Sobre el tapete

El extravagante tablero político español, con tres esquinas y un centro

Que España es muy especial (incluso surrealista) no lo duda casi nadie, pero lo que les pasa a los partidos políticos con la cuestión territorial es un contrasentido aparentemente  asombroso, una extravagancia; con su punto divertido. Pasen y le damos un repaso al "síndrome de la cuestión territorial". Es genuinamente español. Primero los partidos viejos, después los novísimos.

Partido Popular. Un partido gallego en las antípodas del galleguismo

Para conocer el origen del PP hay que remontarse hasta su verdadero fundador, un gallego de El Ferrol, el General Franco, unificador de las derechas españolas y de la Nación española a toque de corneta, con la colaboración del Ejército y el martillo de la lengua castellana; consecuente, fue, entre otras muchas cosas, un infatigable perseguidor de galleguistas y separatistas y siempre estuvo afanoso en extremo para dejar a la lengua de Rosalía de Castro y de los gallegos en las últimas. No hizo excepciones con su tierra, aplicando las mismas medicinas que en Euskadi, Navarra,  Cataluña y etc. Todo esto se llamaba Movimiento Nacional.

Su heredero natural, el poderoso ministro franquista Manuel Fraga Iribarne, también gallego pero de Villalba, cuando se cumplieron las "previsiones sucesorias" se hizo demócrata, montó la Alianza Popular (con varios ministros franquistas) y más tarde la rebautizó como Partido Popular. Entremedias se entrometió un castellano de Ávila, Adolfo Suárez, quien tras su paso por la Secretaria General del Movimiento Nacional montó la UCD (un partido neofranquista a fin de cuentas) y le birló al gallego la Transición. Fraga tuvo que conformarse con gobernar el Virreinato de Galicia (nada que ver con la Nación gallega o el Estado gallego) y su sueño de instalarse en la Moncloa tuvo que dejarlo para José María Aznar, un madrileño que primero ejerció de Jefe castellano mientras hablaba catalán en la intimidad. Su éxito demostró que la influencia de su partido, su feudo, arrancaba en Finisterre y se desparramaba por los campos de la Castilla norteña y central. Conviene no olvidar que su primer éxito electoral lo tuvieron en los primeros comicios autonómicos de Galicia. En este lugar y momento iniciaron su remontada contra la UCD y hacia el poder central; tardarían 15 años en lograrlo. Atención al despegue catalán de Ciudadanos.

Pasaron los años y Mariano Rajoy, otro gallego, éste de Pontevedra y registrador de la propiedad, se hace con las manijas del negocio conservador, se mantiene cuatro años en la Presidencia y en estos días anda buscando repetir  otros tantos. Al acecho del liderazgo, cómo no, un gallego de Orense, actual virrey de su tierra, Nuñez Feijóo. Menos números parece tener la castellana de Valladolid, Soraya Sáenz de Santamaría...

En definitiva, un partido gallego y gubernamental triunfante, hecho de mutantes, que acumula 56 años en el poder (desde el 39 hasta el 82 en su primera etapa, más los ocho de Aznar y los cuatro de Rajoy después). Desde la "esquina noroccidental" peninsular ha sido y es un auténtico muro contra los nacionalistas gallegos (y de todos los nacionalismos periféricos); que se lo pregunten a Xosé Manuel Beiras, por ejemplo.

Partido Socialista Obrero Español. El partido andaluz que destrozó el andalucismo

El PSOE ha sido andaluz desde su refundación en Suresnes en 1974 (con Felipe González y Alfonso Guerra bien avenidos con sus patrocinadores alemanes, entre otras cosas) y hasta su actual proceso de jibarización a la griega (con Susana Díaz de Sultana esperando ver pasar el cadáver político del madrileño Pedro Sánchez). El andaluz PSOE se encargó de laminar al nacionalismo andaluz (con el verde de los Omeyas en su bandera) representado sobre todo por el Partido Andalucista, en una jugada maestra que arruinó también a Clavero Arévalo, un andalucista de derechas, al mismo tiempo que ponían los primeros clavos al ataúd de la UCD aprovechando su descomunal  error con el referéndum andaluz de autonomía de 1980. Ayudó lo suyo el reconocimiento de nacionalidad para Andalucía (en lugar de Nación) y la estrategia del subsidio contra el nacionalismo. (En Cataluña perpetraron algo parecido, salvando las distancias, y les salió medio bien, hasta hace poco). Y andaluz es porque, consecuentemente, su principal granero de votos y militantes ha sido Andalucía desde donde irradia hacia las Comunidades vecinas de Extremadura y Castilla la Mancha y se expande con sus emigrantes por las grandes áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona y Bilbao. Todo bien regado de un generoso clientelismo subvencionado, que desactiva cualquier descontento social que, de darse, pondría la diana en las clases rectoras y rompería la paz social que a todas las élites conviene. Menguante en otros territorios, su caudal electoral amenaza quedar, cada vez más, constreñido a Andalucía. El Partido del Sur lo llama el periodista Enric Juliana... Va a tener razón. Los liderazgos de Joaquín Almunia (bilbaíno), Josep Borrell (leridano) y Pérez Rubalcaba (cántabro) fueron efímeros y sin victorias para pasar a la historia. Ninguno era andaluz. La excepción fue un leonés, Rodríguez Zapatero, un bambi que hablaba de la España plural y que quizás gobernó porque los del PP no pudieron hacer peor las cosas con la masacre de Atocha en 2004.

En pocas palabras, el PSOE, partido andaluz, de liderazgo andaluz, con militancia y electorado andaluz, alérgico a los nacionalismos periféricos y "exterminador" de andalucistas. Un partido viejo que ocupa la "esquina meridional" de la Península. Nota 1: en 1974 defendían en su programa el derecho a la autodeterminación de los pueblos de España. Nota 2: Se han vuelto federalistas cuando el negocio catalán ha dejado de ser tan próspero como antes.

Unión, Progreso y Democracia. El partido vasco antivasco fracasado

Nacido en 2007 ha sido un nuevo partido que no ha sabido ser un partido nuevo. Fundado e impulsado por una veterana socialista vizcaína nacida en 1952, Rosa Díez, con muchos cargos en su trayectoria hasta ser derrotada por Rodríguez Zapatero en su disputa por la secretaria general del PSOE. Apoyado por personajes como el filósofo donostiarra Fernando Savater, UPD quiso ocupar un espacio en medio del bipartidismo, con una cerrada defensa de la unidad de España, lucha sin tregua contra ETA, recentralización a tope incluyendo el sistema educativo, supresión del concierto económico vasco...

Vascos con escasos apoyos electorales en Euskadi (y en Cataluña), quedaron privados de un feudo territorial propio, sólido y alternativo-complementario al PP-gallego y PSOE-andaluz, lastrando así su crecimiento en el resto de España. El sistema electoral, poco proporcional, acabó condenando a UPD a la marginalidad política. Su incapacidad para comprender el 15-M y entender las claves del éxito de Ciutadans en Cataluña, está acabando de rematar su lenta autoliquidación. Quedaron anclados en la vieja política. De haber confluido con el partido de Albert Rivera (casi 30 años más joven que Díez), habrían participado de un potente partido vasco-catalán antivasco y anticatalanista. Ahí es nada.

Ciudadanos. El partido catalán anticatalanista

Es un partido novísimo, nacido en 2006 en Cataluña y comandado por Albert Rivera, a quien le gustaría ser un Cambó del siglo XXI, y además triunfante. Pero el catalán conquistador de Madrid, el catalán reformador de la España del siglo XXI, no podía ser un catalanista como Cambó (criatura política solo posible con Alfonso XIII). Aquí estuvo el error de Roca Junyent cuando le dio por el reformismo... El anticatalanismo militante de Rivera y de sus camaradas no deja lugar a dudas. Rivera es el buen catalán, catalán y español por los cuatro costados y con un "ADN Nuevas Generaciones PP" garantizado. Si él gobierna - afirma - acabará con el proceso separatista. Llegado el caso, reformaría la Constitución para limitar las competencias de las Comunidades y blindar las del Estado. Impondría el idioma español, procurando que no se note demasiado, pasando de la inmersión lingüística de la escuela catalana a la enseñanza trilingüe (por el inglés). Está convencido de que el catalanismo existe porque aún se habla el idioma catalán y porque se aprende en la escuela. La solución la tiene clara. Su anticatalanismo vende bien y se vislumbra cómo avanzará en cuña hacia Madrid: Aragón, Comunidad Valenciana...

Ciudadanos ocupará sin complejos, aupado desde su "esquina nororiental" por los catalanes que han nacido fuera de la Comunidad y algunos de sus hijos, el espacio de la nueva derecha, moderna, europea y juvenil. Se comerá una buena parte del pastel, conviviendo con la derecha más casposa y envejecida del PP que reinará desde la "esquina noroccidental" de la península. Si no logran cambiar el sistema electoral español para mejorar su representatividad y proporcionalidad, pueden ser flor de un día, o casi.

Podemos. El partido madrileño que defiende el derecho a decidir de los catalanes

Todo empezó un 15-M, el de 2011, con los indignados que empezaron a cambiar la política del país desde la mismísima y madrileñísima Puerta del Sol, en el kilómetro cero. En la articulación del movimiento hasta su configuración como partido ha sido decisiva la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense madrileña. Madrileño es su número uno, Pablo Iglesias. También es de Madrid uno de sus líderes más conocidos, Juan Carlos Monedero; lo mismo sucede con Iñigo Errejón. Podemos decir que Podemos es el partido madrileño que no existía hasta ahora... Sorprendente que en un Estado tan furiosamente centralista como el español no existiera un partido centralista del centro... El colmo es que Podemos postula el derecho a decidir de Cataluña y les promete un encaje especial si los catalanes deciden en un referéndum vinculante quedarse en España. Asombroso. El mundo al revés. El partido español que no es unionista a rabiar es el madrileño... Encima se alían con los comuneros de Ada Colau, las mareas gallegas y el Compromis valenciano. Solo les faltaría resucitar al Partido Andalucista... Es la nueva izquierda.

Ya tenemos las tres esquinas y el centro del tablero. Ahora la excepción.

Izquierda Unida. No es de aquí ni de allá... La excepción que confirma la regla y así les va

Como en la canción de Facundo Cabral cantada por Alberto Cortez, dicen las encuestas que con poco porvenir. Lo suyo no es el territorio. Vienen de la historia y de la lucha del movimiento obrero. Han sido fuertes allí donde la estructura socioeconómica lo ha propiciado, porque Izquierda Unida fue alumbrada por el PCE. La nueva política parece otra cosa. Sus sucesivos máximos dirigentes son un poco de todas partes. Gerardo Iglesias, minero asturiano. Julio Anguita, andaluz y alcalde de Córdoba. Gaspar Llamazares, médico nacido en Logroño y criado en Asturias. Cayo Lara, agricultor y de Ciudad Real. Alberto Garzón, otro riojano de cuna afincado en Andalucía. Un poco de todas partes y ningún madrileño a la vista.

Alguna razón habrá para tan singular caso, tan genuinamente español. Desde hace 80 años gobiernan en España los dos viejos partidos periféricos, nacidos precisamente en las cunas de  dos nacionalismos periféricos. Los novísimos, si vienen de la periferia, llegan porque son tan o  más centralistas que nadie. Y si los nuevos son del centro quieren integrar las periferias por las buenas y con democracia. Asombroso. Alguna razón habrá para este tablero con tres esquinas centralistas muy españolas y un centro con estilo británico. O habrá más de una razón.

"Son españoles los que no pueden ser otra cosa" le dijo Cánovas del Castillo a Manuel Alonso Martínez hace 140 años harto del debate constitucional sobre quién era español. Corría 1876 y el monarca era Alfonso XII, bisabuelo del actual, Felipe VI. Si estuviera entre nosotros ahora, a lo mejor, diría que "algunos son españoles porque no se atreven a ser otra cosa". También  podría decir que el nacionalismo periférico excita sobremanera el nacionalismo español (se trate del nacionalismo beligerante o del banal, dándole a banal el sentido dado por el científico social británico Michael Billig). Podría decir más cosas... o no. Mapas, aritmética y geometría.