El repartidor de periódicos

Pitos y flautas especuladoras de curitas

No me lo creo mucho, pero parece ser que por fin un gobierno español se plantea romper los acuerdos firmados entre Estado e Iglesia en 1979 para evitar que los curitas nos mandaran otra vez a los generales a nuestras casas y escuelas, como en el 36. Los sucesivos gobiernos democráticos nos fueron privatizando servicios básicos como la energía, el teléfono, el agua, el cole, la sanidad y hasta el sol, y sin embargo nunca apartaron de la esfera de lo público a ese ejército de voz aflautada que ha luchado desde tiempos inmemoriales contra todo tipo de progreso científico, cultural, social, político, económico, anti-racista, feminista y LGTBI, por poner solamente algunos azarosos ejemplos. O sea que felizmente, quizá dentro de dos o tres siglos, nos privaticen también la Iglesia, que según varios informes muy documentados y laboriosos --la opacidad de los datos convierte la cantidad en un misterio inescrutable como el de la santísima trinidad-- cuesta a las arcas púbicas, entre pitos de curitas y flautas como las exenciones fiscales, alrededor de 11.000 millones al año.

O sea que la industria de Dios se va a lanzar a las procelas de la libre competencia, del neoliberalismo y los lobos y lobbies de Wall Street, y lo mismo, dado su volumen de negocio, cualquier día vemos la cruz entre los logos de las grandes empresas del Ibex-35 bailando claqué especulativo en el parqué de la Bolsa.

Nos dice el editorial de La Razón que esta temprana separación de iglesia y Estado que se rumia en los mentideros gubernamentales es "de dudoso provecho para la ciudadanía", y en eso quizá lleven razón, pues cada vez que en este país privatizamos algo nos acaba costando más dinero a los de siempre. Nos pueden tangar también en el recibo de la luz divina en cuanto nos descuidemos, malicio. Buenos son los curitas haciendo negocios. Que tiemble Florentino. Ya veo el palco del Bernabéu copado de sotanas, mitras e hisopos.

En todo caso, no parece que el periódico de Planeta ande demasiado alarmado con este arrebato quemaconventos de Pedro Sánchez. Los de Paco Marhuenda recuerdan la reciente "decisión de la bancada socialista de unir sus votos con la oposición [PP, Vox, C´s y la facción meapilas del PNV] para mantener la inmatriculación de los bienes eclesiales". Esto es, el patrimonio inmobiliario tanto público como privado que la Iglesia ha robado by the face. Se trata de 35.000 propiedades, según datos oficiales, que van desde aparcamientos y viviendas hasta ermitas de fincas privadas o la mezquita de Córdoba, de la que enseguida eliminaron una gran celosía de incalculable valor artístico e histórico (según la Unesco) quizá porque era muy árabe y a su dios le molestaba. Mejor quitar la celosía y no que otras siete plagas de Jahveh nos caigan encima, oyes.

Se preguntará el atolondrado lector para qué quieren los guardianes del espíritu tanta pasta tan poco espiritual. Pues para lo que todos, bobones: para especular.

Hace un par de meses nos enteramos de que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, había vendido a fondos buitre propiedades inmobiliarias por valor de 12,5 millones de euros. Eso afectó incluso a unas misioneras de Madrid, que recibieron orden de desahucio y hasta les cortaron la luz. Ya digo que los curas, como se descuide Ana Botín, se van a hacer con el Ibex-35 en menos de lo que canta el gallo de la misa del gallo.

No veo que ABCEl Mundo hayan editorializado sobre el asunto. Se toman a coña esto de PS. Consumo interno para robar votos a Podemos, sin más trascendencia. Están acostumbrados al PSOE que se guarda la dentadura de león en un vasito después de rugir ferozmente un rato por la jungla mediática. Pero eso no nos quita ilusión a los espectadores laicos. Somos como esos feligreses que aun se creen que la curia defiende las enseñanzas de Cristo. Solo nos basamos en la fe ciega. Y la fe ciega en el PSOE, ya tal.