El repartidor de periódicos

¿Podemos se cargó al rey?

O sea: que nuestro rey emérito ha tenido que huir de España por culpa de Podemos. Creeréis que he enloquecido, como don Quijote, de leer tanto libro de caballería (en mi caso periódicos de papel, que viene a ser, casi, la misma cosa). Pero es la nueva tesis. El mainstream de moda entre nuestra derecha mediática. El más moderno coletasgate.

Hace años, cuando Pablo Iglesias sugirió que Juan Carlos I había abdicado a causa de la irrupción del 15-M y la acción política de su partido, uno pensó que el actual vicepresidente pecaba de andar un pelín subidito. Que se jactaba de un mérito que no era suyo. Pues, en mi inocencia, siempre he querido soñar que la abdicación del Elefante Blanco del 23-F fue la venganza de otro elefante muerto en Botsuana. Un paquidermo destronando a un rey. El ecologismo de esta teoría me parecía de una belleza salvaje y hasta selvática.

Sin embargo, la lectura de nuestros papiros de quiosco me ha ido despoetizando aquel cuento. El Mundo titula hoy, incluso, que "El PSOE cree que Podemos usa al Rey para tapar sus irregularidades contables". Tales desmanes ascienden a los 425.000 euros que el Tribunal de Cuentas considera "no suficientemente justificados" por los podemitas. Tan semimillonaria cantidad escandaliza a este periódico, por otra parte empeñado en demostrarnos que los 65 millones de Corinna son solo un regalillo íntimo y personal a una amante despechada. Olvida señalar el periódico, que dirige con mano alzada Paco Rosell, que los informes del Tribunal de Cuentas suelen ser tomados en la España mediática con un poquito de cachondeo. Cabe recordar que el informe que publicó el citado tribunal en 2018 sobre fiscalización de partidos políticos, contaba entonces José Antonio Hernández en El País, afeó "el hecho de que el PP no haya facilitado al tribunal avales concedidos por entidades bancarias que totalizan casi un millón de euros, y 1,8 millones que no figuran en la memoria". Vale. Me estoy volviendo, tristemente, un converso al "y tú más".

El caso es que Podemos, como no justificó 400.000 euros (que, por cierto, aun podrá justificar), ha iniciado una campaña de derribo a la monarquía como cortina de humo. Qué listos son estos chicos. Lo de la cantidad me pone, ya que se acerca a los 350.000 que recibió en black el misterioso M. Rajoy que aparece en los papeles de Bárcenas.

Colegir que Podemos ha conseguido desestabilizar nuestra monarquía por tan calderilleras cuestiones nos hace pensar en lo débil que es nuestra monarquía parlamentaria. Más monarquía que parlamentaria, pues la corona nunca se somete al control del Parlamento gracias a la entente coronafílica que desde siempre han pactado PP y PSOE.

Si realmente Podemos se hubiera cargado a la Corona, como nuestros medios insinúan, uno se haría inmediatamente afiliado de Podemos. La mala suerte que tiene Pablo Iglesias es que ya nadie lee los viejos grandes periódicos de papel. Y la sociedad no le reconoce al partido morado este impagable mérito.

Podemos no está acabando con la monarquía. Ya les gustaría a ellos poder atribuirse tan grande y honrosísimo mérito. Con la monarquía están acabando los monarcas. Y ese extraño producto de la toxicidad democrática consentida llamado Villarejo.

En ABC, Salvador Sostres va incluso más allá. Parece ser que Sostres, cuando no está libando vaginas prepúberes ("las vaginas que todavía no huelen a ácido úrico, que están limpias"), husmea en las braguetas de los obispos y así alcanza la divinidad. Escribe el inefable columnista en el torcuatiano diario: "Los reyes, como los papas, no tienen que ver con los hombres sino con Dios. Es estúpido juzgar a los monarcas con criterios terrenales. La monarquía es un don, una encarnación divina; ni es democrática ni está sujeta a las leyes que los hombres nos hemos dado, ni queda totalmente a nuestro alcance comprender su última profundidad y significado". Os parecerá de coña, pero esto ha aparecido en un periódico del siglo XXI.

Al final voy a acabar concluyendo con que Podemos, para tapar un informe del inane y siempre desescuchado Tribunal de Cuentas, no solo quiere acabar con la monarquía, sino, en arrebato nietzscheano, también matar a dios. Eso sí es asaltar los cielos.