Opinión · Rosas y espinas

El “selfie” de la duquesa con Errejón

DuquesaAlba_palacio_dueñasLa actualidad nos ha dejado esta semana un selfie en el que aparecen, juntos y amorosos, la duquesa de Alba e Íñigo Errejón, secretario político de Podemos. Muchas portadas de serios periódicos lo han recogido. Aparece en la foto la dueña de la mitad de las tierras cultivables de Andalucía junto al investigador que cobraba 1.825 euros mensuales de una universidad andaluza. Para no aburrir, los periódicos serios han alabado a la duquesa por lo chic que fue y sigue siendo después de muerta, y lapidado al joven político por compaginar sus labores en el partido emergente con sus investigaciones sobre la vivienda social en Andalucía. Dicen algunas lenguas que Errejón no podía compaginar su sueldo en un partido no subvencionado con su beca universitaria. Dicen que incurrió en incompatibilidades, al contrario que Arias Cañete.

En este país se ponen las lupas, con razonable criterio, más sobre los organismos microscópicos que sobre los gigantes. Ahora Podemos ha iniciado una estrategia de comunicación para evitar sobrexposiciones, porque saben que todo lo que hagan, digan o follen va a ser analizado en el couché por los más tertuliosos intelectuales del reino. Esta preocupación nunca la tuvo la duquesa de Alba, que solo salió en el couché cuando quiso y como quiso, y si salió de otra manera mandó cerrar el couché. Supongo.

Ayer al mediodía, mientras comía en una tasca inmunda, limpia y bella, cometí el error de volver un instante la mirada hacia el televisor, y la TV pública me regaló con un macrorreportaje sobre la fallecida señora bajo el rótulo: “La duquesa del pueblo”. En letras grandes y creo recordar que azules. El rótulo permanecía allí durante minutos y minutos hipnóticos, y acabé por creérmelo, y cuando pedí el whisky de postre no lo hice por veleidades alcohólicas, sino porque es lo mismo que hubiera hecho la duquesa: un brindis por la indiferencia. Pero me da pena el becario de TVE, con sueldo subproleta, que tuvo que teclear sobre la pantalla de su televisón pública el rótulo “La duquesa del pueblo”. En color azul.

De lo de Errejón no me pronuncio hasta saber qué dicen los tribunales, pues yo no soy un infiltrado del chavismo, pero me da la impresión de que su sueldo en la universidad no fue “vamos a ver, eh, la indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido, y como fue una indemnización en difi… en diferido en forma, efectivamente, de simulación de… Simulación o lo que hubiera sido en diferido, en partes de una lo que antes era una retribución…”. Supongo que con esta frase le habrá quedado clara, hasta a Dolores de Cospedal y a su mantilla, la transparencia del contrato de Errejón.

En resumen. Que los medios serios han divulgado en sus portadas de estos días un selfie de la generosa, campechana, mecenas y simpatiquísima duquesa de Alba (3.200 millones de patrimonio, cinco millones al año en subvenciones europeas, guardiana de los jornaleros), junto al perverso y corrupto Íñigo Errejón (doctor sin despacho, 1.825 euros de sueldo, trabajo entregado –confirma la rectora de la universidad de Málaga). Yo creo que este selfie, más que retratar a la pareja, retrata a España.

Malicio que, en las próximas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, se le preguntará al ciudadano español: “¿Le ha dado a usted mucha pena la muerte de la duquesa de Alba o es usted votante de Podemos?”. Y saldrá que en España hay más entristecidos por la muerte de la duquesa que votantes de Podemos, lo que dará un respiro demoscópico al PP y al PSOE.

Si algo hemos hecho siempre bien en España es el ridículo espantoso. Escribimos en los periódicos, en la mansa voz impresa del pueblo, hagiografías de duquesas y necronomicones de chavales idealistas. Alabamos a una señora que se llevaba cinco millones anuales de subvenciones del pueblo y que no tributaba por el 90% de sus posesiones, y le afeamos a un doctor en Ciencias Políticas, un investigador, un estudioso, un sueldo de 1.825 euros (370 whiskies antes de impuestos y en provincias), por cobrar también de un partido que no existía.

Estoy de acuerdo con que Íñigo Errejón se diluya en el olvido si ha cometido algún tipo de irregularidad, que aun no lo sé. Pero disculpadme, compañeros, si me parto de la risa analizando el selfie periodístico de la cándida y límpida duquesa junto al becado y quizá no incorrupto Errejón.

Disculpe si no la he ofendido, duquesa.