Opinion · ¿Tendrá futuro la UE?

Lo que parece que ha pasado en la Unión Europea

Se atribuye a Kant la frase según la cual la inteligencia de un ser humano está en relación con la cantidad de incertidumbre que puede soportar. Si esto fuera así, no hay duda de que estos tiempos desafían cotidianamente nuestra inteligencia y los días por venir lo harán, aún, con más empeño.

Es difícil sacar conclusiones generales de lo que ha ocurrido en relación con las elecciones europeas considerando que la representación y la agenda política de debate se “tramitan” a nivel estatal-nacional, es decir, que nuestro marco de comprensión de la representación política no traspasa los umbrales de las diferentes fronteras nacionales. O quizá, mejor decir, que las conclusiones tienen que considerar diferentes planos que no, necesariamente, se superponen con amabilidad.

Sirva como ejemplo lo ocurrido en el Reino Unido: el nuevo partido, del viejo antieuropeista, Nigel Farage ha ganado las elecciones al Parlamento Europeo con un tercio de los votos y este hecho debe entenderse en el contexto del agotador e incomprensible recorrido alrededor de la gestión del brexit. Desde la perspectiva británica, el resultado deja muy malheridos a los Conservadores que se quedan en el 8,8% de los sufragios o a los laboristas que apenas llegan al 14,05% de los votos. De hecho el segundo partido en estas elecciones es el Partido Liberal Demócratas (18,55%) y los Verdes superan a los conservadores y se quedan cerca de los laboristas (12,5%). Tanto liberal demócratas como Verdes son partidos claramente europeístas de modo que convendría matizar el mensaje, aparentemente, pro Brexit que podría suponerse de una primera lectura de los resultados. Pero, además, la situación creada genera nuevas dinámicas al interior del sistema de partidos en el Reino Unido y anuncia un proceso de recomposición que comenzó con las últimas elecciones generales celebradas en este país.

Pongo este país como ejemplo de esa articulación compleja entre la representación de la agenda nacional y las consecuencias en Europa. La suma de diferentes dinámicas nacionales es la que produce agregaciones que van a articularse en el escenario europeo. Hay varias conclusiones de estas lógicas cruzadas y de esta combinación de legitimidades: una primera es que sigue sin aparecer un espacio público europeo, de manera que Europa y sus cuitas y demandas sigue siendo un trasunto de la política nacional; siendo esto así, las lecturas “europeas” de los resultados deben, necesariamente, matizarse. Una vez superada la vieja división entre los que estaban por “más Europa” frente a los que proponían enfriar el proceso de integración, se pone de manifiesto ahora que el debate en los próximos años no va a dirimirse entre los partidos de la UE y los contrarios a la misma.

La lógica del Parlamento Europeo y la dinámica institucional de la UE va a producir agregaciones singulares en muchos debates. Es posible que en los “grandes temas”, esto es, en aquellos que han marcado la agenda nacional en algunos países, la confrontación política pueda reconocerse de manera más nítida en las fronteras que hoy dibujan las diferentes familias políticas.  Pero en una gran cantidad de otras cuestiones la transversalidad y agregaciones ad hoc, serán la norma habitual.

La suma de los datos ofrece otras dos conclusiones muy llamativas: este será el Parlamento más fragmentado y dinámico de su historia. Comenzando por lo segundo, queremos decir que la suma de mayorías está más abierta que nunca. Las dos grandes familias políticas que han pilotado la construcción europea hasta ahora, apenas suman 329 eurodiputados, muy lejos de la mayoría absoluta que, hasta ahora ha sido la norma. En el anterior Europarlamento, ambas fuerzas sumaban 412 eurodiputados, una pérdida de 83 parlamentarios. Por otra parte, la distancia entre ambas fuerzas es menor de lo previsto inicialmente (179 EPP, frente a 150 S&D) lo que puede alentar a los socialdemócratas a ser más proactivos en la búsqueda de nuevas alianzas a todos los niveles. Recordemos que el dato más relevante de la anterior legislatura es la ruptura de los protocolos de buen entendimiento entre estas dos familias.

El gran beneficiado de esta configuración es ALDE, el grupo más europeísta de la Cámara que se convierte en el árbitro de cualquier mayoría; en este punto el comportamiento de ALDE, dada su composición, ha sido diferente y ha oscilado, en función de los temas, entre apoyar al PP o apoyar a la izquierda. Paradójicamente, Macron pierde en Francia pero gana en Europa, elemento a tener en consideración en este juego de relaciones entre lo estatal y lo europeo. En buena medida, la mejora de los resultados de los socialdemócratas europeos, se debe a los buenos resultados en España e Italia que combinado con la pérdida electoral de los socialdemócratas alemanes y el mantenimiento de esta familia en los pequeños países, puede revalorizar el papel del sur en un momento importante de debate sobre el futuro de la Unión.

La extrema derecha ha mejorado sensiblemente sus resultados. Si los dos grupos actualmente existentes se unieran llegarían a conseguir 114 eurodiputados y se convertirían en el tercer partido de la cámara. Su importancia radica menos en ese dato que en el peso que pueden llegar a tener en la configuración de la agenda y en la presión sobre temas especialmente sensibles: migración, seguridad etc. Esta no será una cámara euroescéptica pero en la nueva dinámica de fragmentación y movilidad política de la cámara, un grupo de estas características puede tener un peso muy relevante.

Los verdes consiguen un excelente resultado y se convierten, junto a ALDE, en uno de los grandes ganadores de estos resultados. Probablemente la emergencia de temas fundamentalmente verdes, como la crisis energética o medioambiental ha ofrecido nuevas opciones a estas formaciones que mejoran, por otra parte, el balance a favor de las opciones más integracionistas y europeas.

El GUE/NGL, el grupo de la izquierda alternativa europea, es uno de los grandes derrotados de estas elecciones, pasa de 52 a 38 diputados y pierde poder en casi todas las combinaciones posibles. Los resultados muestran que han perdido fuerza (cuando no se ha tratado de fracasos estrepitosos) algunas de las fuerzas emergentes en las pasadas elecciones. Este grupo estaba atravesado, además, por un debate paralizante entre las opciones más euroescépticas y las más integracionistas. Los resultados -en el espacio de agregación europeo- ponen de manifiesto la pérdida de relevancia de las opciones menos europeístas frente a las más inclinadas a perseverar en la opción de reformar la UE.

Hay que añadir, que este proceso de suma y composición de los grupos políticos en la Eurocámara, acaba de iniciarse y que no deben descartarse sorpresas y nuevas reconfiguraciones. En cualquier caso, las conclusiones que he venido compartiendo seguirán siendo válidas: mayor fragmentación, más movilidad política en la Eurocámara, fin de la “gran coalición” y apertura de un nuevo escenario de intervención política y mayor complejidad en la construcción de mayorías y minorías en función de los temas; por último, peso significativo de la agenda de la extrema derecha en los temas particularmente sensible.

No obstante, considerando el peso institucional del Parlamento y la situación general, la realidad es que la UE como proyecto se encuentra en una situación dilemática y necesitada de respuestas. El mantenimiento del status quo es inviable ya no en el medio plazo, sino en el corto plazo, hay que abordar cuestiones trascendentales que precisan de amplios consensos los que no parecen en condiciones de poder materializarse. El peso de la responsabilidad recae sobre el Consejo y, una vez más, sobre los estados. Y esta dinámica estatal-nacional, cada vez más, es un límite para pensar el proyecto europeo en condiciones de ponerlo al servicio de las mayorías.

Es un buen momento para que la izquierda alternativa se piense la cuestión de Europa y del proceso de integración como parte sustantiva de su estrategia. Sobre todo considerando que el debate que va a suscitarse en este espacio será el de la reforma de la UE y su modificación en una dirección o en otra. El repliegue nacional, la idea de una Europa de las naciones o formulaciones semejantes es territorio colonizado por la extrema derecha. Convendrá actuar en consecuencia.