Sobre el tapete

Los simios aporreadores olisquean y Pavarotti canta

Me preguntarán por qué demonios estaba un pobre diablo como yo en aquel sitio y a aquella hora. En su lugar, yo preguntaría lo mismo. Y es que hay que tener amigos influyentes hasta en el infierno. Puedo presumir y presumo de tener, sobre todo, cuatro. Uno hace encuestas; ustedes ya me entienden. Dos son banqueros; uno es cajero en una agencia de plaza Castilla en Madrid, y el otro lo es en una sucursal del Paseo de Gracia de Barcelona. El cuarto despacha en la Moncloa; es un hermano lejano, y como es valenciano me llama germà llunyà.

No sé quién me la envió, pero recibí, por fin, un sobre con una invitación muy formal para asistir al acto. Había que ir de pingüino o de camuflaje y con medallas. Alquilé uno de pingüino y hacia allí que me fui para vivir la experiencia en presente de indicativo. Se trataba de un homenaje por todo lo alto. Asistía lo más granado de los simios aporreadores y otros tres o cuatro gatos mal contados, todos tan aporreables como yo mismo. Además, claro está, la estrella del día, la Cabra de la Legión. Y los técnicos de sonido y de efectos especiales.

Cuando el presentador del acto se encaramó ante el micrófono sonaron los primeros aplausos. Y cuando empezó a ponderar los muchos méritos acumulados por la Cabra de la Legión que le hacían acreedora del diploma de Master de Harvard, todo fue un torrente de luz y color; y una vibrante ovación. La Cpunto de la Lpunto mostró su agradecimiento y demostró su afán por mantener bien alta su merecida reputación con un discurso medido y bien timbrado; pura música. Un exitazo, sin duda.

Sin embargo, pese al encanto que desprendía la Cabra, lo que a mí me había motivado para estar allí, era la presencia de tanto simio aporreador y más de una simia aporreadora. Podría observarlos en su salsa. Me había llegado una confidencia de un confidente y había pensado que podría lograr una exclusiva tan sensacional como para obtener el Pulitzer. Si a la Cabra le dan un Master, por qué no puedo yo conseguir el Nobel de los periodistas… Fardaría un montón. La verdad.

Las fuentes (que no puedo revelar, ya saben) me habían asegurado que los simios aporreadores olisquean. Sí, sí, tal cual. Olisquean. (El Tribunal Constitucional considera también legal el sinónimo olismear; ahí es nada. Aquí ya nada se mueve sin el visto bueno del Tpunto Cpunto.). Sobre todo, cuando están en grupo; lo hacen sin disimulo. Bueno, no nos engañemos, lo están haciendo siempre y a todas horas, aunque disimulando una barbaridad. Pero cuando están en plan confianza, entre amiguetes del alma, y tal, se desmadran.

Aquello estaba atiborrado de simias y simios dándole a todo. Me concentré en algunos de los aporreadores más distinguidos, más notorios, los que acumulan más méritos. A muchos de ellos los tengo ya fichados para cuando haya que dar el máximo galardón de Simio Aporreador del año 2020.

Como les iba diciendo, me entretuve un buen rato gracias a un aporreador exministro de la Porra (lo que, bien pensado, es el colmo), Jpunto Fpunto Dpunto. Su rostro es de querubín tirando a avinagrado y regordete; como una aceituna sin anchoa, pero de mayores dimensiones.  Aunque de poco pelo en la cabeza, tiene unas neuronas superespecializadas en Cloacas del Estado y Policías Patrióticas; dicen las malas lenguas que son las únicas que tiene. Ya le gustaría a Trump tener un espécimen como este a su servicio. Antes de estrechar la mano de sus interlocutores, se santigua con recogida devoción. Su mirada es huidiza, como si acabara de ver siete veces seguidas Marcelino, pan y vino; un duro castigo impuesto por su director espiritual. Visualmente se le reconoce fácil: lleva a todas partes consigo a una Santísima Virgen de los Dolores de Archidona de tamaño natural a la que concedió la Cruz de Plata de la Guardia Civil. También son famosas sus habilidades para la destrucción de sistemas sanitarios y para la afinación. No afina flautas, no. Afina fiscales, como nos descubrió Publico en una de sus exclusivas. Claro que, bien mirado, afinar, en estos lares, no tiene demasiado mérito. Hay quien piensa que se fabrican afinados de oficio.

Otra redundancia la encontré con el ministro de la Porra y la Verdad. Fpunto GpuntoguiónMpunto Gpunto es de profesión magistrado, tiene unas orejas que a mí se me antojan grandes; como para no oír cuando no le interesa. En algunas fotografías aprieta las mandíbulas con fuerza como si quisiera darse la razón a sí mismo. Encantado de haberse conocido, sus ojos miran, pero miran solo lo que le conviene. Como que no miraba, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos le sentenció repetidas veces por no investigar bien las denuncias de torturas. O sea, por favorecerlas; podrían pensar los malpensados…  Ahora se le nota feliz con la Guardia Civil a sus órdenes, trabajando con sus especialistas "para minimizar este clima contrario a la gestión de crisis por parte del gobierno". Todo por la Patria, la Porra y la Verdad.

Después de contemplar tan peligroso ejemplar de la raza, atrajo mi atención una aporreadora  que diríase que flotaba o que se estaba ahogando, impresión que resultaba de una testa que apuntaba como una flecha siempre hacia arriba. Su cráneo era el remate de un cuello en estado de prórroga de treinta minutos y tanda de penaltis. Su cara, huesuda, con una protuberancia en vez de nariz. Sus ojos, fogosos cual un par de lanzallamas de la segunda guerra mundial. Su expresión habitual, la de alguien que se ha tragado una docena de guindillas picantes y no quiere que nadie se entere. En este poderosa y altiva descendiente de ennoblecidas glorias destacaba sobremanera su mandíbula, una quijada dispuesta para la trituración, masticación y exterminación de socialcomunistas bolivarianos y malvados independentistas. Suelta de lengua, el mundo la conoce como Cpunto Apunto de Tpunto y PpuntoguiónRpunto. Es diputada cunera por Barcelona y tiene un nosequé con Toledo. Es tan patriota, que tiene tres patrias. Lo suyo es fuerte, fuerte, fuerte. ¡Como nos descuidemos la marquesa nos envía a galeras!

[Aquí ya se debe estar notando que me lo he pasado pipa releyendo a Dashiell Hammett; cosas del confinamiento].

Por cierto, ¿ya se saben aquel que diu?: Y sale en la tele Fpunto Bbajamayúscula Palito mayúsculo Palito mayúsculo y dice, "Todos somos iguales".

¡Huy! Tengo que ir acabando, que el jefe de redacción me va a reñir porque gasto muchos bits; y es que están por las clouds. Cualquiera le pone a él iniciales y puntitos.  Menudo es. Cuando se enfada me dice que aburro hasta a la cabra de la legión…

Pero si todavía les tengo que contar el asunto del olisqueo, el meollo del asunto, protesto tímidamente. Pues déjalo para la próxima vez que te deje publicar algo, me espeta.

Bueno, de acuerdo, qué remedio; el próximo episodio lo titularé algo así como "donde se explica cómo y por qué olisquean los simios aporreadores". Pero jefe, que antes de poner el punto final querría decir un par de cosas más. Me deja por imposible. En el fondo es bueno. Y los tres o cuatro kamikazes que han llegado a leer hasta aquí también lo son.

Y es que, en estos tiempos tan duros, Pavarotti nos estremece con su versión de Nessum Dorma, prometiéndonos que al amanecer venceremos. Si todavía tienen unos minutos escuchen su maravillosa interpretación en Los Ángeles en 1994 y subtitulada en español.

Qué bella es la lingua italiana:

Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o, principessa
Nella tua fredda stanza
Guardi le stelle
Che tremano d'amore
E di speranza

Ma il mio mistero è chiuso in me
Il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò
Quando la luce splenderà!

Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
Che ti fa mia!

(Il nome suo nessun saprà!
E noi dovrem, ahimè, morir!)

Dilegua, o notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vincerò!
Vincerò, vincerò!

Recuerden, si viene el virus o el simio aporreador, CIERRA LA MURALLA.