Rosas y espinas

Ser o no ser escocés

escociaMe ha entristecido enormemente que haya ganado el no en Escocia. Me lo estaba pasando enormemente bien con las vociferaciones de los opinadores sobre las terribles consecuencias de la secesión, de cualquier secesión. Rugían desde las pantallas leonas permanentadas y leones encorbatados argumentando –con más decibelios que ideas— que "unidos somos más fuertes" y cosas así. Pues no. La gallina es más fuerte solitaria que unida al lobo, que tarde o temprano se la come. Y las irreductibles aldeas galas son más fuertes sin la compañía de ejércitos austro-húngaros.

euroEsa soberana chorrada de que "unidos somos más fuertes" es el nuevo eufemismo del pueblo conquistador sobre el pueblo conquistado, tal que está ocurriendo en Europa con, por ejemplo, España. Tú déjate conquistar, que unidos somos más fuertes. Pues a mí, en lo personal, el hecho de ser europeo me está haciendo más débil. Preferiría un poco de soledad. Y eso que soy viajado y leído, y he tenido un montón de amantes de nombres impronunciables, y tengo tantas patrias chicas que verdaderamente no tengo ninguna.

cataluñaHay distintas formas de unir, y esta Europa ha escogido la más fea: la financiera, la especulativa, la explotadora del trabajador, la de fronteras inhumanas. Las células cancerígenas, unidas, también son muy fuertes. Más fuertes que nosotros. Y tendencias cool-secesionistas como las de Catalunya y Escocia son síntomas de que hay gente que no quiere esta Europa, que se la refanfinfla la amenaza de salir de Europa (perdón, del euro, que es el nuevo nombre de aquel viejo continente), que no quiere ser europeo de esta Europa. Yo tampoco quiero ser europeo en esa Europa que pone cuchillas en las fronteras para que se corten los que no son europeos.

Pero insisto, lo que más me preocupa del referéndum escocés no son esas profundidades escolásticas. Sino que, al haber ganado el no, la unión del Reino Unido, se va a diluir aun más el conflicto catalán, y nuestros próceres se van a tener que inventar otra disparatada cortina de humo tras la que fumar sus puros mientras a nosotros nos reducen al estatus de colillas.

Los argumentos que he oído estos días para defender la integridad de Europa han insultado tanto mi inteligencia que les he cogido afición, y voy a tener que engancharme al Wyoming para volver a reír. Echaré mucho de menos todas esas voces enfurecidas y el grito de "unidos somos más fuertes" repicando en mi cabeza a cada paso catódico.

reserYo no quiero esta Europa que mi mirada niña dibuja como una docena de señores de negro enviados por la troika cada cierto tiempo, en plan Reservoir Dogs, y que nos asesinan derechos salariales y sociales con burocrática masculinidad. En algunos países hasta han puesto y depuesto presidentes, lo que me parece pelín antidemocrático, por mucho dinero que se le haya prestado a una democracia.

Uno de los mayores impulsores de esta Europa por la que hoy no voto es el millonario Felipe González, un ex socialista que abandona consejos de administración de grandes empresas porque se aburre. Con la defenestración del socialismo europeo que ejecutaron personas como González, Miterrand u Olof Palme, también se defenestró Europa. Quizá se fortaleció el euro, pero nunca aquella Europa ideada bajo las simples coordenadas de libertad, igualdad y fraternidad que arranca desde el pueblo en la Revolución Francesa. Ahora Francia tiene un presidente socialista que solo le toma la bastilla a los vestidos y desvestidos de ciertas damas.

El fracaso de la secesión escocesa nos ha privado de un buen susto que, quizá, hubiera hecho a la gente replantearse muchas cosas. Replantearse Europa. Quedaría menos Europa, pero tal vez mejor Europa.