Sobre el tapete

Qué le ha pasado a Ada Colau

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, durante la inauguración hoy viernes en Barcelona del "Congreso Mundial de la Paz", organizado por la International Peace Bureau (IPB).- EFE/Marta Pérez

1.En el principio fue el Verbo

Fue el 6 de febrero de 2013 cuando en Público se pudo leer una entrevista a una estrella emergente del momento político, en la que destacaba su firmeza ideológica, su compromiso social y su propuesta de democracia participativa:

"Votar cada cuatro años es totalmente insuficiente. La ciudadanía hace mucho tiempo que está diciendo que votar no es un cheque en blanco. En el siglo XXI hay posibilidad de poder construir una democracia mucho más participativa y el hecho de que se esté impidiendo la participación de la sociedad en las grandes decisiones que nos afectan es muy sintomático de cómo algunos se aferran al poder e intentan mantener algunos privilegios en nombre del voto cada cuatro años. Esto ya no cuela. Hay un clamor social que pide una regeneración democrática".

Proponía revolucionar la democracia del siglo XXI: la sociedad participará en todas las grandes decisiones. Y la plebe la hizo alcaldesa de Barcelona en mayo de 2015.

2. Donde esté la vieja política de siempre…

Ada Colau (y su Barcelona en Comú) ganó las municipales de mayo de 2015 con casi 180.000 votantes, el 25,2% de los sufragios y 11 concejales. Un resultado impresionante, si se tiene en cuenta que cuatro años atrás ICV-EUiA (formación ahora subsumida), con Ricard Gomà de cabeza de lista, quedó en cuarta posición con poco más de 60.000 votos, un porcentaje del 10,4% y solo 5 actas municipales. En números redondos, Colau redimensionó el espacio a la izquierda del PSC añadiendo 115.000 nuevos votantes (casi triplicando las cifras de cuatro años antes). Ni siquiera los comunistas del PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya) con Josep Miquel Abad y en su mejor momento (las primeras elecciones, en abril de 1979), con 151.000 votantes y un 18,9%, alcanzaron las cifras de récord de Ada Colau.

La magnitud de su victoria fue suficiente para batir al hasta entonces alcalde Xavier Trias, de CiU, relegándolo a la segunda plaza, al perder 15.000 votos (un 8% de los obtenidos cuatro años atrás). Un éxito al que debieron contribuir lo suyo las acusaciones que Colau repetidamente lanzó contra Trias tildándole de mafioso y corrupto, aprovechando para ello las "pruebas" falsificadas por la Policía Patriótica, empeñada, en el contexto de la llamada Operación Cataluña, en evitar que el independentismo siguiera al frente del Ayuntamiento de Barcelona.

En 2019, Ada Colau se postula de nuevo para seguir con sus políticas valientes, aunque, de momento, los barceloneses solo seguían votando cada cuatro años… Tal vez no hubo ningún proyecto importante que justificara la participación democrática de los ciudadanos.

Pero, Ada Colau es derrotada. Pierde casi 25.000 votos de los 180.000 obtenidos en 2015 y es superada por el candidato de ERC, Ernest Maragall (hermano de quien fuera alcalde barcelonés y presidente catalán, Pascual Maragall), que logra 5.000 votos más que Colau, aunque con los mismos concejales (10). Salvo que se formara una mayoría absoluta en contra, Maragall sería el nuevo alcalde. Pese a sus promesas preelectorales, la líder de los Comuns acepta ser alcaldesa con los votos de Manuel Valls, el político francés contratado por los señoros de Barcelona como CEO (Chief Executive Officer) de su plataforma anti-independentista.

3. Votar cada cuatro años es totalmente insuficiente: el tranvía por la Diagonal

Hace 11 años al alcalde Hereu, socialista, no le hizo falta ninguna revolución democrática para hacer una consulta ciudadana sobre la reforma de la Diagonal con tranvía incluido. El resultado fue que No. Ignorando aquel ejercicio de poder ciudadano y que hay otras alternativas posibles, Colau y su equipo emprenden ya las obras para que el tranvía atraviese Barcelona por la Diagonal. ¿En qué congelador han puesto la democracia participativa?

4. La ciudadanía hace mucho tiempo que está diciendo que votar no es un cheque en blanco: el Hermitage

En 2012 el Hermitage de Sant Petersburgo estableció los primeros contactos para abrir una franquicia de su Museo en la Ciudad Condal. El Port de Barcelona y el Liceo favorecen el proyecto. Colau lo frena y los promotores del Hermitage abren la vía legal con un recurso de reposición delante de la autoridad portuaria contra el veto a la concesión de la licencia (julio de 2021). El coste de la judicialización puede ser superior a los 100 millones. Málaga y Madrid ya intentan atraer el proyecto para sus ciudades.

No obstante, tiene un punto de justicia poética, que el pasado 1 de junio, la cuenta oficial de Barcelona en Comú en Twitter pusiera en marcha una encuesta sobre el Hermitage. La redacción de las alternativas de respuesta que se ofrecían a los usuarios (dos proyectos no necesariamente incompatibles) es una demostración empírica de la búsqueda de la coartada popular y su extraordinario respeto por la democracia participativa, el poder ciudadano y la inteligencia de los barceloneses:

Alternativa A: "Hermitage: Una franquicia que repite la fórmula fracasada del 'pelotazo' urbanístico y turismo masivo".

Alternativa B: "Centro de innovación y tecnología: Una oportunidad de crear lugares de trabajo estables que diversifiquen la economía de la ciudad".

Resultado bumerang. Sobre 30.646 votos, 75,4% favorables al Hermitage y 24,6% para la otra alternativa. Diríase que a Ada Colau también le gustan los cheques en blanco, si están librados a su favor.

5. En el siglo XXI hay posibilidad de poder construir una democracia mucho más participativa: la revolución urbanística de Ada Colau

Que los alcaldes quieran pasar a la historia es comprensible. Hasta Porcioles, franquista él, lo quería y ha pasado a la historia. El neo-urbanismo de Colau está siendo duramente criticado por profesionales y por ciudadanos. Pero, en su opinión "promueve un cambio de paradigma. Es una metamorfosis hecha desde y para la ciudadanía". Así, enfatizaba su urbanismo como "la transformación más grande desde 1992"durante su intervención el 5 de octubre pasado en las jornadas "Superilla Barcelona. La ciudad después de la Covid".

En cualquier caso, si el urbanismo de Colau es tan trascendental, ¿por qué no convoca a los ciudadanos a un referéndum para decidir en consecuencia y tras un debate abierto y en condiciones?

6. Intentan mantener algunos privilegios en nombre del voto cada cuatro años. Hay un clamor social que pide una regeneración democrática: blindar la Plaça de Sant Jaume y sus alrededores

En el barrio de Sant Andreu, los vecinos se quejan de no haber sido escuchados sobre el nuevo sistema de recogida de basura. La suciedad y el abandono abruman a la gente. Barcelona es la gran ciudad con el índice de delitos más alto de España. Los accesos a la ciudad vuelven a ser una ratonera y se culpa a Colau de ahogar el vehículo privado. Están las barreras de hormigón, el incivismo de muchos ciclistas y usuarios de patinete, los grafitis que ensucian puertas y paredes por todas partes, el alumbrado público deficiente, la ya aprobada reforma de las Ramblas aparcada desde hace seis años…

Y en el pregón de la Fiesta Mayor del barrio de Gràcia, a mitad de agosto, explotó el malestar y Colau fue abroncada. Las lagrimas de la alcaldesa (que algunos interpretaron como de rabia) y su reacción al día siguiente acusando de "intransigentes" y "sectarios" a los que la silbaron, no la ayudaron en nada. Hubo quien recordó sus escraches, como el profesor de Princeton, Carles Boix: "Escraches, sí; pitadas, no; la conclusión del día".

Apenas unas semanas después, la bronca se repitió durante el pregón de la Fiesta Mayor de Sants, otro barrio barcelonés. Para la siguiente Fiesta Mayor del calendario, la de la ciudad de Barcelona, Colau, decidió que no la volverían a silbar. Blindó la Plaça de Sant Jaume y sus aledaños, a donde solo se podía acceder con invitación personalizada. Pudo hacer su discurso sin oír a los disidentes.

7. Y, resumiendo, ¿qué pasa con la democracia participativa y los referéndums?

Pues depende. Si se trata de un tema que no es de su incumbencia y puede degastar a sus adversarios, entonces le gustan los referéndums. Es el caso del referéndum que "exige" sobre los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030 que fueron respaldados por 71 votos a favor de 135 en el Parlament. Colau, después de oír que Pere Aragonés se ha comprometido a hacer una consulta al territorio afectado (el Pirineo), sostiene que también deben ser consultados los ciudadanos de Barcelona. Sus Comuns doblan la apuesta y un referéndum en toda Catalunya.

Ahora bien, si se trata del referéndum de autodeterminación la cosa cambia, y mucho. Cuando en mayo de 2015 faltaba un mes para ser alcaldesa, Colau en una entrevista en Els matins de TV3, afirmaba rotundamente su compromiso con el derecho a decidir: "Haremos mucho más por la soberanía de Catalunya que CiU. Cualquiera de nuestros concejales estará dispuesto a llegar hasta donde haga falta para que puedas ejercer tu derecho a decidir. Garantía absoluta". Ya siendo alcaldesa y con seis años en el cargo, en septiembre pasado, aseguraba que "no hay condiciones para el referéndum, la gente YA no está para tonterías". Aclarado, antes ella y la gente eran tontos; y ahora YA no. También en aquellas lejanas fechas decía que "si hay que desobedecer las leyes que sean injustas, se desobedecen".

En lo que respecta a los temas que, en principio, sí son de su incumbencia, estamos frente a un dilema. O no hay en Barcelona asuntos importantes que justifiquen que los barceloneses hagan uso de la democracia participativa del siglo XXI o Colau incumple los principios políticos de los que tanto presumía para atacar a todos los adversarios.

En honor a la verdad, el ayuntamiento de Colau llevó adelante una participación ciudadana directa para un conjunto de actuaciones con un presupuesto de 29,2 millones de euros, menos del 1% de los más de tres mil millones del presupuesto anual municipal. Estos presupuestos participativos permitieron escoger entre 184 proyectos, como, por ejemplo, "enjardinar el Raval", "poner en relieve la muralla romana", "carril bici en la Vía Augusta", etc. Teniéndolo todo en cuenta, este experimento de democracia participativa ha seguido las recomendaciones que se le atribuyen a Eugenio D’Ors, aquel catalanista inicial, siempre brillante, que acabó luciendo el uniforme falangista en la capital madrileña: "los experimentos con gaseosa". Para el champagne francés habrá que esperar.

8. ¿Por qué Colau no ha cumplido?

Puede haber tres explicaciones, aunque no es descartable que haya otras.

La primera razón podría estar en que su experiencia de gobierno la ha convencido de que la democracia del siglo XXI era un buen deseo, pero que un político tiene que ser un dirigente realista, saber guiar al pueblo hacia donde conviene. Si ha llegado a esta conclusión, ¿debería dimitir?

La segunda podría ser que nunca ha creído en la democracia del siglo XXI y que era un postureo, una argucia necesaria de marketing político. En este caso, ¿debería Colau dimitir?

La tercera, a lo mejor, es que el aparato de su partido "Comuns-Podemos-ICV", formado por profesionales que no se andan con bromas, no le ha permitido jugar con fuego democrático. Aquí tampoco le permitirían dimitir.

9. Que no cunda el pánico

Que no cunda el pánico porque aquí no pasará nada. Algunos puristas creen que la recuperación de la dignidad y los valores democráticos que querían ser la enseña de la nueva política exige que los impostores abandonen para no contaminar un proyecto que merecía mejor suerte. Se equivocan, porque aquí se cumple a rajatabla la ley de hierro de la oligarquía teorizada por Robert Michels en 1911 y que vale para los partidos políticos. Este filósofo y sociólogo alemán destacaba el poder que inevitablemente acumulan los aparatos de los partidos, en detrimento de la teórica participación democrática de la militancia y de sus electorados. También profetizaba que "los revolucionarios de hoy serán los reaccionarios de mañana".

En cualquier caso, por mucho que se incumplan las promesas y que decepcione la gestión de los políticos, ya se encontraran soluciones para, pese a todo, incrementar el número de votantes, o, al menos, mantenerlos, o, si van mal las cosas, no perder demasiados.

En este sentido, pensemos en los votantes futboleros. Vean lo que está sucediendo con el equipo del Newcastle, recientemente comprado por el Fondo Público de Inversión de Arabia Saudí. Su gobernador fue nombrado por el Príncipe Heredero Mohammed Bin Salman, un personaje siniestro que dispone de una inmensa fortuna que le permite cualquier capricho, incluido el que sus secuaces descuarticen periodistas revoltosos. Los aficionados de este club inglés se han lanzado a la calle para vitorear al nuevo amo que les sacará de las últimas posiciones de la Primer Ligue y les proporcionará nuevos episodios triunfales. Porque lo importante es que nuestro equipo gane.

A los románticos/as empedernidos/as siempre les queda el consuelo de Johnny Guitar. "Miénteme. Dime que todos estos años me has estado esperando". Y, finalmente, al votante que le corra por sus venas al menos una pizca de flema británica, hay que decirle: coja el paraguas y póngase el bombín, porque nos mean y no dirán que llueve.