Rosas y espinas

Ciutadà Sabina


Parda la ha liado don Joaquín Sabina prestándole, para un vídeo electoral, su letra de himno español a Ciutadans de Catalunya, ese partido nacido hace seis años bajo sospecha de tapado pepero, derechón y centralista. Sabina, hasta ahora muso de la zeja, abanderado de aquella revolución que se frustró de zapatista a remendona, recibe ahora hasta los elogios de Pedro J. Ramírez, y eso ha desnortado definitiva y grandemente a las hordas.

La verdad es que el maridaje de Sabina con Ciutadans de cara a las elecciones catalanas del 25-N resulta extraño. Cierto es que Ciutadans se autoproclama de centro-izquierda, que se opuso a la prohibición de los toros en Catalunya (Sabina es ferviente taurino) y que sus principios fundacionales están llenos de edénicas intenciones libertarias. Aunque quizá solo de eso.

Pero alguna rata indiscreta se le ha ido escapando de sus alcantarillas. Cuando nació el partido en 2006, un periódico me mandó a Barcelona a enterarme de qué iba esta gente tan rara y tan nueva. Me subí no sé cuál rambla y en la Plaza de Catalunya me esperaba una docena de chicos y chicas muy aseados, muy juntos, muy cantarines, muy congregación. Parecían un coro de iglesia después del ensayo.

-Oye, pero vosotros. ¿sois de derechas o de izquierdas?

-Nosotros no somos de nada.

Más tarde tuve oportunidad de charlar con Albert Rivera, su carismático líder.

-¿Pero sois una escisión del PP?

-Nada que ver -me vino a decir-. Aquí hay descontentos de todos los partidos.

-¿Y tú no has tenido nada que ver con el PP?

-En absoluto -casi se me ofende-. Nunca.

Meses después, un periódico publicó que Rivera había estado cuatro años afiliado a Nuevas Generaciones. Hasta tres meses antes de ser nombrado presidente de Ciutadans. El propio PP lo confirmó con la hoja de afiliación, aunque matizando que nunca había cobrado las cuotas.

Pasaron varios años y solo los whiskies envejecieron bien. En 2009, Ciutadans se alía, en las elecciones continentales, con los euroescépticos de Libertas, una turbia plataforma ultranacionalista liderada por el no más cristalino ex director general de la ONCE. El inversor  y tertuliano de Intereconomía Miguel Durán. Abundemos: de esta plataforma paneuropea forma parte, por ejemplo, la Liga de las Familias Polacas, cuyos arrebatos xenófobos han sido, incluso, criticados por el tan multirracial como multirracista Vaticano. Unos prendas ultras, en resumen.

Ítem más: Ahora que el Constitucional acaba de refrendar la ley socialista de casorios homosexuales, recurrida por el PP, recordar que Rivera se adhirió en su momento al teorema botellil de las peras y las manzanas. O sea, que este edénico defensor de libertades se opuso a que la entente gay se designara matrimonio.

Ítem más: uno de los más activos ideólogos de Ciutadans, el dramaturgo Albert Boadella, confesó en una entrevista concedida en 2010 a El Mundo su "gran admiración" por Esperanza Aguirre –que le puso un teatro-- y defendió la cultura de la autoridad mamporrera: "El mamporro es lo más natural", dijo.

Pues a este extraño vardo –que es como se dice caravana en romaní-- se nos sube ahora el bardo Joaquín Sabina, andaluz ubetense de Jaén, aceitunero altivo cuando la aceituna flota en un martini, superviviente de la orquesta del Titanic, poeta diecinueve días al año y autoproclamado Lucifer en sus correspondientes 500 noches.

Se comprende la estupefacción de los sabineros más ortodoxos, que han llegado a crear un grupo en las redes sociales bajo el lema "Señores que parecían progres hasta que les preguntaron por el derecho a decidir de Catalunya". Un listo hasta ha llegado a anunciar que el próximo disco de Sabina se titulará Psicofonías.

¿Dónde está, entonces, Sabina? Pues no se sabe. ¿Y para qué saberlo?

"Qu' je m' démène ou qu' je reste coi 

/ Je pass' pour un je-ne-sais-quoi!"

No recuerdo si fue Chaplin o Picasso quien dijo: "Reivindico mi derecho a equivocarme". Equivócate, Joaquinito. O acierta. Yo no sabía que la verdad o la mentira duraban un segundo. Tampoco sabía que la libertad es ese breve lapso entre la almohada y el despertarse. Ni que, a la vejez, vihuelas. Yo no sabía que la primavera duraba un segundo. Cantemos lo que queramos, Sabinita. Pues lo único que perdura del circo es el olvido. Y ya nos lo merecemos.