El repartidor de periódicos

Devórense otra vez

Anda la derecha mediática española un tanto falta de referentes. Se los han comido a todos. A la caída del mito juancarliano, estatua de sal que sustentaba la ficción de nuestra transición modélica, se suma ahora la bolchevización de Ciudadanos, con Inés Arrimadas haciéndole ojitos a acuerdos diversos con el gobierno sociocomunista de la Pasionaria de peluquería Nadia Calviño.

Federico Jiménez Losantos está que grazna, pues no es pajarillo de mucho trinar. ¿Con quién y qué pacta Inés?, titulaba el último de sus Comentarios liberales en El Mundo. Arrimadas se había hecho un hueco tan hondo en el corazoncito de la fachería que ya era simplemente Inés, la Inés de España, nuestra niña dilecta, a la que hay que casar bien.

Y ahora, de repente, aquella muchacha perfumada y abrileña se nos presenta en casa, en plan Adivina quién viene a cenar esta noche, con un negro de la mano, toda ella hormona progresista, hecha una Jane Fonda o una Patty Hearst, que yo creo que es que le han echado alguna sustancia en la cocacola a la niña, de otra forma no se entiende (disculpad el tufillo machista de estas prosas, pero me lo destilan ellos).

"Inés pacta, como las víctimas de Hannibal Lecter, la forma en que la devorarán", advierte el atribulado escribano. Y es que la derecha intelectual y oligárquica no acaba de entender que quien ha devorado a Ciudadanos han sido ellos mismos. Ellos lo crearon, albriciosos de su fórmula druídica para pergeñar un "Podemos de derechas" basado en la oquedad, y ellos lo devoraron, bestializándolo hacia posiciones ultras cada vez más alejadas del envoltorio amable con que colocaron, con gran éxito electoral, el producto original en nuestro escaparate político.

En La RazónABC andan tan patidifusos con el giro de Arrimadas, de Inesita, que aun apenas han prendido páginas para quemarla en la hoguera. Dice el periódico de Planeta, con más finezza de la habitual, que el respaldo de Ciudadanos al Gobierno ha sido "recibido con dudas por sus electores". Siempre me ha fascinado esa capacidad de los editorialistas para meterse en el cacumen de las multitudes. En su pensamiento íntimo. No es que a C's le queden ya muchos electores, pero cuestiono que todos hayan llamado a Marhuenda para expresarle sus dudas.

Mas Inés es contingente, sobre todo estando Vox, pero la monarquía es necesaria. Y ni todas las máscaras que llevamos en estos tiempos víricos son capaces de disimular el mal olor que emana de la Zarzuela. El Mundo nació autoproclamándose republicano, pero lo disimuló muy bien durante treinta años de vasallaje. Hoy observan con terror las encuestas que amenazan una España prontamente republicana. A nada que pongamos unas urnas (no os hagáis ilusiones), aseguran las demoscopias que ni un 40% de los españoles apoyaría este borbonismo felón que nos ha lastrado desde Felipe V.

Ante esta difícil tesitura, la consigna es disparar sobre Juan Carlos I, cual si fuera elefante en Botsuana, para preservar la santa castidad de nuestro Felipe VI y de su amantísima Letizia. Solloza Eduardo Álvarez en El Mundo por el fin del borbonismo, y se arriesga a ser confinado en el castillo de If de por vida levantándole la voz a su monarca: "¿A qué espera ahora, Señor, para remodelar una vez más la Familia Real y excluir de la misma a su padre? ¿A qué espera, Señor, para instar al Gobierno a que modifique el decreto sobre títulos y tratamientos para que Don Juan Carlos deje de ser Rey, que lo sigue siendo, con los honores que ello comporta? ¿A qué espera, Señor, para romper de verdad el cordón umbilical, por muy doloroso que resulte, también para muchos españoles, y explicar en un mensaje a la nación qué comportamientos del anterior Jefe del Estado son incompatibles con que por ejemplo pueda seguir residiendo en Zarzuela y vinculado todavía en muchos aspectos a la Corona? ¿A qué espera, Señor, para ordenar que se realice una auditoría independiente de las cuentas de los miembros de la Familia Real, controlada por los poderes públicos democráticos, que acabe con toda sombra de sospecha y deje claro que ninguno tiene nada que ver con dinero de procedencia nebulosa..?". Qué regusto a Jorge Manrique se me queda.

Los monárquicos se devoran a sí mismos, también. Juan Carlos fue beatificado por todos los medios hasta hace nada, y por eso la caída del juancarlismo está suponiendo el derrumbe de todo el tinglado, de toda la leyenda áurea de nuestra edulcoradísima historia reciente. Se están viendo en la obligación de matar a su dios, y los dioses no tienen recambio, por mucho que se empeñen. Termina Eduardo Álvarez: "La monarquía hoy solo la puede salvar el Rey; son demasiados los enemigos al acecho, frotándose las manos". Esta siendo todo muy multiorgásmico: devórense otra vez.