Opinion · Rosas y espinas

Ay, Podemos

Las encuestas van coincidiendo en que Podemos no va a ganar las elecciones, en que España no va a tener un presidente con coleta ni un ministro que cante en el Eurogrupo o en Eurovisión, que viene a ser lo mismo pero menos desafinado, y aquella ilusión de cambio se nos escapa por el fregadero de la Historia como enjuague bucal. Al final, en cuanto la calle dejó de ser calle y se metió en los despachos, la gente volvió a sus labores y a la Liga, harta ya de cambiar el mundo.

Al votante patrio, lo que le gustaba era ver cómo los UIP de Cristina Cifuentes apaleaban a Monedero y a Pablo Iglesias en la Puerta del Sol, cómo el 15-M debatía con Javier Krahe y con otros minoritarios en la tele de Vallekas, y no las macrocifras y los gramscejos que ahora Íñigo Errejón suelta por esa boquita en TVE1 y en Euronews.

Pocos días después de que Ada Colau ordenara la retirada del busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento, la alcaldesa de Barcelona quiso darse un baño de perroflautas asamblearios en el Raval, y solo acudieron 200 personas. Y los mossos d´esquadra ni siquiera lanzaron una triste pelota de goma contra el ojo de nadie.

Al español le disgusta que sus revoluciones salgan bien, y eso lo venimos viendo desde la revuelta de los Irmandiños hasta ahora. Gustamos menos de los desastres goyescos de la guerra que de la rendición de Breda, y eso es lo que Podemos no ha sabido ni sabrá cambiar.

Lo explicaron muy bien desde Podemos cuando sus primarias no alcanzaron ni una participación del 20% de la militancia: esto nos pasa porque el pueblo está fatigado de tanto participar en la política activa, vinieron a confesar. Y es conclusión, digámoslo suave, muy triste.

Mientras Alemania nos impone su IV Reich con laca y tinte rubio, la ilusión de que el cambio de modelo europeo se active desde la bomba callejera y pacífica española se va difuminando. Aquella línea Maginot se va deshabitando y los futbolines de España recuperan parroquianos a velocidad de vértigo. Va a tener razón Mariano Rajoy: la gente ya percibe que salimos de la crisis. Pero yo creo que al obrero absentista se le escapa que solo hemos salido de una crisis: la crisis del sistema. Que era muy bella y coqueta crisis.

Según el último sondeo de Metroscopia para El País, el PSOE va a ganar las elecciones. Y no sería disparatado pensar que Pedro Sánchez va a gobernar con el civilizado beso de Ciudadanos, ese invento nacido de la banca catalana para desestabilizar la desestabilización. Podemos se quedaría así en flagrante fuera de juego, y posiblemente se desvanecería poco a poco en el olvido. Porque ya se encargarán el ciclo económico y la señora Merkel de repartir entre nosotros, los indígenas, la bisutería de una nueva hipoteca, aunque para un piso más pequeño, y la baratija de un trabajo, aunque recogiendo algodón mientras entonamos blues. Yo me quedaré con las ganas de ver qué iba a pasar, y eso, siento reconocerlo, me decepciona un poco. Así que también me vuelvo al futbolín, que tiran muy bien las cañas y no hay que votar primarias participativas. Se acabo la fiesta callejera: vuelve el plasma.