Opinion · Rosas y espinas

Política y mujer

Nuestra lideresa preferida, o sea Esperanza Aguirre, acaba de decir ante los medios, y muy contundentemente, que nuestra segunda lideresa preferida, o sea Mariano Rajoy, le hará la campaña en Madrid para que la condesa alcance la alcaldía. O sea, le obliga a bajarse los pantalones o a desobedecerla. Es un órdago a la más grande de las dos. Llamo a ambos lideresa no por sexismo y tal, sino porque la palabra líder no acepta el uso de la arroba, cual ciudadan@, y elegir el sexo de los líderes se debería de hacer más difícil que dirimir el de los ángeles.

En una democracia tan perfecta como la nuestra es normal que una condesa mande más que un presidente electo democráticamente, cual es normal que en una dictadura una condesa sea menos fusilada que un presidente electo democráticamente, como ocurrió en ciertas fases menos amenas de nuestra historia.

Lo único que consuela al@ español@ razonabl@ de esta situación que están viviendo nuestros dos grandes partidos, es que por fin la mujer está poniendo al hombr@ en su sitio. Susana Díaz tiene agarrado a Pedro Sánchez por la espina de la rosa socialista, y Esperanza Aguirre tiene cogido a Rajoy por la carroña en B que porta la gaviota popular en el pico.

Son las Federica Montseny y Pasionaria –salvando leves distancias intelectuales y éticas– de nuestra política contemporánea.

Ese perfileño mapa con tupé llamado España está cambiando. Aunque sea en la política más rancia, este neopoder femenino tiene un sentido profundo no frivolizante ni frivolizable. Leemos estos días en los periódicos que la violencia machista está creciendo entre los jóvenes a pesar de las campañas orquestadas alrededor de actores, músicos, periodistas, estrellas del cuore, futbolistas, pilotos de fórmula uno y otras gentes de la pomada.

Uno cree, sin certezas, que no es por ahí por donde se empieza a trabajar esto de la igualdad real. Nos sorprende más que un hombre negro haya alcanzado por fin la presidencia de los EEUU al hecho de que nunca haya gozado esa dudosa gloria una mujer. No estaría de más hacer también campañas publicitarias dirigidas a nuestros gobernantes y a nuestros próceres del Ibex denunciando que la ausencia de mujeres en nuestros consejos de administración y gobiernos es también violencia machista.

Por eso me parece que esta secuencia con las sonrisas relucientes de Esperanza y de Susana, alternada con los fotogramas metafóricamente abofeteados de Rajoy y de Pedro Sánchez, es algo más que una doble crisis de poder en los dos grandes partidos. Por no hablar de Tania Sánchez, que se le tiene que estar apareciendo en forma de mancha en el suelo todos los días a Alberto Garzón, en plan fantasma de Canterville. Yo confío en que signifique una crisis más profunda en el modo de percibirnos como seres humanos iguales.

Mientras los hombres dictan leyes de equidad para más tarde incumplirlas, vemos hoy en España un revuelo de feminidad cabreada que evoca a aquella libertad guiando al pueblo que pintó Delacroix. Voy a permitir que os lo cuente mejor Juan Gelman con su Gotán, por si yo no me he explicado bien.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención,
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por última vez.