Opinion · Rosas y espinas

Soraya y Cospe

descarga (1)Como España va de maravilla y prácticamente no queda nada por mejorar, en el Partido Popular tienen que inventarse cuitas para distraerse, y qué mejor que enfrentar a dos chicas en el barro y hacer apuestas. Es lo que viene pasando desde hace mucho tiempo con Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Siguiendo una vieja tradición pugilística, ambas luchadoras han sido bautizadas con nombres compuestos.

Al único que no le gusta el combate es a Mariano Rajoy, y ha diseñado una campaña muy coqueta por Castilla-La Mancha para apoyar a su diferida secretaria general. El origen del enfado entre Soraya y Cospedal es un quítame allá esas pajas por no se sabe qué enrevesados asuntos de corrupción que no interesan a nadie. La vicepresidenta ha ido consiguiendo que la plebe la vea como la gaviota limpia de ese Prestige llamado PP, mientras a la secretaria general hasta le crecen plantas edificadas en Génova sin que se haya enterado nadie de quién pagaba el ladrillo.

Se prepara Soraya para la sucesión enfrentándose incluso al jefe, que lleva meses afeándole que azuce a sus allegados contra Cospedal tras la debacle electoral andaluza. Pero las tensiones entre la vice y la secre ya venían de antes. Y tarde o temprano alguna va a tener que acabar como Pacquiao.

Soraya, para la vieja guardia, siempre fue el enemigo interno. Jamás asumió un caso de corrupción sin poner cara de sorpresa y decir alguna guarrería no exculpatoria. No se mojó con Bárcenas ni cuando había que ser fuertes por sms, y ahora se la ve demasiado en la liza por suceder a Rajoy. Soraya es el Albert Rivera del Partido Popular y hasta ella lo sabe.

Al margen de saber cuántos ministros va a terminar en la cárcel, las apuestas sobre Soraya y Cospe fijan el interés de los aficionados populares, seguramente porque seguimos siendo muy machistas y aun nos ponen las peleas entre mujeres.

A Soraya no se le perdona que quiera parecer honrada. No se puede tener el carnet del partido en la cartera y andar insinuando que al lado nunca has llevado un sobre. El PP está tan sucio que ya se comporta como ETA (a ellos les encanta aplicar esta comparación): tienen más peso en sus negociaciones políticas los presos, el frente de makos, que los diputados abertzales.

Cospedal podría intentar simular la actitud inocente de Soraya, pero no la deja el marido. Ignacio López del Hierro gana hoy con su empresa casi 20 veces más que cuando su esposa llegó a la presidencia regional. Pasó de tener una cifra de negocio de 130.000 euros en 2010 a dos millones en 2011. El cargo vino con un pan debajo del brazo, y teniendo dinerito es de tontos no destacar.

La batalla entre Cospedal y Soraya es, en el fondo, un capítulo más de la lucha de clases. Soraya representa a la derecha desheredada y tricolor, y Cospedal a la vieja aristocracia de obispos, mantillas y tonadilleras. Ha logrado la vicepresidenta dibujarse un aura de renovación interna que a Ciudadanos tiene que estar preocupándoles. En el fondo, es una obra maestra del juego político. Si Soraya se impone, mucha gente se va a creer que la pesadilla suiza ha terminado. Porque la derecha tiene muchas ganas y mucha afición a creerse eso. Sobre todo del Ibex 35 para abajo.

El grave punto débil que tiene Soraya es que parece inteligente, y eso no se perdona fácil en muchos hogares españoles.