Sobre el tapete

Por fin nos enteraremos del asunto del olisqueo de los simios aporreadores, y gracias, Violeta Parra

Desde todos los puntos cardinales (y algunos más) recibo misivas instándome a que, de una vez por todas, desvele el misterio del olisqueo de los simios aporreadores. Y es que algunos y algunas no duermen, tanta es su incertidumbre. ¿Me estarán olisqueando y yo sin enterarme?, se preguntan.

Por si faltaba poco, Sahrazade me ha dicho que hoy de discreta nada, que no se calla, ni se va a dormir, y que se va a dar una vuelta, un garbeo, que está hasta el moño del confinamiento; y que mañana será otro día. O sea, que no me queda más remedio que empezar ya con la tesis doctoral del olisqueo; en fascículos.

Empecemos por el principio; y el principio es el contexto. Y si les apetece, se van al episodio anterior y se ponen cómodos, para contemplar el espectáculo. Estábamos en que yo estaba en la orgía del Master de la Cabra.

Y es que, quien más, quien menos, a todos los simios aporreadores les gusta exhibir sus poderes. Y como para gustos, colores, los hay que van muy Fashions, mientras otros van como recién salidos del Jurasic Park. Están los que van con la porra que les han dado de fábrica, otros se han esmerado con diseños exclusivos; los hay de todos los tamaños y contundencias; unos, más evolucionados, prefieren sugerir su poderío amablemente, mediante símbolos abstractos; otros, pelín primitivos, no se andan con rodeos, les gusta hacerse notar y agitan visiblemente sus argumentos aporreantes (son el lumpen de los aporreadores). Abundan las simples porras, pero no faltan cachiporras, mazas, trancas, estacas, bastones, palos, garrotes, bates de beisbol… Los hay que llevan el vil garrote en primera persona; a otros se los llevan los sicarios. Unas veces veremos estos instrumentos de trabajo descansando sobre el hombro; otros requieren ser apoyados en el suelo, dada su envergadura; y tampoco es infrecuente verlos llevados en grácil bandolera. No son pocos los que con su cuidado aspecto patibulario provocan un pavor incontrolado. Miren estos caretos, por favor, y ya me dirán…

El dictador chileno Augusto Pinochet.
El dictador chileno Augusto Pinochet.

En el atrezo visible (el del alma vale más que lo dejemos para mejor ocasión) , también pudimos admirar las Cartas de Bastos; por supuesto, son exclusivas para el estamento más noble, distinguido y elegante del gremio de aporreadores. Son cartas que los simios suelen llevar prendidas del ojal y las simias en cualquier emplazamiento imaginable o inimaginable.

Cuando pasa alguien con el As de Bastos, todos saben a qué atenerse; manda mucho, mucho, pero mucho. El Tres de Bastos, tampoco es manco; puede darte un buen mamporrazo si le caes mal. Después van los aporreadores siguientes en el escalafón tirando hacia arriba, hasta llegar a la Sota de Bastos. A continuación, depende… Hay sitios donde la baraja se acaba en este punto, pero en algunas timbas reparten un par más de cartas. Hay quien dice que no sirven para nada y que encima cuesta mucho sacártelas de encima si te las han dado en algún momento de la partida; pero, cuidadín, que te pueden aporrear las cuarenta y no veas…

En estas cavilaciones andaba yo, cuando un representante del Opus Dei informó de los últimos avances en materia de milagros. Memorable. Entre otros, destacó la curación de dos devotos con neumonía merced a la intervención de dos miembros de la Orden ya fallecidos. Pero los milagros alcanzan también a necesidades más mundanas, pero no por ello menos trascendentes. Para favores milagrosos los que tiene que ver con el tráfico y el aparcamiento. Transcribo literalmente un testimonio completamente anónimo recogido en el informe del compañero Danilo Albin: "Un día que salía tarde de casa, le pedí que los semáforos coincidieran en verde; otro, que en el parking del instituto hubiera un sitio fácil, sin tener que maniobrar demasiado". Es un alivio saber que estas cosas pasan en tiempos de tanta tribulación. Too much, la verdad.

Hablando de otras cosas, uno de mis más intrépidos confidentes ha logrado averiguar que en un grupo de Telegram de simpatizantes de Poff-Choff, se han hallado pruebas palpables de que hay en marcha una cruel campaña para eutanasiar a todo quisqui. Pasen y extraigan ustedes solitos las conclusiones.

Telegram.
Telegram.

Este ha sido el testimonio verídico, valiente y escalofriante de un informante que tuvo la gallardía de colocar en Telegram esta magistral pieza de calidad literaria inigualable y rellena de verdades como puños y pistolas. Pura dialéctica de tiempos añorados.

Una vez conocidos estos hechos se envió a tres grandes directores un texto introductorio para un guion cinematográfico:

"Llega una ambulancia a una hermosa calle malagueña. El día es claro y soleado. No hay contaminación apenas. Dos tipos con aspecto de enfermeros bolivarianos descienden del vehículo. Van en busca de una abuela. Quieren llevársela al hospital. Horror. La abuela está sana como una rosa. Dice que no; que a ella no se la llevan. Los enfermeros insisten, la abuela se resiste y llama en su auxilio a familiares y vecinos. La vía se llena de protestantes. Voxiferan. No se llevarán a la pobre agüela. ¡El Alcázar no se rinde! Voxifera uno. Aplauden otros. Quieren eutanasiarla, protestan los protestantes. No lo permitiremos. Semos Fuenteovejuna. ¡Es un genocidio! ¡Quieren gasearla! La noticia ha corrido como la pólvora y por doquier. Las calles están desbordadas de recio patriotismo. Como si fuera el Barrio de Salamanca. Los enfermeros, que no pueden evitar que se les vea la cola fasciocomunista (neologismo aportado por el pepero Cpunto Ipunto) en lo político y judeomasónica en lo social, retroceden amedrantados y acobardados ante tamaño despliegue de generoso y genuino constitucionalismo. Precipitadamente, entran en la ambulancia y llaman al jefe. Ring-ring. Dígame. Don Pablo, somos el comando 3.438; que esta vez hemos fracasado. Hemos eutanasiado exitosamente a 2.333 abuelos y abuelas, pero aquí no ha habido nada que hacer. Nos rendimos, don Pablo. Volvemos a la base. Cambio y corto".

Tres grandes Bpunto compiten. Bergman propone su título tras una breve duda, El séptimo Eutanasiador. Buñuel lo tiene claro, El Ángel Eutanasiador. Berlanga nos dedica una sonrisa cómplice y propone, La ametralladora Eutanasiadora.

Don Benito Pérez Galdós dedicó uno de sus Episodios Nacionales al asedio de Girona durante las Guerras Napoleónicas. Hace casi 150 años nos contaba cómo en el subsuelo de la ciudad un ejército de ratas, a las órdenes de su jefe, destruía cuanto se oponía a sus desmanes. "Ya te reconozco. Eres el mayor y el más fuerte de todos. (…) Infame, tu corpulencia y tus años te dan sobre los de tu ralea la superioridad que demuestras; pero eres un egoísta, que por tu propio provecho reúnes a tus hermanos para que te ayuden en tus carnicerías. Miserable, ellos están flacos y tú estás gordo. Lo que ellos husmean tú te lo comes, y a falta de otro manjar, devorarás a los pequeñuelos que te siguen, orgullosos de tener un general tan bravo". Sabía de qué hablaba. Metáforas.

Y hablando de estas cosas, resulta que ya ha abandonado este mundo, prematuramente, el policía torturador González Pacheco, alias Billy El Niño. Con sus medallas y bien pagado. Algunas de sus víctimas pidieron justicia. Pero el Reino de España protege a sus héroes.

Pura metáfora del Régimen del 78, el jerarca agradeciendo los servicios prestados por el sicario. Cumplió con su deber, dice. Dialéctica hegeliana:

Alfonso Usía, en Twitter.
Alfonso Usía, en Twitter.

Y de ahí a la España Cayetana. Poco que añadir. El Reino de España es un Estado que nació para matar y en ello están desde 1936.

Cambiemos. Si nos proponemos una aproximación científica al meollo del asunto que aquí nos ocupa, lo primero que debemos hacer es confirmar que los simios aporreadores son una realidad histórica y tangible; y no unas criaturas nacidas de nuestras mentes calenturientas o de nuestras peores pesadillas. Dejémoslo claro. Yo creo en Stanley Kubrick. Él descubrió al primer simio aporreador cuando estaba rodando su "2001. Una odisea del espacio". Punto. Pero…

Ahora, dejo el violín, me coloco la gorra, cojo la pipa y la lupa, y me voy, con mi buen amigo, Elemental Watson, a por las pruebas.

Ahí la tenemos. El descubrimiento (o la intuición) de Kubrick acaba de ser avalado (21 de abril) por un equipo de arqueólogos: "Una lanza-bastón de hace 300.000 años ha sido hallada en Schöningen (Alemania). El artefacto permite intuir una compleja organización social y productiva".

¡Bingo! Si hay un primer bastón, hay un simio; luego hay un primer simio aporreador. Ahí es nada, 300.000 años…

En opinión de los expertos, su ubicación no demuestra per se que el primer aporreador fuera alemán, dada la gran movilidad y promiscuidad ya existentes en aquellos tiempos. Por esta razón no se descarta que pudiera ser un guerrero escita, un samurái japonés o un indio siux. No obstante, y por ahora, una de las hipótesis que los especialistas consideran más sólidas y consistentes es que se tratara de un inmigrante simius hispanicus, alguno de los muchos que trabajaban en la fábrica de hachas de sílex ubicada en un poblado cercano. Incluso se barajan algunos nombres. Suena mucho un tal Quintilianus Aznarius Larreleche del Perejil y   Yosequehayarmasdedestrucciónmasivaenirak. Pero no es el único, ni muchísimo menos. En realidad, hay una dura competencia entre países, con probado pedigrí y con numerosas candidaturas, reclamando el honor de ser cuna y patria del primero de los simios aporreadores. ¡Hagan sus apuestas!

En consecuencia, afirmamos que ha quedado establecida científica y definitivamente la existencia de los simios aporreadores; lo que también corrobora la experiencia sensible de cualquiera de nosotros. Asunto despejado.

En este momento del fascículo doctoral, es nuestra obligación afrontar la siguiente, difícil y comprometedora interrogación. ¿Olisquean los simios aporreadores o es una leyenda urbana? ¿Es acaso una ficción? ¿Una ilusión óptica? Vayamos por partes. Y cada parte en un fascículo. Y cada fascículo, un episodio. Toca esperar…

Por cierto, ¿ya saben aquel que diu: "En Chile, Argentina, Alemania, Italia, Francia, Holanda y en muchos más países Sí hubo coraje y justicia. Juzgaron y condenaron crímenes del fascismo. En el Reino de España hay un Trifachito, un Felipe González, un PSOE, un Miquel Iceta y un PSC".  Y no se rían, porque este no tiene ninguna gracia.

Como que a Sahrazade la tenemos de parranda (solo una hora de seis a diez de la mañana), yo mismo me ocupo de pinchar un disco, un homenaje a los amigos chilenos (y a los amigos de los amigos chilenos) que tumbaron con su No mayoritario a Pinochet en el plebiscito diseñado para perpetuarse en el poder, a los que, por ejemplo,  juzgaron y condenaron hace un par de años a los asesinos de Víctor Jara y a los que hoy luchan por una Asamblea Constituyente que cambie la Constitución pinochetista de 1980. Gracias a la vida y a Violeta Parra.