Opinion · Rosas y espinas

Espe y sus pobres

espeLo de Esperanza Aguirre es para hacérselo mirar. Pero no a la lideresa, sino a ese más del 30% de madrileños que, según todas las encuestas, le van a dar su voto para la alcaldía. Vaticinan al unísono las demoscopias que nuestra condesa consorte va a ser la candidata más votada en la capital. Con este discurso:

“Nuestro lema es ocuparnos lo primero de los que más lo necesitan. Otra cosa es que se haya decidido, no sé por quién, que dormir en la calle está permitido. Y yo esto quiero estudiarlo a fondo para saber cuál es la razón por la que antes venía el Samur social, ofrecía a las personas que quieren dormir en la calle ir al albergue, y si estas personas no querían ir al albergue el Samur social las llevaba, les hacía después no sé exactamente qué, supongo que una valoración sanitaria o lo que fuera, y después de eso se limpiaba toda esa zona. La mayor queja que hay de los vecinos, por la que no pueden disfrutar los parques, los espacios verdes y las zonas libres, es porque hay una serie de personas…. eeehhh…, generalmente de origen extranjero, y muchas veces formando parte de organizaciones que no sé si llamar mafias pero que están organizadas para no solamente sobrevivir, sino también para tener un muy buen vivir a base de estas cuestiones que yo creo que hay que estudiar y que hay que erradicar en Madrid”.

Como buena Gil de Biedma, Esperanza Aguirre maneja el verbo con lirismo y sensibilidad. Su mensaje es claro, contundente, desacomplejado, atiborrado de té con pastas, oloroso de incienso y mirra arzobispal, clasista (cual debe ser una condesa), racista, mentiroso, psicopático, fascistoide y sumamente encantador. La bolidesa de la Gran Vía ya no tiene por qué preocuparse más de redactar un programa electoral para los comicios de mayo: está todo dicho. Quizá la única duda pendiente se resolvería con un simple mapa que nos indicara en qué barrios de Madrid piensa Esperanza erigir sus cámaras de gas, para solaz de algunos ancianos turistas alemanes.

Que un tercio de madrileños esté dispuesto a refrendar este discurso con su voto demuestra la salud de la cultura democrática capitalina y española en general, pues, como dicen los horteras, Aguirre es uno de «los grandes activos» del PP en Madrid, en España y en el mundo entero. Qué tía.

Esperanza, como cualquier erudito de derechas, sabe que la manera más veloz de erradicar la pobreza es erradicando a los pobres, verdadera mafia de “muy buen vivir”. Basta un vistazo a la noche de Madrid para comprobar su avaricia (la de los pobres): su lugar preferido para pernoctar son los cajeros automáticos de los bancos. Su ambición por dormir a la verita del dinero los delata.

Mientras la práctica totalidad de los colaboradores más estrechos de la condesa van siendo erradicados hacia las cárceles, los pobres de pedir se solazan en “nuestros parques, zonas verdes y espacios libres”. El mundo al revés, condesa. Inadmisible. Cualquier día de estos los vemos en el Palace pidiendo un dry martini con unas gotas de Don Simón y sonándose en las mantelerías.

Ya se ha dicho, en algún lugar de este desesperanzado exhorto, que un tercio de madrileños piensa votar a esta señora, a este discurso, a este sermón cristiano con el que el nacionalcatolicismo exalta a su dios castigador y barriosalmantinero. Me gustaría acabar esta oda a nuestra condesa versificando en consonante los parecidos entre Esperanza y Teresa de Calcuta, pero la prudencia me impide encontrar la rima. Adiós, 33 por ciento de votantes madrileños. Espero encontraros pronto por los parques, cajeros y zonas verdes de Madrid leyendo a Scott FitzgeraldTender is the night. Suave sea vuestra noche.