Sobre el tapete

A Rajoy le han dado una segunda oportunidad... o no. ¿Gobierno de Salvación Nacional?

El electorado ha dado la victoria al Partido Popular, pero no se sabe aún si le ha concedido una  segunda oportunidad para gobernar otra legislatura, como siempre había sucedido desde 1977 con el candidato que intentaba revalidar su primer triunfo. Un par de días antes de estas elecciones escribía en Público (20-D. Dos notas y un responso) que esta "constante" electoral entraba en un posible conflicto con otra norma también repetida desde las primeras elecciones generales, por la cual todos los cambios en el gobierno español han estado asociados sin excepción a un factor extraordinariamente negativo o catastrófico. El golpe del 23-F supone la salida de UCD y el éxito de Felipe González. La corrupción y el terrorismo de Estado permiten la llegada al poder de José María Aznar. El acto terrorista de Atocha en el 2004 da lugar a un nuevo relevo en beneficio de Rodríguez Zapatero. Y una crisis económica mundial como no hubo otra en casi 100 años faculta el recambio con Mariano Rajoy. El turnismo, que Pérez Royo llama "dinástico", una y otra vez se ha practicado dramáticamente.

Decía entonces que "el partido gubernamental tiene, no uno, sino al menos tres problemas graves, envueltos en un aroma de fin de época. La economía no se ha recuperado, sus escándalos de corrupción parecen no tener fin y siguen fluyendo incluso durante la campaña electoral, y Cataluña... ¿El panorama es suficientemente  catastrófico  como para poner fin a esta etapa y provocar un nuevo cambio?"

Y añadía: "Si Rajoy gana, como apuntan las encuestas, habrá sido decisiva la norma de la segunda oportunidad. Si solo gana por mayoría simple, muy lejos de la absoluta (pongamos que sin superar los 130 escaños) los votantes le habrán dado la segunda oportunidad, pero muy maniatado. Esto último parece muy probable. Pero si el PP pierde o aún ganando no forma gobierno, atención, porque querrá decir que la catástrofe es mayúscula".

Diríase que la catástrofe actual tiene mucha envergadura, porque el PP se ha quedado con 123 parlamentarios (uno de ellos se llama Gómez de la Serna, por cierto...) y porque las tres formaciones que podrían apoyar a los populares se muestran rotundos en sus primeras declaraciones después de conocerse los resultados. Ni por activa ni por pasiva piensan hacerlo. Puede que alguno de estos posicionamientos no sea irreductible y sea dúctil a la llamada al orden que previsiblemente tendrá remitente en Berlín y Bruselas. Un gobierno del PP en solitario precisa al menos de la colaboración de los socialistas en modo de abstención, lo que no dejaría de ser una de las variantes posibles de la Gran Coalición de tipo germano, pero con la boca pequeña y mucha vergüenza...

El cambio tendría mayor calado y estaría a la altura de un diagnóstico de máxima catástrofe si se formalizara explícitamente un pacto de gobierno, pronosticado desde hace más de un año por el analista valenciano Jaime Miquel, suscrito por PP y PSOE (que contaría con mayoría absoluta en la Cámara y que sería la Gran Coalición con sello de calidad Merkel-Troika-Partido Socialista Europeo) o una entente PP-Ciudadanos (solo posible con la abstención del partido socialista). No parece factible la coalición de perdedores entre PSOE y C´s porque no aporta nada ni a nadie conviene. Tampoco lo es la fórmula de un Albert Rivera como presidente de "centro" y respaldado en los flancos por populares y socialistas, sobre todo con su motor gripado en Catalunya. Si ninguna de estas soluciones prospera ahora, habrá nuevas elecciones, aunque ni el Partido Popular ni los otros tengan asegurado un mejor trato por parte de los votantes. Llegado el caso, bastantes estarán más que aburridos y hartos, pero quizá también intranquilos por la inestabilidad del nuevo escenario (no bipartidista) y la incertidumbre por el fracaso de la política de pactos.

La hipótesis de una alianza de izquierdas más o menos a la portuguesa no se avizora, por el momento. Un cambio radical de esta naturaleza solo puede imaginarse tras nuevas elecciones y con un ascenso colosal de Podemos. El partido morado y su irrenunciable referéndum en Catalunya es un trago que parece imposible para el partido de los socialistas (cada vez más andaluz) que cierran sus prietas filas con la unidad indisoluble de España y con las cuentas bien calculadas. Además, cuentan con la coartada de la minoría de bloqueo del PP en el Congreso, reforzada por su mayoría absoluta en el Senado. Nada se puede cambiar sin los populares.

Si en los próximos días Artur Mas logra la investidura en Catalunya con el imprescindible níhil óbstat de los cuperos, habrá crujir de cuadernas y toque de arrebato capitalino y la cotización de un gobierno de Salvación Nacional subirá enteros. Si los poderes europeos con sus argumentos no lograran ablandar a Pedro Sánchez y sus baronías, esa sí sería una invocación infalible. Habría Gran Coalición (sin descartar un tripartito con Ciudadanos), aunque a saber  con qué resultados.

Por otro lado, el responso pronosticado para un par de difuntos políticos se ha confirmado. UPD y Duran i LLeida no repiten en las Cortes y salen hacia los libros de historia a pie de página y con letra pequeña. Aunque habrá que tener en cuenta que Duran de pequeñin ya quería ser ministro del Reino de España... Tampoco han obtenido representación parlamentaria los de BNG y Geroa Bai acorralados por las Mareas y Podemos; quizá tengan remedio.

 

Ricardo Romero de Tejada