Sobre el tapete

Rufián cierra el círculo de Junqueras

Oriol Junqueras (c), de ERC, conversa con Gabriel Rufián (d), en el Congreso de los Diputados, a donde ha llegado desde la cárcel de Soto del Real (Madrid) para tramitar su acta parlamentaria, previo al pleno de constitución de las Cortes.- Foto de ARCHIVO

Gabriel Rufián es un político que se afana por no dar puntada sin hilo con un sabio exhibicionismo en los medios y en las redes sociales. El pasado 8 de junio en TV3 se refería a su famoso tuit de las 155 monedas de plata del 26 de octubre de 2017; un tuit que resonó como una acusación de traición al presidente Puigdemont. El político de ERC argumentó poco después diciendo que las 155 monedas se referían a la posible oferta del Estado para frenar la independencia. (Y como es obvio, cualquiera llegaría a la bíblica conclusión de que quien las recibiera sería el traidor...) Una aparente rectificación para ratificar el mensaje.

Ahora, en estas recientes declaraciones, ha manifestado que "decir que por un tuit mío se proclamó la independencia de Catalunya es de tarado". Y añade a continuación "el tarado es quien la proclamó". Claro y alto. Le dieron sobre la marcha la oportunidad de rectificar o matizar y no quiso hacerlo.

Para algunos, sobre todo para Junts, este es uno más, quizá el más hiriente, en la lista de insultos que Rufián (y otros de ERC también) prodiga a Carles Puigdemont. ¿Se habrán sentido agredidos los más de dos millones de personas que votaron el 1 de octubre en las condiciones de represión policiaca que la mayoría no habrá olvidado? Se han publicado cartas al director pidiendo, no ya una rectificación, sino su abandono de la política.

El president Aragonés inmediatamente le desautorizó en el Parlament. Rufián acabó pidiendo perdón y disculpas a la tercera (y hay quien habla de su media sonrisa mientras lo hacía). Un par de días después, Junqueras mostró "toda su confianza" en Rufián, y afirmó estar muy orgulloso de él porque "sabe rectificar". En este mismo acto de presentación de la cabeza de lista de su partido para el ayuntamiento de Mataró, animó a los miembros de la formación local a sumarse al objetivo de conseguir "grandes mayorías" para sacar adelante proyectos "ingentes" como la independencia de Catalunya. No olvidó contar que "algunos hemos sacrificado lo mejor que teníamos, nuestra libertad". ¿Era una crítica a los que fueron al exilio? Conviene recordar que cuando Junqueras se encaminaba a la Audiencia Nacional, su acompañante y asesor, Sergi Sol, le tranquilizaba asegurando que no entraría en prisión y que si lo hacía sería por muy pocos días. ¿Una penitencia mal calculada?

¿Sólo se ha tratado de un insulto, más o menos grueso y aislado? Rufián, el alter ego de Junqueras, disparó la anterior andanada no hace demasiado aprovechando las supuestas vinculaciones del entorno de Puigdemont con Rusia que la prensa estaba pregonando: "Los señoritos de la órbita independentista que se creen James Bond". La Vanguardia (18 de marzo) explica que "el mensaje de fondo fue consensuado por ERC". Rufián y ERC se están ganando la futura alcaldía de Santa Coloma de Gramanet. Una salida personal (para cuando ya se esté acabando el gobierno español más progresista de la historia) y un trofeo para Junqueras y Sergi Sol, y así continuar narrando los éxitos de la política de "ampliar la base".

Para algunos analistas (como Bernat Dedéu, en elnacional.cat), el celebrado insulto hay que leerlo desde una perspectiva estratégica. El objetivo de ERC (para satisfacción del PSOE) habría que situarlo en relación con el previsible amparo que la justicia europea dará próximamente a Puigdemont y que le permitiría regresar sin pasar por la cárcel. Un regreso triunfal del president del 1-0 no es un plato de gusto para algunos, un regreso que recordaría a más de uno el impacto internacional que hubiera representado todo un gobierno catalán en el exilio defendiéndose del Estado español y luchando por la democracia.

Rufián, tratando a Puigdemont de loco (es el significado que otorga la RAE a "tarado"), cierra el círculo que empezó hace cinco años con el tuit de las monedas. Del Judas Puigdemont (el traidor por antonomasia) al loco Puigdemont que se obstina en Waterloo por mantener el Consell per la República, pasando por el cobarde Puigdemont que se escapó a Bélgica (a condición de olvidarnos de Marta Rovira, que sigue cobrando en Suiza, se supone, por su cargo como Secretaria General de ERC), sin dar tregua al hiperventilado Puigdemont (aunque fuera Junqueras quien clamara aquello de "dadme 168 escaños y proclamo la independencia", un 25 de junio de 2013), y señalando al "señorito" prorruso en plena invasión de Ucrania. El mismo Rufián que hace años se presentaba diciendo "soy charnego y independentista", y que de regreso a la casilla de salida  presume de no ser "ni nacionalista ni independentista". Raro, raro...

El giro de 360 grados de Rufián no es otro que el de Junqueras, el líder incombustible del equipo que dirige Esquerra Republicana desde el congreso "a la búlgara" de 2011. El único que ha sobrevivido al "procés" (con Ada Colau, otra excepcional estratega).  Por el camino han quedado los cadáveres políticos de Durán i Lleida y de su histórico partido (UDC), de Artur Mas y del partido que gobernó más de 20 años (CDC), de los socialistas José Montilla (2000-2011) y Pere Navarro (2011-2014), y de un carbonizado y reconvertido ministro de Cultura sin titulación universitaria, pero reconocido artista de los bailes de salón, Miguel Iceta (2014-2021). También tenemos la larga lista de dirigentes cuperos que ya nacieron con fecha de caducidad programada. Por su parte, Carles Puigdemont, a fin de cuentas, también ha tenido que retirarse de la presidencia del nuevo partido, Junts; el mismo camino que ha seguido su secretario general, Jordi Sánchez. En el campo de la derecha se cayeron de su montura, Sánchez Camacho y Albiol del Partido Popular; y de Ciudadanos ya desapareció de la escena Albert Rivera, quedando Arrimadas para administrar la extinción de su partido desde la capital del Reino.

Oriol Junqueras ha regateado todo el proceso soberanista y promete mantenerse al frente de ERC; hasta lograr presidir la Catalunya autonómica o lo que sea, su único y auténtico objetivo vital. ¿Cómo ha logrado sobrevivir? Poniéndose de perfil a menudo y maniobrando con suma destreza jesuítica.

Sigámosle. Arranca el "procés" en 2010 con la gente protestando en una gran manifestación convocada por Òmnium Cultural por la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto de Autonomía. En la Diada de 2012, la presión redoblada de la calle (un millón y medio de personas según la Guardia Urbana y el Departament de Interior) obliga a los partidos y a los políticos a posicionarse. Algunos hacen mutis, otros disimulan, los hay que se unen arrastrando los pies y no faltan los que se comprometen hasta las últimas consecuencias. Estos serán los que tirarán del carro. Hasta aquel momento, el independentismo solo estaba representado explícitamente en el Parlament por los cuatro diputados de Solidaritat Catalana per la Independència, obtenidos en noviembre de 2010. Por lo demás, algunos versos sueltos, buenas intenciones y bastante postureo cargado de retórica.

Primera etapa. ERC se postula. Nadie es más independentista que Junqueras. "Dadme 168 diputados. Etcétera". A continuación (estamos ya en 2017), el líder (que no todos en su partido, por supuesto) convencido de que la independencia está condenada al fracaso, se reserva cuanto puede y apuesta por dejar que Puigdemont y el conglomerado heterogéneo que le sigue (desde exconvergentes hasta activistas de la izquierda independentista, pasando por democratacristianos, exERC, socialdemócratas e independientes diversos) se quemen, bien porque no se atrevan a dar el último paso, bien porque la reacción española la impida frontalmente. Si por casualidad la independencia prospera (mucha casualidad sería porque él no tenía la Hacienda del nuevo Estado preparada), nadie más independentista, republicano y de izquierdas que Oriol Junqueras.

Paso siguiente. Reconocer que "todos" han cometido un error y hacer suyo el análisis de la derrota que tempranamente publicó Jordi Muñoz (el 11 de noviembre de 2017), el politólogo al que el actual gobierno de Aragonés pone al frente del CEO, organismo encargado de ir certificando la desmovilización del soberanismo.

A renglón seguido, campaña para denunciar a los hiperventilados del independentismo "mágico" y reclamar para su partido el pragmatismo que la nueva etapa exige. El seny ha regresado. Se encarga a Aragonés que ponga negro sobre blanco el nuevo objetivo estratégico en su libro "Pere Aragonés, el independentismo pragmático" (2020). El ya actual President de la Generalitat (esencialmente, un hombre de partido) afirma: "Hemos de ser el 70%-80% a favor (de la independencia) y entonces podremos decir (a España): "Ahora sí que os parece bien poder hacer un referéndum sobre la independencia?" Cuánta densidad reflexiva y profundidad estratégica. ERC ya se ha posicionado como la fuerza política independentista realista, pragmática, moderada, dialogante. Y surrealista, porque la mayoría de los que están en contra de la independencia son los nacidos fuera de Catalunya, y están en contra porque son españoles. Las encuestas explican perfectamente todo lo que ello supone políticamente ahora y en un futuro previsible. Y, por añadidura, el Reino de España no acordará un referéndum de autodeterminación ni con el 80% ni con el 125%; y en ningún caso si se ha renunciado a la vía unilateral. Una ingenuidad insólita en un gigante de la política como Aragonés; y por ello imposible de creer.

Otro pasito. Quedan segundos en las elecciones de 2021 (tras el PSOE-PSC) después de haber dejado a Torra colgado del palo de la bandera y de las pancartas. Queda confirmada la bondad de la estrategia; aunque solo con un escaño más que JUNTS. Su candidato presidirá la Generalitat gracias a la mayoría absoluta lograda con su socio de gobierno (Junts) y con el respaldo de la CUP. A navegar y brujulear...

Sigamos. Defensa de una Mesa pomposamente bautizada de Dialogo, Negociación y Acuerdo (febrero de 2020), en la que ERC reclama un referéndum pactado y la amnistía, y que solo se ha reunido cuando el bautizo y solo una vez más 18 meses después; porque cuando no llueve, hace sol. Pero ponen banderitas y se hacen fotos muy chulas (para el consumo local). Sin embargo, hay que entretener a las bases: Junqueras "está convencido de que ERC convencerá al estado español en la mesa de diálogo", según sus declaraciones del pasado 22 de junio. Insólita candidez. Raro, raro.

Preparando el final de trayecto. 1. Aislar y boicotear al Consell de la República y al loco que lo preside, dejar a Junts sin su principal activo electoral (con la colaboración entusiasta de casi todos). 2. Contribuir a que la derecha autonomista ocupe un espacio en el Parlament con el electorado independentista más conservador y desmoralizado. 3. Seguir "ampliando la base" hasta consolidar la hegemonía relativa en el Independentismo, cada vez más retórico.

Game over. Desplazar del debate político y público el eje nacional para darle el relevo al eje ideológico "derecha-izquierda". (Las circunstancias y las crisis de todos los días mandan). Configurar y dirigir un nuevo tripartito de izquierdas con los Comunes y con un PSOE-PSC explícito o implícito o elíptico; cuestión de ritmos, tiempos y según sean y vengan los vientos. Y así ir preparando la independencia...ad-calendas graecas. El independentismo en diferido o el síndrome de la rana hervida. Madrid respira aliviado

Coda. El argumentario de ERC para dar el nuevo salto adelante una vez que la derecha gane las próximas elecciones generales (a celebrar en 2024 como máximo) y con la Mesa, el Dialogo, la Negociación y el Acuerdo bien enterrados, ya debe estar redactándolo algún avezado y hábil escribidor. La culpa habrá sido de... Carles Puigdemont. ¡Y a salvar la Gestoría, el pan nuestro de cada día! Amén.