El repartidor de periódicos

Nos invade el catalán

Portada de 'Abc'.

De vez en cuando, nuestros castos periódicos tradicionales dedican unas cuantas páginas a la defensa del español. No me refiero al español como tú, pringao que me lees, sino a la lengua, al idioma español. Y yo en este asunto estoy más de acuerdo que nadie con la guapa gente de derechas. El español está en peligro. Dentro de poco solo lo hablarán Santiago Abascal y Pablo Casado. El otro día mismo estuve en Guadalajara a comprar drogas, y me volví de vacío porque todos los camellos me hablaban solo en catalán y no había manera de entenderse. Es un invasión, una locura, un acabose. Y, para que veáis que no estoy pirado, aquí os pongo lo que decía anteayer el ABC en su editorial: "Hasta insistir en las evidencias se ha convertido en algo necesario en estos tiempos de persecución al castellano en nuestro propio territorio [...]. Es algo que no ocurre en ningún lugar del mundo con su propio idioma".

Nos informa también el ABC de que "el español es lengua, sí, pero también es historia, cultura". No me había dado cuenta yo, hasta que leí esto, de que el español es una lengua, así que aun no sé si defenderla o besarla (si se deja).

Todo esto es muy difícil de entender para los que no sabemos hablar muy bien el español y no tenemos el teléfono de Toni Cantó, director ágrafo de la Oficina del Español creada en Madrid por Isabel Díaz Ayuso. El temible peligro que supone el catalán para una lengua que comparten seiscientos millones de hablantes puede parecer cosa baladí, disparatada, pero la gente aquí en España se la cree, es un discurso aceptado a pesar de los estudios y estadísticas, y los periódicos lo pueden dar con impudor cada vez que no se les ocurre otra cosa.

Lleva pasando en España toda la historia, y la historia es cosa que dura un buen rato. La España invertebrada del meapilas de Ortega y Gasset venía a sustentar la idea, mal contada, de que los españoles somos tan incultos porque no podemos digerir tantas culturas, tantos idiomas, tantas identidades. Algo que, en teoría, nos debería convertir en más ricos, nos induce a la barbarie. Convertimos nuestras culturas en pistolas y no en diccionarios. Pero no seamos anti patriotas: supongo que forma parte de la naturaleza humana en general, no solo de los carpetovetones.

Gracias a esa incultura multicultural de la que gozamos podemos digerir supersticiones como esto que asegura el ABC de que está en grave peligro el español.

A mí, como filólogo inacabado y abanderado defensor del español, me dan más miedo y asco los anglicismos que el catalán, aunque reconozco que Shakespeare escribió cosas estupendas utilizando únicamente anglicismos. Como Pablo Casado cuando estudiaba en Harvard, Aravaca. Por poner solo un ilustrado ejemplo patrio.

La cosa es que aquí tener muchas culturas no nos vale para ser más sabios, sino para aporrearnos con nuestros respectivos y despectivos diccionarios. Las culturas no se invaden unas a otras. No son ejércitos. Los poemas no saben masacrar ni hacer trincheras. Ya escribió Juan Gelman que ningún verso, nunca, por muy bien armado que estuviera, derrocó a un dictador. Pero este uso beligerante de las culturas, que utilizaba ayer el ABC, sí vale para dinamitar convivencia. Y para joder a las dos culturas.