Opinion · Sobre el tapete

El disparate de Ada Colau. Fulgor y muerte de un proyecto

Hecho o dicho erróneo, absurdo o ilógico. Esto nos lo dicen los diccionarios. Colau ha hecho un disparate y ha malvendido el capital teórico que aún tenían las propuestas políticas de los “Comuns”, Podemos y sus confluencias. Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, Colau se ha vendido ella misma y los ideales que decía encarnar por una vara de alcaldesa. La Biblia nos cuenta que Esaú tomó por esposa, entre otras, a Ada, hija de Elón… Qué curioso.

Quiere Colau convencernos de que es alcaldesa porque le ha votado mucha gente (20.000 votantes menos, un 4% menos y un concejal menos que hace 4 años, pero con una participación superior con casi 60.000 votantes y un 6% más) y porque ha pactado con el PSOE (aquel partido que defendía el derecho a la autodeterminación y que después respaldó el 155). Valls se encargó en el mismo pleno de espetarle a la cara que lo era gracias a él, porque Colau y los socialistas no sumaban para  desbancar a Maragall. Valls ha dejado muy claro que sus votos son para evitar que haya un alcalde republicano e independentista en la Ciudad Condal, hipótesis que ella expresamente negó en una entrevista, incluso con un cierto punto de indignación ante la pregunta. Afirmaba que “no se prestaría a operaciones extrañas” como a la que exacta y finalmente sí se ha prestado. Sí se puede, con Valls y Ciudadanos. A partir de aquí, credibilidad cero.  Sus nuevos socios son los que piden que los presos políticos se pudran en la cárcel, los que quieren aplicar el 155 permanente y definitivo a Catalunya, los que han pactado con VOX para echar a Manuela Carmena de la alcaldía de Madrid y poner de nuevo a la banda de ladrones en la poltrona del Palacio de Cibeles… ¿Qué se decía de los amigos de mis amigos?

Pero, precisamente, porque los políticos tienen derecho (democrático) a elegir a sus amigos, los electores tienen derecho a expresar su indignación ante los fraudes. Si se miran las encuestas, Colau ha estafado a la mayor parte de sus votantes y debe haber dejado estupefacta a otra buena parte. Ha decepcionado a los independentistas, cuando fue aceptada de buen grado como alcaldesa en 2015. Ahora se estará mofando de ella la derecha más rancia ante el éxito de su operación, al ver lo fácil que es hacer negocios con algunos parvenus ambiciosos. Los franquistas pactaron la Transición con los dirigentes del PSOE para impedir una ruptura democrática. Los neofranquistas pactan con Colau para impedir un alcalde independentista en Barcelona. Masajes al ego y reparto de poltronas, es infalible. Se vende la moto a las bases y listo. Después, ya amortizada, la enviarán al basurero de la historia. La tasada presencia del candidato y preso político, Joaquim Forn, amplificó los decibelios del aplauso que Manuel Valls, el primero en ponerse de pie, tributó a la lideresa. La imagen publicada de tan solemne instante me trajo a la mente, primero, La consagración de Napoleón de Jacques-Louis David, y después La muerte de Sardanápalo de Delacroix. Cosas de franceses.

Ada Colau, con el bastón de mando tras haber sido reelegida alcaldesa de Barcelona, es apaludida por el candidato de JxCat, Joaquim Forn (d) y el candidato de Barcelona pel Canvi-Cs Manuel Valls (3d). EFE/Quique Garcia
Ada Colau, con el bastón de mando tras haber sido reelegida alcaldesa de Barcelona, es apaludida por el candidato de JxCat, Joaquim Forn (d) y el candidato de Barcelona pel Canvi-Cs Manuel Valls (3d). EFE/Quique Garcia

¿Todo vale también para los líderes de la “nueva política” española que proponían luchar por los de abajo frente a los de arriba? Valls ha sido promovido y financiado por una oligarquía hispano-catalana que estaría dispuesta a matar para impedir una Catalunya independiente, la misma que de momento ya ha metido en la cárcel y ha enviado al exilio a algunos de los principales dirigentes del movimiento independentista. Según las fuentes periodísticas que lo han investigado, Manuel Valls ha estado cobrando 20.000 euros mensuales limpios por su trabajo político. Entre sus financiadores, un importante personaje vinculado a un fondo-buitre especializado en alquileres… y en desahucios. Colau no podía haberse pegado al pie un tiro más estúpido. La soberbia.

Quiere Colau convencer de que gracias a ella como alcaldesa, en Barcelona habrá una política más progresista (maniatada por el PSOE y por Ciudadanos, porque sin ellos no tendrá mayoría) que si el alcalde fuera Maragall con los Comuns de socios, y tal vez ella de “vicealcadesa” (que sí tendrían mayoría). Quiere Colau, cínicamente, que se comulgue con imposibles ruedas de molino, porque nadie se cree que el monárquico PSOE esté más a la izquierda que los republicanos de ERC. Lo único que ha pasado es tan elemental como que Colau quería la poltrona principal. Y la extrema derecha rebosaba satisfacción en las redes sociales, porque los independentistas han mordido el polvo y porque Colau ha demostrado que es igual que el resto. Marketing electoral. Marionetas políticas. Aprendices de brujo. Barcelona y los barceloneses son los que pierden. Después, y si Colau no dimite pronto y a tiempo, los “comunes” serán devorados por el PSOE y la abstención; y, tal vez, alrededor de un 30% de sus votantes migren a la CUP, a ERC, o a otra plataforma alternativa, como la que intenta impulsar Dante Fachin: son los votantes que faltan para que el independentismo supere el 50% de los votos en comicios convencionales futuros.

Podemos y sus confluencias han entrado en barrena, porque han decepcionado reventando un espacio político y electoral que existía porque se desmarcaban de tantas complicidades  “izquierdistas” con el régimen del 78. Su desunión cainita en Madrid por motivos que casi nadie entiende, su falta de militancia orgánica estructurada capaz de articular e integrar el debate interno, su escasa implantación territorial y el lastre de los expertos en sobrevivir enquistados en los aparatos políticos que vienen de antaño están llevando a Podemos a su progresiva marginalización. Y Pedro Sánchez lo sabe.

El mensaje de Pablo Iglesias celebrando el éxito de Colau con un “sí se puede”, ha sido contestado en las redes sociales: “Sí se puede, con Valls”. Es la crónica del fulgor y muerte de un proyecto que despertó la esperanza de millones. Cuesta abajo y sin freno.

En twitter @RRomerodeTejada