Rosas y espinas

La tele social del PP

 

 

Ahora que en la TVE manda el PP, los programas más sociales, vindicativos y revolucionarios vuelven a estar en manos de la gente que sabe de eso. O sea, los nobles. Nuestra televisión pública acaba de fichar, para un programa de denuncia social de La2, ni más ni menos que al heredero del condado de Donadio de Casasola, menos conocido como Bertín Osborne, para dotar a la cadena de contenidos arrabaleros y explicar lo bien que viven los enfermos de sida extranjeros cuando les quitas la seguridad social. El programa que dirigirá este reconocido intelectual se emitirá los domingos bajo el título Un mundo mejor, y nos contará las tragedias cotidianas del español con crudeza, sin tapujos ni censuras y con la objetividad como espoleta.

La elección de Bertín Osborne demuestra, una vez más, que nuestro PP es el partido obrero español, el que se preocupa del ciudadano de a pie cuando se baja del BMW, y el que menos capacidad tiene de disimulo.

No es casualidad la elección del futuro conde de Donadio de Casasola para explicarnos en la tele cómo sobreviven nuestros pobres de pedir, como tampoco fue casualidad el nombramiento de Soledad Becerril, marquesa de Salvatierra, como Defensora del Pueblo.

La izquierda de este país, en cuanto pilla cacho y poder, se empeña en querer enseñarnos cómo se trata a los pobres, cuando de toda la vida han sido nuestros nobles los que organizaban mercadillos benéficos para indigentes y los que más limosnas daban a las puertas de las iglesias. El conocimiento que el noble español tiene del pobre es, por tanto, producto de un acercamiento directo, de una meditada investigación del lumpen, y de una sensibilidad especial para reírse del dolor ajeno. Sabe mucho más de la pobreza el que dona una limosna que el que la recibe, de ahí que pocos indigentes españoles hayan organizado colectas y mercadillos para paliar la agonía judicial de nuestro asediado duque de Palma, por ejemplo.

No todo el mundo tiene el coraje en España de sostener un título nobiliario, con toda la pesada carga revolucionaria que eso conlleva. Y por tanto, es difícil encontrar gentes suficientemente preparadas como para conducir un programa de televisión de corte tan combativo como será Un mundo mejor.

 Hace ya casi 40 años, las agónicas autoridades franquistas de Asturias quisieron otorgarle el condado de Luarca a nuestro premio Nobel Severo Ochoa. Para sorpresa del gentío, el investigador rechazó tal galardón. La prensa internacional interpretó este rechazo como denuncia contra un país donde la ciencia y la cultura eran estigmatizadas y perseguidas, ya que Ochoa, en 1956, había adoptado la nacionalidad estadounidense para poder ir y venir, desde el exilio, sin que lo trincara la policía político-social por vestir bata, y además blanca, en el lugar de trabajo.

Lo que vino a dar a entender la prensa del régimen, con razón, es que a Severo Ochoa le faltaron cojones para ser Grande de España, como Bertín Osborne o Soledad Becerril. Cualquier español que se ponga un rato, te descifra la cadena del ácido ribonucleico y en el minuto que le sobra acierta una de catorce. Lo difícil es tomarse un solysombra sin toser, decirle a tu propia que no te gusta que a los toros se lleve la minifalda, y cantar Dos corazones y un destino sin que te dé la risa.

Con este nombramiento, La2 da un cambio que debemos aplaudir, pues el pensamiento español está mucho mejor representado por Bertín Osborne que por Severo Ochoa u otros personajes de documental. Hay que agradecerle al PP su transparencia, ya que decisiones de este tipo demuestran al populacho cerril que ellos no esconden sus afinidades intelectuales, sus gustos estéticos, ni sus paradigmas éticos, en este caso focalizados en la incontestable figura de Bertín Osborne presentando un programa de denuncia social.

Ahora ya solo falta que pongan a un tiburón financiero locutando los documentales de fauna y flora de La2. Y explicándonos, con una gran sonrisa, que el pececillo somos nosotros.