya sabían. Después el editorial tronó lo que sus oídos deseaban oír: rendición, exigencias, despropósito, anticonstitucional, perverso baile, desactivación del Estado, compadreo, frivolidad, supremacistas, insurrección, ataque contra la libertad, amenaza, contorsionista político, hambrunas, sed y rechinar de dientes. Después de escuchar estas melodiosas tonadas, ¿cómo no vamos a confiar en la templanza española para solucionar el conflicto por la vía del diálogo? Si es que cómo sois, o sea.