Opinion · Rosas y espinas

Hoy soy independentista

Hoy tengo el cuerpo de ser independentista catalán, ya que estamos en jornada de reflexión. También me daría gustillo ser hoy independentista biafreño, de Biafra, pero me falta melanina. Creo que, si me pongo, hoy quiero ser independentista de cualquier lugar. Y si lo pienso un poco más, cosa a la que no acostumbro, aspiro a mi nacionalidad personal. Me proclamo malvariano. O quizás anibalesco. Es muy fácil ser de un sitio. Lo difícil es ponerse el gentilicio. Una vez que tienes el gentilicio, ya puedes ir a cualquier lado siendo nacionalista. Y sin complejos.

Ahora que parece que se ha descubierto vida en Marte, espero que no sea vida inteligente. Por el bien del planeta rojo. Y por el bien de los marcianos. La supuesta vida inteligente, también llamada ser humano, se cree que es de un sitio, y basándose en esa certeza geográfica pone bombas en el sitio de al lado. Hoy es año 2012. O sea, llevamos unos cuantos milenios de cultura. Y sin embargo seguimos siendo de un sitio. Y enemigos de otros sitios. Yo, en mi cortedad, creo que la cultura es vagabundear. Que lo único que le debes al lugar en donde naces es que te marca el punto exacto de donde debes de huir. Yo creo que el hombre es un viaje, y estoy de acuerdo con los de Bilbao cuando dicen que los bilbaínos nacen donde les da la gana. Sobre todo si no vuelven a Bilbao.

Por eso me horrorizó un titular que daba ayer este periódico. Decía: “La izquierda radical europea retoma el impulso tras el 14-N”. Que se le llame izquierda y se le apellide radical, pase. Pero lo de europea me parece insultante. Yo nunca he sido europeo. Yo nunca he sido de un sitio. Yo soy de una idea. Y si me demuestran que era una mala idea, la cambio. Es la izquierda. ¿Radical? Perfecto. Y punto.

Cuando era joven y estúpido, no me importaba ser europeo, porque pensaba ilusamente que Europa iba a irradiar la liberté, la égalité y la fraternité por todo el planeta. Ahora que soy viejo y estúpido, me doy cuenta de que necesito ser de un sitio más grande que Europa, porque la liberté, la égalité y la fraternité no caben en un solo continente. Son demasiado enormes. Pero para mi negociete de import-export de caramelitos de liberté, égalité y fraternité me hace falta un pasaporte que caduque a cada paso. Un pasaporte que te prohíba volver a los lugares en los que ya has vivido.

A lo que íbamos. La izquierda radical europea no ha retomado ningún impulso. Sencillamente, ha salido en los periódicos. La gente en Europa vota a la derecha. ¿Cómo se explica que en Grecia, muerta de hambre y de frío, haya ganado la derecha? Porque no hay izquierda en Europa. Porque izquierda es antónimo de miedo. Y Europa ha logrado la democratización del miedo. Gracias. Mañana también se va a ver en Cataluña. Ya dije arriba que hoy yo tengo el cuerpo independentista. Independientemente de lo que ocurra, yo voy a seguir siendo de ningún lugar, de ningún trozo de barro. Prefiero haber nacido en una idea. Vivir en una idea. ¿Izquierda radical? Vale. La izquierda es la mano con la que no pego a nadie, y radical viene de raíz. Esa es mi república. En el lugar, en el país, en la aldea, en el trozo de barro en el que anida mi independentismo, que me entierren.