El repartidor de periódicos

'Invidia penis'

Me ha entristecido sobremanera que nuestros periódicos más atapuérquicos no hayan editorializado lo que piensan sobre la recién aprobada ley del sí es sí, o del no es no, según se quiera mirar. En Facebook sí lo ha hecho Carlos Corvalán, concejal voxero de Mazarrón (Murcia), con este simpático mensaje:

Ni las huestes de Santiago Abascal, por supuesto, ni las de su socio Alberto Núñez-Fakejóo, han solicitado amablemente la dimisión del concejalillo. Pelillos del coño a la mar. Tampoco veo en los periódicos, quizás a causa de mi ceguera, alusión alguna al asunto. A Pablo Echenique lo hicieron portada por un chúpame la minga, Dominga, que vengo de Francia cantado en privado. Distintas varas, o mingas, de medir.

Esto de la derecha contra las mujeres lo explicaba muy bien Umberto Eco en su conferencia Il fascismo eterno (1995): "El fascista proyecta su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Este es el origen del machismo. El héroe fascista juega con las armas, que son su Ersatz fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente".

Esta misma semana (y tampoco lo he visto en los medios carpetovetónicos) el abogado ourensano Víctor Valladares ha sido condenado por estafar a su suegra. No es que estafar a las suegras sea grave delito. Yo mismo estoy pimplándome una cerveza de la Chelo, sin pedirle permiso, mientras escribo esto. Pero hacerlo siendo su abogado, y no su invitado, me parece más inelegante. El caso no tendría mayor trascendencia si el togado Víctor Valladares no fuera el mismo que denunció al 8M, la marcha feminista de Madrid, en 2020, cuando aun no se había decretado el estado de alarma. Elevó la denuncia en nombre de la Asociación de Víctimas y Afectados por el Coronavirus, presidida por Jaime Sánchez Bermúdez, candidato cántabro al Congreso por Vox. Más invidia penis. A esta gente habría que recomendarle un trasplante de polla, que lo mismo se nos reeducan y se vuelven social-comunistas como la gente normal. Y dejan de ponerse, ellos, adargas, y cinturones de castidad neuronal a sus rocíos monasterios.

Recuerdo (y busco para no patinar) un titular divertidísimo de la web de RTVE antes de las elecciones generales de 2019: "Los candidatos se lanzan a la caza del voto femenino el 28A". Yo creo que el que ideó el titular estaba inspirado en Artemisa / Diana, la vengativa diosa que convirtió a Acteón en ciervo (cornudo) por haberla espiado desnuda en un arroyo. La CAZA del voto FEMENINO, que mayuscularía Bukowski. A buena entendedora, pocas palabras.

En el CIS poselectoral tras las elecciones de 2019, flipé con ciertos datos. El partido con más voto macho es Vox (60,6/39,4) seguido, oh sorpresa, por Podemos (58,2/41,8). El PP, socio entonces ya predecible de Vox, fue el partido con más votos porcentuales entre las mujeres (42,1/57,9). El partido más femenino en votos fue el de Pablo Casado, o sea. Hagamos que nos lo miren, señores y señoras de la izquierda. Algo falla en nosotros. Y en nosotras. Y no voy a utilizar el nosotres porque me da urticaria lírica. Solo me rima con Sostres. Y en asonante.

Por mucha ley que hagáis, si dos policías que entran en el piso de una chavala de 18 años y la violan, y después solo son condenados a unos cursillos de educación sexual (ver aquí, que acaba de pasar), es que tenemos un problema con los jueces, y no con la ley. A los jueces les permitimos no sufrir la invidia penis, por mucho que lleven faldas. No existe un lawfare, una guerra judicial. Solo existe que a los jueces les dejamos hacer la guerra contra la justicia desde nuestra estúpida paz. Hay que empezar a ir contra esos jueces, largarlos sin contemplaciones, como sea. Pero a eso nadie se atreve, ni la democracia. Por mucho que provoquen ellos, levantándose las togas como putas ante el más rancio y asesino machismo. Hacía falta esta ley, pero hacen más falta jueces que la cumplan. Y, conociendo a nuestros jueces con faldas y a lo loco, no la van a cumplir. Nos vamos a hartar de ver a violadores uniformados haciendo cursillos de educación sexual. Empecemos por la ley mordaza, aun vigente, que da más veracidad a la palabra de un policía con un 3,2 de nota en una prueba de ortografía, que al coño y al alma eternamente heridos de una mujer violada por esos mismos policías. Y después por unos jueces. Y más tarde por unos medios de comunicación que la fotografiarán y la acusarán de llevar faldas muy cortas. La Ersatz ya no es el fálico cañón de una pistola. Es la faldilla larga y negra de cualquier facha togado.