Rosas y espinas

El pelo de tonto de Cristóbal Montoro

Cristóbal_Montoro_croppedCon más platillo que bombo, ya que es un hombre delgado, nuestro hacendoso ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, acaba de anunciarnos a los españoles que va a contratar a un grupo de expertos para que asesoren al Gobierno en la reforma de impuestos que se prevé para 2014. Por fin se ve una línea de gris esperanza en nuestro horizonte, dado que este tipo de consejos de sabios suele vestir y pensar de gris. Echándole un par de ojones, pues Montoro al anunciarlo nos miraba a los españoles con sus ojos serios y fijos a la cara, ha pronunciado estas siguientes y hasta textuales palabras: "Anuncio la formación de un comité de expertos para que asesore de manera independiente al Gobierno en materia de reforma de todos nuestros impuestos, de todo el conjunto del sistema tributario".

A mí me parece cojonuda esta medida recién adoptada por nuestro amado ministro. Y, estrategia idénticamente inteligente, le comunico desde esta columna al director de este periódico, Carlos Enrique Bayo, con respecto a mi trabajo: coleguita, necesito que contrates a un comité de expertos para escribir mis columnas, porque yo no soy capaz de hacer la mía. Yo seguiré cobrando, a pesar de que con esta petición pongo de manifiesto mi incapacidad, mi idiotez, mi absoluta idiocia. Pero necesito a esos expertos. Soy incapaz de escribir mis columnas. Te va a salir un poco más caro, y quizá tengas que despedir a una docena de redactores, pero, a grandes males, como yo, grandes remedios. No deseo sugerir con esto que Montoro sea un gran mal. Hablo de mí, dice mi novia. Y también lo dice mi director.

Con su comité de sabios, el ministro Montoro, además de repartir unos euritos entre sus sabios colegas, nos demuestra que un ministro no sirve para nada. Uno pensaba, en su estulticia, que eligiendo diputados, concejales, presidentes, cargos y etcétera escogía a los mejores representantes, a los mejores valores de la economía, la cultura, la hacienda, el deporte, la educación, la igual da (como dicen ellos con seis muertas por semana por violencia machista), la sanidad y muchas otras bagatelas. Pues no. Resulta que votamos solo a señores que cobran para encontrar a expertos que busquen soluciones que ellos son incapaces de soñar. Y el ministro Montoro, que debe sentirse cargo medio, necesita como polen de mayo a un comité de sabios que cobran una pasta para decirle lo que tiene que hacer. A mí, como ciudadano, nunca me sobran los comités de sabios en un Gobierno. Pero estas cosas me hacen sentir la desvaída impresión de que me sobra un ministro.

Montoro, que de tonto no tiene un pelo, y por eso quizá se va quedando calvo, nos dice a los españoles que él no sabe, que él no puede, que su labor se limita a buscar a los realmente válidos para su puesto. En política ocurre lo contrario que en las bellas artes. El tonto elige de colaborador al sabio. El desimaginado contrata al imaginador. La chistera contrata al conejo y el conejo manda sobre el mago. No sé por qué, pero algo me falla en esta lógica.

Realmente, para votar a representantes del pueblo que necesitan contratar asesores para que representen al pueblo, lo mismo es más lógico votar a los asesores. Si yo fuera un rojo desharrapado carente de toda inteligencia y privado de cualquier capacidad de raciocinio, diría que un ministro y un gobierno, dotado de un parlamento con mayoría absoluta en el que se sientan 185 cerebros gobernantes cobrando un pastizal y pagando en el bar del Congreso los gin tonics a 3,75 euros, si yo fuera tan tonto, pensaría que esos 185 cerebros no han sido elegidos para reunir a un montón de ignaros que constituyan un montón de comités de sabios que solucionen las cosas. Si me hacéis imbécil y ministro, a un sabio también sé contratarlo yo. Se conoce que no sé de política.

Mis queridos trolls de la derecha me alegarán que lo mismo sucedió con el PSOE, ese partido quizá lejanamente de izquierdas. Cientos de miles de sabios y asesores pegaron los tiros del GAL. Mis trolls tienen razón. Lo digo cordialmente. La cordialidad es el catalizador del entendimiento creativo, que es todo lo contrario a la elección a dedo de un comité de expertos. Sobre todo si el comité de expertos cobra incluso otra pasta. Sobre todo si a ese comité de expertos, elegidos por Montoro, se le califica de independiente.

Independiente es el pueblo cuando elige a sus diputados. Y Montoro ha sido elegido por el pueblo para representarnos, para ser el sabio, para ser el experto, para no pagar favores políticos. En toda esta belleza democrática yo veo un pequeño problema: el pueblo elige a sus diputados, pero los diputados nunca eligen como beneficiario al pueblo. Eligen a unos asesores. A unos supuestos sabios. Quizá, si los que nos llamamos pueblo contratáramos a un equipo de sabios bien pagados, podrían hacérnoslo mirar. Escribirnos un diagnóstico. Proclamarnos terminales. A mí ya me duele todo. Sobre todo el pelo de tonto que se me queda, Cristóbal, tras escuchar que necesitas a expertos. ¿El experto, el ministro, no eras tú? Ah, no. Pues vale. Yo ya estoy haciendo la ola por este comité de expertos que nos van a redireccionar los impuestos hacia la banca y contra el pueblo. Será un comité de expertos tan independiente que hasta lo va a nombrar a dedo un tal Montoro. Ese comité de sabios tiene toda la pinta de independiente, ya que lo elige Montoro. No os podéis imaginar lo tranquilo que me deja el saberlo. Qué independiente, Cristóbal. Mola, o sea, mogollón. Tus sabios independientes y superguais, digo, que nombras.