Rosas y espinas

Cospe sí me representa

Esta semana he escuchado hablar y callar a mucho espectro de la sociedad española sobre eso que llamamos política. Que dicen que está muy desprestigiada. Lo de espectro lo utilizo en el sentido gráfico, no en el fantasmagórico, pues para ser un espectro hay que tener bastante clase. Y, como el despiadado lector intuirá, esta columna nombra a otro tipo de fantasmas.

Si aislamos esta semana del resto de nuestra historia, observamos en España una solidez ideológica que ya quisieran para sí muchos países de nuestro entorno. Ayer mismo, a mí se me hizo mucha luz sobre la propuesta de Dolores de Cospedal de quitarle el sueldo a los políticos. Fue viendo al ex político y ex tonadillero consorte Julián Muñoz, en un juzgado de Málaga, explicarle a su señoría que su sueldo era lo de menos. Que recibía 300.000 pesetas mensuales, de las de 1991, de una empresa municipal. Y, a partir de 1993, 400.000 pesetas más de otra empresa pública. Además de inopinados aguinaldos de un millón de pesetas que, de vez en cuando, le metía en el bolsillo el inefable Jesús Gil, que cual Gil Campeador sigue cabalgando su Babieca de corrupción ante los españoles ocho años después de muerto. Uno sospecha que el problema de Cospedal es que solo ha tratado con políticos de la valía de Julián Muñoz, y por eso considera un dispendio que los diputados se lleven a casa un sueldo cocido, además del que se llevan crudo. La idea es normal en una chica a la que han nombrado secretaria general de un partido que, en Valencia, tiene tantos diputados imputados en casos de corrupción que, solo con ellos, podría montar grupo parlamentario propio.

Y no exagero.

Como dijo Noel Clarasó, nuestro Oscar Wilde catalán de pre y posguerra, "un hombre de Estado es el que pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas". Como en España respetamos nuestro esperpento en sus unidades dramáticas de tiempo y espacio, como cualquier clásico haría, fue también en la misma Audiencia de Málaga donde escuché unas reflexiones de Isabel Pantoja que me hacen maliciar que Cospedal aun se ha quedado corta.

El abogado de la Pantoja, José Ángel Galán, primero expuso ante el juez el caso de Cristina de Borbón, vocal del Instituto Nóos y socia de la también polizona Aizoon, a quien ni siquiera se ha llamado a declarar por haber trincado unos millones. "Lo que nos vale de control de legalidad de la petición nos vale de aplicación por analogía a este caso", dijo el gramaticalmente inextricable abogado. Así que traduzco tras consultar con varios latinistas. O sea, que el abogado está llamando a Cristina análoga de Pantoja. Que la Pantoja es igualita a la Cristina, y por eso tampoco tiene que declarar. Te pasaste, macho. Yo creo que exageras.

Isabel Pantoja ha sido elegida espontáneamente por el pueblo como reina de la copla. Y, además, reina es mucho más que infanta, como sabrá incluso mi admirada Cospedal. Cristina de Borbón, que yo sepa, no ha ganado un disco de oro ni unas elecciones en su vida. Así que no merece el mismo trato, y yo, como demócrata, prefiero que no declare la Pantoja y sí declare la Cristina.

A lo que voy. Si los diputados manchegos pueden vivir sin sueldo, ya que siempre habrá un Jesús Gil que les dé sobrecitos, no digamos nuestras infantas y príncipes, nuestros reyes y reinas, que nos cuestan al año ocho veces más que lo que Cospedal nos va a ahorrar, obligando a sus diputados a administrar 8.000 millones de euros de presupuesto de la comunidad manchega, por amor al arte y en sus ratos libres.

-¿Ande vas, Manolo? ¿No has acabao ya con los guarros?

-Acabé, mujer. Acabé. Pero ahora tengo que ir pa Toledo a administrar 8.000 millones de euros.

-Nos ha jodío en mayo.

-Las aficiones no se eligen. Otros, en sus ratos, juegan a las preferentes.

Deliciosa estampa carpetovetónica. Que debería extenderse a todo nuestro espectro social y cultural de Carpetovetonia. Por ejemplo. Lo de ser rey también debería ser una afición, un hobby, como Cospedal pretende con los políticos.

Y, por qué no, también habría que extender dicha medida a nuestros respetables banqueros rescatados, pues si dejamos sin sueldo a los políticos y con remuneración a los banqueros rescatados y a los reyes y príncipes, a lo peor estos, en un ejercicio de irresponsabilidad patriótica, deciden tomar las riendas del país en sus remunerados ratos libres, y eso nos conduciría otra vez a la riqueza descontrolada, al dispendio del pueblo, al cachondismo abortista y a desahuciarnos por encima de nuestras posibilidades. ¡Un sindiós!

Y hablando de dioses... ¿Alguien ha leído en el Nuevo Testamento u otros escritos sagrados alusión alguna a la nómina de Cristo? ¿Qué IRPF le retenían? ¿Qué cuota de autónomos le cobraban por el pingüe negocio de transformación industrial de agua en vino durante las bodas? La religión, la enseñanza de la religión, también ha de ser un hobby de los ratos libres. Y las visitas del Papa, una afición del Pontífice. Un turismo. Y que no nos cueste un chavo. Y las reuniones del G-20, ya no te digo. Tíos ricos que, como hobby, desarreglan el mundo en hoteles siete estrellas.

Yo abrazo la Ideología Cospe desde este momento. Que todas las instituciones políticas, bancarias, monárquicas, militares, religiosas y policiales sean ejercidas por señores no remunerados que tienen un hobby. Ya verán cómo los de pueblo, al final, encontramos una manera de que nuestros representantes, los políticos de afición, atisben una vía honrada de no pasar hambre.

Si mis ideas le parecen afortunadas, señora De Cospedal, admita mi oferta de trabajar gratis para usted los próximos años. Que sé que, frente al millón que se ahorra en diputados gratis, se gasta usted más de millón y medio del erario público en otros asesores nombrados a dedo. Y no seré yo quien alteré su presupuesto. No vaya a ser que se vea usted en la obligación de prescindir del asesor que, por 120.000 euros anuales o así, le sirve su té amargo de las cinco a la hora exacta. No seré yo.