Opinion · Rosas y espinas

Los borbones, al exilio

centella“La lucha por la Tercera República es real y veremos pronto a los borbones cogiendo el camino del exilio”, dijo ayer José Luis Centella en el XIX Congreso del Partido Comunista de España. Estas hermosas palabras solo tienen un pero: nosotros, el pueblo. El pueblo español lleva años demostrando un rancio inmovilismo, un poner la otra mejilla a cada golpe, una inercia sesteante, un raquitismo revolucionario total. Hasta el 15-M se ha acabado muriendo de éxito, y ya la gente no acude a las manifestaciones ni cuando no hay fútbol. Yo me malicio que Juan Carlos va a morir en el Palacio de la Zarzuela, y que grandes multitudes van a vitorear a Felipe por las calles de Madrid el día de su coronación. Solo hay que recordar aquella papanatada colectiva de la boda de Letizia. Ni un triste Mateo Morral lanzó su ramo de flores aquel amanecer para demostrar algo de fiereza. Un pueblo que actúa así no es un pueblo. Es una caterva de vasallos con cofia.

A nuestra monarquía, además, le ha favorecido el despiporre financiero de los últimos años. Ha generado un clima resignatario instalado sólidamente en nuestra alma colectiva, una casi pasión por lo inevitable, una impotencia sin viagra posible. Si no hemos sido capaces de atizarle ni a un solo banquero ladrón, si hasta se critica a un hombre honesto por haberle llamado gánster a un gánster en sede parlamentaria, ¿cómo vamos a atrevernos a abofetear a todo un rey?

Alfonso XIII se fue de naja por miedo al pueblo. Pero después ese mismo pueblo fue abatido por la oligarquía. Y aquellos hectolitros de sangre derramada y roja no han regresado jamás a nuestras venas. Aquí, el ejercicio de republicanismo más exaltado que hemos visto durante nuestra democracia fue el de Ágatha Ruiz de la Prada acudiendo a la boda de Letizia y Felipe vestida en tricolor republicano. Ágatha estaba monísima, todo hay que decirlo, pero ni al verla así ataviada a Juan Carlos se le pasó por la cabeza lo de abdicar. Se le pasaron por la cabeza otras cosas, al pillín.

guillotinaCentella, ese hombre sin carisma, ese buen hombre (me parece), es un iluso. O a lo mejor se ha dejado llevar por un latigazo de populismo que no va mucho con él. Además, la historia le ha demostrado ya a Centella que aquí Monsieur Guillotin se hubiera podido dedicar, como mucho, a la encuadernación. La cobardía española aparcó al PCE por aquel PSOE conocido por su pequeñoburgués lema, el verdadero, el que no sale en los carteles: “Cien años de honradez y cuarenta de vacaciones”.

El comunismo español murió, para nuestra desgracia, un día triste de 1939. Se quedaron para siempre sin vientos sus banderas. El orgullo de su rojo se tiñó de colorao, que es como llaman los calés al oro falso. El rojo combativo es hoy solo el rubor de una vergüenza. Parece mentira que en este país, con lo que fue el PCE, la palabra comunista se haya instalado en nuestros diccionarios íntimos más como insulto que como definición política.

El día que muera Juan Carlos es cierto que cambiará España. Pero solo para alegría de los elefantes, pues no creo que a Felipe le permita la doña marcharse por ahí de cacería. El resto, querido Centella, seguirá igual. En plan placidez a lo Mayor Oreja.