El repartidor de periódicos

Las tribulaciones de Alvise y Bustos

Escribo atribulado, alicaído, cariacontecido y quejumbroso. Resulta que me acabo de enterar por la prensa de derechas de que existe una feroz persecución contra el jefe de opinión de El Mundo, Jorge Bustos. Por supuesto, los culpables somos tú y yo, los socialcomunistas de siempre, los terroristas de la hoz y la palabra, hoy echados a ese monte de neomaquis llamado Twitter. Al pobrecito Bustos, además, parece ser que lo atacan con lo que más le duele: el bulo. Él, que jamás ha usado tan fea artimaña en sus artículos y apariciones constantes en las tertulias de radio y televisión. Él, alma tan pura que en lo de Ferreras desnudó la noble filosofía que guía su pensamiento y sus escritos: "Prefiero ser gobernado por un delincuente antes que por un comunista". Y tan ancha quedó Castilla como ya estaba.

El propio Bustos glosa su persecución en un artículo titulado Consejos para tu linchamiento. Es una suerte de carta o conseja dirigida a un pupilo anónimo, al modo de los viejos escribidores de homilías: "Si sigues depositando personalidad propia en tus opiniones será inevitable que topes contra la corriente -de izquierdas, de derechas: las corrientes son varias-; y si esa personalidad te procura algún éxito profesional, será inevitable que te linchen".

Como Bustos no tiene a bien relatarnos el suceso que le inspiró este delicioso y a veces incluso hilarante texto, me puse el chaleco de periodista de guerra, las botas de campaña, la gorrilla con el 'Press' para que no me pegaran un tiro, y salí a investigar en Twitter. Y allí creo que encontré las razones ocultas de la desazón de Bustos. Al lorito:

Ítem más: "Twitter, haz tu magia", como dicen los horteras.

Supongo que sabéis quién es Alvise Pérez, pero por si acaso. Si no fuera porque hay tanta competencia, se le podría dar el título de mejor bulero español. Después de trabajar en las Corts valencianas para Ciudadanos, como asesor de ese otro adalid de la verdad y el estilo que es Toni Cantó, Alvise abrió una web (de cuyo nombre no quiero acordarme), que es la gozadera de nuestros más iletrados lectores de la derecha. Allí disfrutaron del hecho (falso) de que Manuela Carmena recibiera en su domicilio un respirador privado y así evitara bajar al fango de la sanidad pública madrileña. También se inventó, en plena pandemia, el positivo en covid de Salvador Illa. Hasta twitter le acabó cerrando la cuenta por mentiroso. Y podría seguir un par de tomos, pero hoy no tengo cuerpo de Cervantes.

El caso es que las fieras del trumpismo castizo, tal que Alvise y Bustos, empiezan a devorarse entre sí, y es espectáculo que nos puede proporcionar muy bellas tardes de festejo taurino y cornadas. Aquí no hay buenismos que valgan. Esta gente, cuando huele sangre, cata sangre.

El pobre Bustos es que no sabía ni cómo denunciar los tuits de Alvise sin darle publicidad a la información que a él atañe, que, como veis, no carece de cierta chicha morbosera. Es de lo que viven ambos.

"Que el mundo [con minúscula] contiene vileza, cobardía y rencor ya lo destapó la Biblia. Twitter solo alinea las taras morales de individuos heridos por su propia irrelevancia [...]. Que no te atormente el desorden de tu nombre, no te ha de importar la cantidad sino la calidad, y para los tuyos brillarás más que antes", continúa Bustos con sus consejas desopilantes. Con lo bien que escribe este hombre cuando suelta bulos sobre Irene Montero y Pablo Iglesias. Se conoce que es más inspirador ser bulero que bulado. No sé vosotros, pero yo no me pierdo el siguiente capítulo de este Falcon Crest cutre ni aunque Carmena me regale su respirador inventando.