El repartidor de periódicos

La omertá informa

Portada de 'El País'.

El ensordecedor silencio con que nuestros viejos periódicos conservadores repercuten ciertas noticias ya no es, con perdón por la rima y por la iteración, noticia. Esta semana hemos asistido a dos clamorosas desinformaciones. Una ya clásica: después de ríos de tinta, la orden de la Audiencia Nacional para que el peculiar juez García Castellón archive la enésima causa falaz por financiación ilegal de Podemos se ha recibido sin necesidad de gastar una coma. Podemos solo es noticia cuando es presunto. En los telediarios del galardonado novelista Vicente Vallés (Antena 3) ni siquiera suele salir la formación morada en las predicciones de voto. No vaya a ser que la audiencia de la cadena de Planeta se entere de que existe tal opción.

Tampoco se ha prestado demasiada atención a la exclusiva ofrecida por El País con nuevos y ardientes diálogos entre el ex comisario Villarejo, que publica más discos que Bisbal, y la ex secretaria general del PP y ex ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, una mujer muy digna y preparada.

--Tenía un segundo tema de la hostia, es que tenía un coronel del servicio secreto venezolano donde me iba a dar unas actas donde había reuniones de ETA con el servicio secreto cubano y con los de Podemos. ¡En Venezuela!

--Joder, eso es una bomba, lo quiero --le respondía la ilusionada ministra al siniestro policía cloaquero.

También se aludía al informe PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima), que las cloacas del Estado difundieron chapuceramente, incluso equivocándose en el nombre del ministerio venezolano implicado en el bulo.

--Hicieron la mierda esa del informe PISA, que eso es basura, y con eso lo vacunaron. El Coletas es un hijo de puta.

--Un hijo de puta en toda regla--, confirma con sabia serenidad la espía Cospedalilla.

Escucho en la Ser a los tertulianos habituales de EL País quejándose de este silencio. Y, sin el menor pudor, arremetiendo contra esos otros medios mentirosos que no pasan los bulos por el filtro de la verificación y atacan sin piedad ni rigor ni deontología a la formación morada. Pobrecillos. Son los mismos tertulianos, por otra parte, que bramaron espumarajos verdes cuando Ana Terradillos difundió en Prisa "la mierda del informe PISA", dándole aroma de veracidad cuando cualquier periodista con un dedo de ética y otro de frente se hubiera reído de la burdez del corta y pega. Si John Le Carré hubiera nacido en España, no habría pasado de guionista de Ibáñez.

--Es que con estas cosas el Partido Popular parece una mafia --viene a decir una cándida tertuliana.

Y nadie la corrige replicando:

--No es que lo parezca. Es que lo es, coleguita.

Pero los omertarios son poco amigos de llamar a las cosas por su nombre. Después de una cierta irritación, suelen aclarar que en el Partido Popular existen muchos políticos honrados. Y quizá sea verdad. Le voy a proponer a mi venerada jefa que montemos un equipo de investigación en el periódico a ver si encontramos uno.

El caso es que la gente que se informa a través de nuestros grandes oligopolios mediáticos goza del derecho a no enterarse de nada, salvo del color de la lencería de Irene Montero o de la guerra de camisetas mojadas entre Yolanda Díaz e Ione Belarra (uso imágenes machistas para ponerme en la estatura de los cronistas del régimen).

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, cantaba Serrat. Pero la verdad sí tiene remedio. Solo hay que ver lo bien que está funcionando esta campaña de idiotización colectiva entre la población.

--¿Y lo de Venezuela, qué?

--Que ya lo he dicho en otro párrafo.

--Ah, bueno.