El repartidor de periódicos

Nuestros heroicos jueces

Si te quedara alguna duda de que en España vivimos una asonada judicial contra el gobierno (lawfare, dicen los que saben mucho español), bájate al kiosko y compra los periódicos fachunos y de rancio abolengo. Hoy te recomiendo El Mundo, que viene con la tinta muy enfadada por la excarcelación de Carles Puigdemont en Cerdeña: "El Gobierno no debería descansar hasta sentar en el banquillo al cabecilla impune de una sedición ya sentenciada, pero su pacto con los secesionistas ha desarmado ante los ojos de Europa la heroica respuesta de nuestros jueces".

Esto de pintarnos como héroes a los jueces que encarcelan catalanes por votar, me parece pelín hiperbólico. Pero entra dentro de esa querencia por el lenguaje belicista que practican nuestros viejos papeles. También nuestras leyes. Términos como el de sedición o traición han desaparecido ya de los códigos penales de los países más civilizados, salvo para referirse a levantamientos armados y violentos. Aquí, cuelgas un lacito amarillo de un balcón y te puede caer la misma sentencia que si quemas un convento con las monjas dentro.

Desde aquel 1-O, nuestros heroicos jueces, y en especial el del procés, Pablo Llarena, han encadenado ridículo tras ridículo cuando han intentado extraditar a España a Puigdemont y los demás fugados. Solo son héroes en el sentido de que se enfrentan al conflicto con escasas armas y bagajes, tanto jurídicas como éticas e intelectuales. Ven cervantinos gigantes golpistas donde solo existen molinillos indepes. Y así se va alentando este guerracivilismo español que a quien más beneficia, sotto voce, es a los guerracivilistas confesos de Vox.

Lo del ridículo pertinaz de nuestros jueces en Europa no lo digo yo. ABC lo explica en su editorial de esta mañana al referirse a la aun no clara retirada de la euroorden de detención contra Puigdemont por parte del Tribunal General de la Unión Europea: "Si fuera así, el TGUE estaría haciendo un flaco favor a la euroorden y, en general, a la confianza recíproca entre estados miembros y sus tribunales, que ya han llevado  a España a ser ridiculizada en varias ocasiones".

El primer matiz es semántico: no es lo mismo ser ridiculizado que hacer el ridículo. Desde el 1-O, la prensa internacional demócrata nos observa con cierto sarcasmo y una dosis de preocupación. Desde el 1-O, insisto, los medios foráneos han relacionado mucho la represión de aquella jornada pseudo-electoral, y los ulteriores encarcelamientos de sus promotores, con nuestro pasado franquista. Nos faltó hacerles un consejo de guerra a los junqueras y puigdemontes, en vez de enjuiciarlos por lo civil, para que la marca Arriba España volviera a pesar más en el imaginario de nuestros vecinos que nuestra muy publicitada santa transición. Sobre todo si aliñamos la respuesta policial y judicial al 1-O con las constantes apariciones de nuestro Emérito en el couché como una especie de presunto sátrapa corrupto y trincón que detenta la jefatura de un Estado bananero.

Yo no sé cómo estarán viviendo las peripecias europeas de Puigdemont los políticos que se comieron varios años de maco por poner las urnas. Ellos sí confiaron en la Justicia española, pero no contaron con la heroicidad de nuestros jueces. Craso error.