Rosas y espinas

Rajoy, el comunista chino

¡El acabóse! The Wall Street Journal, periódico neoliberal, o sea, muy de derechas, ha comparado esta semana a Mariano Rajoy con un "burócrata comunista chino". Dicen los yanquis que su "obediente estilo político" lo asemeja a los "China's Communist Party apparatchiks". Escarnio de España. Risa en Gibraltar. Nunca la lengua de Shakespeare se había usado con tal iniquidad. ¿Invadimos USA?

Como español antes que humano, en plan Alfonso Ussía, a mí lo de burócrata y lo de comunista no me duele tan hondamente. Pero que le llamen chino a nuestro presidente es un agravio imperdonable. En primer lugar porque los chinos tienen fama de trabajadores, y Rajoy nunca ha sido un ciclón de músculo, verbo ni sinapsis. En segundo lugar porque Rajoy, salvo cuando está delante de la Merkel, no es de color amarillo. Es más bien tirando a sepia o gris. El único consuelo que nos queda es la certeza de que nuestro presidente no habrá leído el insultante artículo del Wall Street, ya que no sale traducido en el Marca.

Paradojas de estos yanquis, José María Aznar, dueño del dedo sucesorio que designó a Rajoy candidato del PP, es columnista habitual del insultante panfleto neoyorquino y consejero de su grupo editor. Supongo que las altas jerarquías del diario estarán temblando de pavor ante su reacción, que se presupone airada. O no.

Lo que demuestra el artículo del miércoles del The Wall Street Journal es que los yanquis siguen sin enterarse de nada. No comprenden a España ni a los españoles. Nada saben de la existencia de Don Tancredo.

Como los lectores de este panfleto antipatriótico de mierda son mayormente antitaurinos, explicar que Tancredo López, creador del tancredismo, era un señor de principios del siglo XX que salía a las plazas, se plantaba en el medio del ruedo, inmóvil como un mármol, y aguardaba impasible a ver si el toro lo cogía o no. Si el toro no lo cogía, tenía éxito. Y si lo cogía, más.

Rajoy siempre ha sido un tancredo de la política. Tras su paso por innumerables ministerios durante el aznarato, dejó una profunda huella de inacciones, ceceos y balbuceos. Como portavoz del Gobierno, combatió heroicamente el desastre ecológico del Prestige hasta reducirlo a unos ridículos hilitos de plastilina. Y como candidato a la presidencia, se recluyó bajo las faldas de Aznar mientras los palmeros voceaban la culpabilidad de ETA en el 11-M. El día que perdió las elecciones, muchos españoles descubrieron con sorpresa que Rajoy había sido el candidato del PP.

Ahora que gobierna, The Wall Street Journal asegura que lo hace acercándose periódicamente al confesionario del Bundestag y "ganándose los favores de Merkel por la vía de obedecer cada una de sus órdenes".

Lo dicho. Que los yankis, que son una banda de cow-boys, no se enteran. ¿Para qué gobernar si ya te gobierna una teutona con la permanén? Rajoy le está demostrando al mundo que gobernar puede ser una tarea descansada y poco estresante, y a Felipe González que ya de presidente se puede ejercer de jarrón chino. Ahora entiendo el tercer adjetivo de The Wall Street Journal.

Como aspecto positivo, destacar que el editorialista del citado panfleto encuentra al menos un perfil admirable de la forma rajoyana de

ejercer el poder: su innegable jovialidad. "El dilema de Rajoy es el mismo que el de cualquier adolescente: si no estás seguro de obtener un sí, es mejor que no preguntes". Eso. Que de un tiempo a esta parte, nuestros presidentes son como niños.