Opinion · Rosas y espinas

Los vaporosos

urdanNuestra Agencia Tributaria acaba de darse cuenta de que ninguna de las grandes empresas que pagó contratos y sueldos a Iñaki Urdangarín puede justificar las labores que hacía el balonyerno derecha para merecerse esos dineros. Dichas empresas no ofrecen más que «explicaciones vaporosas» de las actividades del duque, según se informa, lo que significa que en la Agencia Tributaria se ha colado algún poeta. O sea, que a Urdangarín le pagaban por su vaporosa jeta, como nos ocurre al noventa por ciento de los asalariados españoles. Por no hacer nada. Las grandes empresas nacionales, sobre todo las privatizadas en estos años neoliberales que nos ha tocado vivir, no paran de hacernos favores a todo el mundo. E Iñaki Urdangarín no iba a ser una excepción.

Antes eran los reyes y los políticos los que daban limosnas a los pobres. Ahora resulta que son las grandes empresas las que tienen que arrojar monedas, frente a las puertas de las iglesias, a nuestros monarcas y ex presidentes, de mal que se ha puesto la cosa. En esta vaporosa generosidad empresarial no hay que buscar delito alguno, como quieren hacer nuestros recalcitrantes republicanos. Yo creo que si se analizaran también los sueldos, por ejemplo, de José María Aznar en Endesa, o de Felipe González en Gas Natural Fenosa, no habría técnico o trabajador que pudiera encontrar más que motivos vaporosos para esos emolumentos. En España se paga mucho por lo vaporoso. Pero no vaya usted a exigir un sueldo digno a cambio de poner ladrillos, curar un cáncer o educar a un niño autista. Es que no me es usted nada vaporoso, y dedica su sangre, sudor y lágrimas a chorradas tan concretas que no merece usted que a usted le paguen. Para ganar un sueldo digno en este país ha de saber ser uno vaporoso, y eso no se enseña en las academias. Lo vaporoso que Natura no te da, Salamanca no lo presta. Y de ahí que los vaporosos talentos sean pagados con más generosidad que el trabajo por parte de nuestra oligarquía financiera.

Si uno fuera mal pensado, a esto de los sueldos y ayuditas por trabajos vaporosos lo llamaría soborno diferido, en plan Cospe o así. Pero es que ya no es ni eso. Es que el estatus se mantiene a sí mismo. Las grandes empresas nacionalizadas pagan a los duques, a los ex presidentes, a los ex ministros y a toda esa ralea porque les da la gana. Las clases ociosas cobran más que un trabajador para que el pueblo llano se siga dando cuenta de que todavía hay clases. No hay que buscarle otra explicación a estos sueldazos que su capacidad metafórica de comunicarle a la sociedad que seguimos siendo gente de orden. A la sociedad y a los mercados, por supuesto.

Porque los mercados también están muy cómodos con estas situaciones, y de hecho no hacen más que exigir nuevos recortes al derecho laboral para todo el mundo menos para los vaporosos. Nadie ha oído jamás a ninguno de los hermanos Lehman pedir que se flexibilice el mercado laboral en el sector de los vaporosos.

A Urdangarín lo han trincado porque no cotizaba ni pagaba impuestos por sus vaporosas actividades, no por recibir dinero a cambio de no hacer nada. Eso no es criticable. En todo caso, podría ser sospechoso. Sospechoso, por ejemplo, de que detrás de esos sueldos se esconde el pago de favores, influencias, sinecuras, licencias y tal. Pero como solo existen pruebas vaporosas de tales posibles pillajes, las cuentas corrientes de los vaporosos continúan engordando mientras tributen un poco por sus vaporosas actividades. Yo de mayor, mamá, quiero ser vaporoso. Pero lo que Natura no te da Oligarquía no lo presta, como bien explicó Mendel cuando divulgó su teoría genética. Y me voy a quedar de currito toda la vida. Pobre.