Sobre el tapete

Nuevas elecciones en otoño o al menos uno se la envaina

Si todos y cada uno de los partidos cumplen inflexiblemente con lo prometido por sus líderes durante la campaña electoral, será inevitable volver a las urnas después del verano.

Sánchez aseguró que el PSOE no daría su apoyo a Rajoy ni mediante su voto ni con la abstención.  Rivera insistió en que no haría presidente al actual líder del PP de ninguna de las maneras; también dice ahora que no permitirá un gobierno de Sánchez si éste cuenta con el apoyo de Podemos. Iglesias señaló al PP como el adversario a batir al tiempo que tendía la mano a los socialistas. El Partido Popular no puede aceptar fácilmente a otro candidato para presidir el próximo gobierno que no sea Rajoy, sobre todo después de su crecimiento electoral el 26-J y porque él no ha mostrado la más mínima disposición para al sacrificio al estilo de Artur Mas.

Si todos cumplen, Rajoy (137) no tiene la mayoría necesaria, porque la suma de PSOE y Podemos (156) bloquea su investidura (aunque C´S se abstenga). Y PSOE y C´s no van a ningún sitio sin Unidos Podemos. Pero ir a las terceras elecciones y con un año sin gobierno, puede dejar muchos cadáveres en la cuneta. A partir de aquí, alguno o varios se la tienen que envainar.

El PP lo tiene más fácil

Los populares pueden mantenerse en el poder por varios caminos. Dos con Rajoy  y  dos sin él. Como que el voto de Podemos será contrario seguro, necesitan que, al menos uno, PSOE o Ciudadanos, vote favorablemente, o que los dos se abstengan. En un primer escenario, Ciudadanos espera presumir de fidelidad a sus compromisos electorales gracias a que el PSOE se desdiga y se abstenga. Esta alternativa supone que solo uno incumple (por "razones de Estado") sus promesas... y deja un gobierno débil y al que se puede condicionar, durante una legislatura abreviada.

Segundo escenario con Rajoy. Si el PSOE sigue en sus trece y ni siquiera se abstiene, es Ciudadanos quien tiene que ceder y tragar con Rajoy dándole  sus votos. En C´s, según la prensa, surgen voces entre sus fundadores (y se menciona a Boadella, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Félix Ovejero...) que se oponen al veto a Rajoy. Para el triunfo de esta vía, habría que añadir a los dos canarios (NC y CC) y al PNV (que está diciendo que no es no). Esta variante está dificililla políticamente para Don Mariano, pero aritméticamente es posible.

Sin Rajoy, el Partido Popular lo tiene a tiro. Ante terceros, puede imponer un candidato de los suyos, porque su mejoría electoral (y las pérdidas de los otros) ha alejado la solución de un independiente para presidir el gobierno. Primer escenario sin Rajoy. Ciudadanos ya podría  cumplir su promesa y anotarse un tanto, apoyando activamente el nuevo gobierno (la Pequeña Coalición de centro-derecha), incluso con alguna cartera en la faltriquera si lo desea. Al PSOE, haciendo de la necesidad virtud, le tocaría traicionar sus promesas, pero bastaría su abstención (más de un peso pesado del partido la está pidiendo). Quizá compensaría su imagen haber logrado la caída de Rajoy y la expectativa de un gobierno no demasiado fuerte para una legislatura corta. Si fracasan las anteriores alternativas con Rajoy, las presiones para descabalgarle serán extraordinarias. Habrá que verle, porque ni con agua hirviendo y lejía se dejará...

El segundo escenario sin Rajoy llevaría a la Gran Coalición, que ahora exigiría el voto a favor del PSOE (con un Sánchez quizá dimitido), con lo que sumarían 222 escaños (con participación en el gobierno o no), y que podría ampliarse con el voto de Ciudadanos (aunque no sería imprescindible). La legislatura quizá sería más larga y incluiría probablemente un compromiso para abordar una reforma constitucional (un buen señuelo, aunque sin garantías de contenidos ni de éxito final), con un PP aplastantemente mayoritario en el Senado. Los aplausos de Berlín, Bruselas y del IBEX 35 se escucharían hasta en Gibraltar.

No hay que descartar a Sánchez, con una coalición difusa

Sánchez tiene una oportunidad, si le dejan. Necesita primero que Rajoy no suelte el hueso dentro de su partido y que constate que no cuenta con el respaldo necesario para ganar la investidura, sea antes de la propuesta que le haga Felipe VI o después en el Congreso contando votos. Rivera se habría abstenido y de este modo cumpliría con sus promesas. Los números no le bastarían a Rajoy (137 escaños) teniendo el voto negativo de PSOE y Podemos (156) más el de otros como CDC y ERC. Habría llegado el nuevo momento de Sánchez.

Para aceptar el encargo del rey, el candidato del PSOE "solo" precisaría del apoyo gratuito de Iglesias  y de la abstención de Ciudadanos. Unidos Podemos se encontraría en una encrucijada y con todas las salidas complicadas. Si decidieran dar su voto a Sánchez invocando el mal menor, la no permanencia del pacto PSOE-C´s firmado en su día y su capacidad de condicionar un gobierno socialista débil, acentuarían su perfil socialdemócrata a cambio de diluir su imagen rupturista construida entre otras cosas por el "no nos representan" del 15-M. ¿Es lo que les conviene estratégicamente y a largo plazo? ¿Aceptarán sus afiliados este requiebro, en nombre de la "mano tendida", y por ver a Rajoy con el letrero de "fin del juego" y con la posibilidad de que tenga que enfrentarse a la justicia por sus responsabilidades al frente de un PP corrupto?

Unidos Podemos puede no ofrecerse a Sánchez, no entrar en el juego y no tener que justificarse. Pero ¿y si PSOE y C´s lo proponen públicamente y repiten lo que se llamó la Coalición de Centro (tal vez con un pacto tan solo de mínimos para desbloquear la situación)? En este supuesto, Ciudadanos (no habiendo logrado el mutis de Rajoy) estaría esperando el apoyo activo de Iglesias, lo que supondría un incumplimiento electoralista de Rivera, pero menor (un pecadillo apenas), habida cuenta que se reunieron los tres en su momento para investir a Sánchez. A Podemos se le pondría esta vez más cuesta arriba no dar este apoyo, porque sería acusado de que su "función de pinza" favorece objetivamente a la derecha y que sus manos tendidas al PSOE eran una triquiñuela; quedaría para el futuro su responsabilidad en la permanencia de Rajoy al frente del gobierno otros cuatro años. Pudo negar su apoyo a Sánchez tras el 20-D porque generaron expectativas de sorpasso (que no se han cumplido); ahora la situación es bien distinta por razones obvias. Por otro parte y en estas condiciones, nada le impediría a UP hacer  una oposición tan dura como necesaria, acentuando su perfil de recambio generacional del PSOE. Y habrá motivos, porque Berlín seguirá presionado al nuevo gobierno con el déficit y más recortes... ¿Cuánto de la "nueva política" se quedaría en el camino? Los poderes fácticos, dentro y fuera del PSOE, ¿permitirán un gobierno socialista en minoría pidiendo permiso a UP cada vez que quieran aprobar algo en el Congreso de los diputados?

La perspectiva de Rajoy procesado

Quienes quieren echar al Partido Popular del Gobierno tienen muchas razones. Entre ellas, que deje de instrumentalizar la justicia y que los responsables máximos de la corrupción sean castigados. Si para enfangar al soberanismo catalán los populares no han dudado en compincharse con el poder judicial como hemos visto con las grabaciones de las conversaciones del ministro del Interior y el director de la oficina Antifraude de Catalunya reveladas por público.es ¿qué no habrán hecho, están haciendo y harán si pueden, para que Mariano Rajoy y otros jefes populares no acaben procesados y entre rejas? Quizá valga la pena, si el precio a pagar es que Sánchez sea presidente... Es una conjetura. Todo está muy complicado.