Rosas y espinas

Dimite Alfonso Alonso y no me entero

alfComo últimamente ando muy desinformado, aún no me he enterado de que Alfonso Alonso ha dimitido. Jolín, jopé y jová, ¡qué desinformación! Nuestro ministro de Sanidad, Asuntos Sociales y, sobre todo, Igualdad, pagaba como alcalde de Vitoria 7,6 millones de euros de alquiler por unos locales valorados en 2,7, a cuenta de las arcas públicas. Por supuesto no se los pagaba a usted, estulto lector, sino a un empresario. Buenos son los ministros de Igualdad para estas cosas.

Alfonso Alonso se ha convertido así, por sus muchos talentos, en el primer ministro que tiene que pagar de su bolsillo un choriceo sin pasar por los tribunales. Y no es sentencia dictada por jueces bolivarianos o podemistas cual Elpidio Silva o Baltasar Garzón.

La multa de 500.000 euros se la impone al ex o pos dimitido Alfonso Alonso el Tribunal de Cuentas. Que, aunque tenga nombre de caterva de viejas haciendo restas con los dedos, es el supremo órgano fiscalizador de la gestión estatal, y, por tanto, de ese ente tan imaginativamente adjetivado como sector público. Lo de supremo órgano lo dice la Constitución, que yo no tengo tan mala prosa ni hablo de guarradas pornográficas: supremo órgano. Ay, Dios mío.

Vamos a ser un poco claros. Alfonso Alonso ha quedado, más o menos, y sin levantar mucho la voz, como un delincuente. También es cierto que, pocas horas más tarde, la lideresa Esperanza Aguirre fue elegida candidata a la alcaldía de Madrid, pues Esperanza también es muy talentosa para este tipo de arreglos: su valet Granados está en la cárcel y el cerebro de su ilustre tamayazo (un tal Balbás) parece que financió las andanzas del pequeño Nicolás. La vida de Esperanza Aguirre y de sus fortunas y adversidades es una novela anónima —nadie la ha escrito— que sin duda se constituye en la obra cumbre de la literatura picaresca española. Siento mi petulancia, pero los eruditos escriben así. Yo no lo hubiera definido peor.

Alfonso Alonso y sus concejales cómplices han acatado pagar los cuatrocientos o quinientos mil euros (la cifra, a la gente honrada, nos da igual). Un dinero que previamente fue robado a los contribuyentes. Pues era público. Como ni ustedes ni yo sabemos exactamente quién es el contribuyente, pues resulta que vender un edificio por 2,7 millones y alquilarlo por 7,6 con el dinero mío y de usted no es un delito. Pagas 400.000, te vas tan fresco y te hacen candidato. Son sucesos que en los ministerios de igualdad pasan todos los días.

Tengo un amigo camello que se comió tres años de cárcel por tirar una bolsa con diez gramos de coca cuando lo junó la policía. Los diez gramos de coca valen, en el mercado, unos 600 pavos. Yo no sé si es justo o no encarcelar a un hombre por 600 pavos de cocaína, pero de lo que sí estoy seguro es de que un señor debe continuar como ministro de Sanidad después de haber reconocido que ha estafado cinco millones de euros. Inflando un contrato público que paga con sus impuestos la gente que pasa hambre. Y la gente pobre que pasa coca. Si es que a veces nos preocupamos de unas tonterías que no se sabe ni pa qué.