Rosas y espinas

#SexopaRato

 

Los antisistema, indignados, parados, excluidos, dependientes, pensionistas, homosexuales, enfermos, ex investigadores y otros desclasados afirman constantemente que el Congreso de los Diputados no los representa. No se están enterando. Barrunto que no tienen tiempo para ver la tele porque están haciendo economía sumergida o especulando con preferentes. Yo estoy enganchado al canal 24 Horas, donde te echan todo el Congreso de los Diputados. Es como un Gran Hermano con más ropa pero sexo más explícito. El canal 24 Horas es un despelote todo el rato. De ahí su nombre.

Es sabido que el Canal 24 Horas tiene cámaras ocultas en el Congreso de los Diputados, y el jueves me enganché a un debate sobre sexo que duró más de seis o siete horas. Hay pocos parlamentos en Europa y en el mundo donde se hable tantas horas del arte de amar, de las relaciones libres, de engaños, de fidelidades, de preservativos con ADN ajeno y de besos de rodillo parlamentario. Y eso demuestra la madurez y contemporaneidad de nuestra núbil democracia.

Para tratar este asunto del sexo, tan demandado por los ciudadanos en estos tiempos de placidez, nuestros electos convocaron el jueves a uno de los mayores expertos del mundo de la concupiscencia. El superdotado maestro de la lengua, y nunca suficientemente desvestido, don Rodrigo Rato. Alias Buen Rato para sus partenaires.

El sexólogo Rato, quizá parafraseando al fallecido senador Camilo José Cela, nos dijo en sede parlamentaria que hay que admitir con naturalidad el hecho de que el sexo sano es un intercambio desigual entre el que está jodido y el que está jodiendo. No hay que acomplejarse. Supresión de las ayudas a la dependencia.

Si usted, por ejemplo, está jodido, debe comprender que los que le están jodiendo pueden sufrir una "reducción de expectativas de crecimiento", como textualmente dijo Rato, y dejarle insatisfecho por falta de crecimiento de la lasciva entidad. O sea, que es obligación de usted pagar la píldora azulona de dichas "expectativas de crecimiento" si desea alcanzar la erección total de la entidad y disfrutar de su clímax (el de la entidad). Copago sanitario.

También es cierto, jodido o jodida ciudadana, que a principios de 2011 el Consejo Europeo exigió al venal Rato "un colchón adicional de capital", porque el señor Rato no se lo iba a hacer con usted en la acera, y ese colchón, coño, tiene que pagarlo quien lo disfruta. O sea, usted. Subida del IRPF.

Ha dicho también el señor Rato que "no hay agujeros ni pérdidas", único particular en el que debo mostrar precavido desacuerdo, pues al existir jodiente y jodido, como los hechos confirman, algún agujero ha de haber, y todo agujero conlleva alguna pérdida una vez penetrado. ¿Son matices? Pues sí. Matices nada más. Porque, quizá, los abuelos llevan 60 años cotizando. Pero déjate. Sexo libre. Recorte de las pensiones.

De todos es sabido que Rato carece de agujeros, como demostró en su comparecencia del jueves. Pero el resto de los humanos tenemos un montón. En mi cuerpo sumo seis a bote pronto. Contando una herida de bala. La que no me han curado tras el pistoletazo a la investigación.

Por último, hablar del agujero popular. Del agujero común. Del agujero del ciudadano. O sea, del agujero de usted. Resulta que a usted, como ciudadano, le asignan un agujero de 23.000 millones de euros, lo cual es valorar al alza su ya de por sí valioso sexo. Pero no se me crezca. Sucede que su tan aclamado agujero se valora en tal cifra como "adelanto por los posibles deterioros futuros", en palabras del doctor Rato. Sí. Su agujero va a sufrir "posibles deterioros futuros", señor o señora jodidos. Como todos nuestros ciudadanos agujeros. Es ley de vida. Nadie conserva los agujeros prietos durante el tiempo suficiente. Y hay que garantizarle, a los que le están a usted jodiendo, un mínimo de tersura agujeril en el futuro para preservar nuestra especie de obedientes jodidos, generación tras generación: tiene que dejar usted en prenda los agujeros de sus hijos, sus hijas, sus nietos y sus bastardos para que el mundo siga girando alrededor de los jodientes. Subida del IVA y de los impuestos al tabaco y al alcohol, para que no nos podamos morir antes de verlo.

Yo igual hago la revolución y me cambio de chulo, por el bien de mis agujeros, y de los tersos agujeros de los hijos y nietos de mis odiadas ex novias. Caprichos que yo tengo. Porque me da la impresión de que, por ejemplo, el edificio de la Bankia del chulo Rato no está erecto del todo. Lo veo inclinado. Sexológicamente hablando, para mal. No lo suficientemente tieso para la jodienda.

Siempre me produjo cierta desconfianza su flacidez, su postración arquitectónica, su escasa verticalidad.  Creo que si nos unimos unos cuantos ciudadanos y empujamos la torre inclinada, podremos enderezarla. Aunque a lo peor se nos desploma algún sexólogo de las plantas altas. Daños colaterales. Cosas que ocurren. No hay amor sin sábanas manchadas. Y todos queremos #SexopaRato.