Sobre el tapete

El hombre es un periférico para el hombre

La pista me la ha proporcionado mi buen amigo Joan S. (un hombre sabio y con mucha poesía) y las extraordinarias peripecias de su poliamor con Sarah y Syra. (Los detalles se los cuento otro día).

Porque, ¿qué, si no el poliamor, fue lo que le permitió a Carlos Marx concluir que el hombre es un explotador para el hombre? Y, asimismo y sin la menor duda, fue gracias al poliamor que el filósofo griego descubrió que el hombre es un amor platónico para el hombre.

Pero, bien lo sabemos, no todo es amor… Bien distinto fue lo acaecido con el niño Thomas Hobbes, que vino a este puñetero mundo antes de tiempo por el terror de su madre al ver a los invasores de la Armada Invencible frente a la costa británica. Esta temprana y traumática experiencia nos explicaría que, ya mayorcito, sentenciara que el hombre es un lobo para el hombre. ¡La que se montó!

Me salto varios capítulos y llegamos a uno de los momentos estelares de la historia de la humanidad, el que nos fue revelado por Stanley Kubrick y su Odisea: el hombre es un simio aporreador para el hombre. Con la atronadora introducción de Así habló Zaratrustra todo quedaba perfectamente entonado.

Pero, con la porra, el hombre había descubierto a su vez que todo se convertía en usable, manejable, instrumentalizable… incluso los amores. Había descubierto a los periféricos, avant la lettre… No se trataba tan solo del mundo de las cosas inanimadas, ni de los animales comestibles, ni de los futuros periféricos electrónicos…. La noticia completa era que el hombre es un periférico para el hombre. A partir de este punto, podemos ir acabando diciendo que  los simios aporreadores son los que aporrean a los humanos aporreables; aquellos humanos que no quieren ser simios aporreadores o no son periféricos suficientemente dóciles.  Yo, qué quieren que les diga, y no por culpa del confinamiento, me quedo con los poliamores.  Si viene el simio aporreador, cierra la muralla.