Opinion · Rosas y espinas

El CIS y la monarquía

 

El Centro de Investigaciones Sociológicas acaba de sacar una nueva encuesta en la que se pregunta a los ciudadanos por todo, menos por su jefatura de Estado. Es como si el cura de las bodas preguntara al final de la ceremonia todas esas tonterías que se preguntan, pero olvidara preguntarle a Manolo si quiere a Conchita por esposa, y viceversa. El rey se convierte así no solo en inviolable, sino también en inopinable.

Ese silencio del poder sobre la valoración que los españoles tengan sobre Felipe VI hace pensar que no están tan seguros de que, con la emérita patada a Juan Carlos I, se haya logrado la tan cacareada  regeneración de la esperpéntica imagen de nuestra monarquía. Pero también, y quizá sobre todo, nos hace dudar del afán de reizquierdización de este nuevo PSOE de Pedro Sánchez. El gobernante, como el sabio, tiene que empeñarse en preguntar mucho antes de aventurar respuesta a nada. El problema con nuestra monarquía, plagiando a Slavoj Zizek, es que aquí no se quiere abordar la dialéctica “padres fundadores/crímenes fundacionales” (Territorios inexplorados, Akal 2017).

Durante 40 años, el bipartidismo y la prensa tradicional han intentado que los súbditos solo nos enteremos de las andanzas de la realeza española por el Hola! Ese vetusto veto, que funcionó bastante bien, se quebró con la entrada en los hogares de la prensa digital. Vamos a echarnos unas cuantas flores:

Público, por ejemplo, ya desde su aparición, tiende a resquebrajar la visión idealizante de la monarquía. En la edición digital de este periódico, el escritor y periodista Aníbal Malvar publicó diariamente un artículo contra don Juan Carlos o contra los miembros de la monarquía”, escribió el doctor en Periodismo, filólogo y genial novelista Daniel Barredo en su libro El tabú real (Berenice, 2013). (Ya os advertí de las autoflores, pero reparad en que no he puesto mi nombre en negrita: me daba cosa, uy).

Pues héte aquí que el CIS de nuestro PSOE continúa anclado en aquel tabú sepia y caudillero, y a Pedro Sánchez no le interesa saber lo que pensamos de nuestra jefatura de Estado. Ni que atisbemos lo que valora la mayoría de nuestros compañeros de viaje a través de este pequeño espacio de la procelosa historia de España llamado democracia. Ser izquierda monarquista es un oxímoron, amigos sociatas. Como ser demócrata que no pregunta al pueblo, apuesto presidente. A lo mejor debíais de cambiar el logo del partido por una corona y una rosa, para que nos aclaremos.

Pablo Iglesias, el otro, el gallego, el fundador del PSOE, lo dejó por escrito: “No somos monárquicos porque no lo podemos ser; quien aspira a suprimir al Rey del taller no puede admitir otro Rey”.

Otro socialista, el presidente republicano y en el exilio Juan Negrín, tampoco sería bien recibido en este CIS del PSOE: “No podemos por ningún concepto admitir, ni siquiera como transición, la Monarquía en España. Pero es que, además, en el sentimiento de todos los españoles, en el sentimiento íntimo y recóndito de todos los españoles, la idea de la decadencia —yo preferiría decir decaimiento— de nuestro país está íntimamente ligada a la Monarquía. Ningún español patriota, conocedor de nuestra Historia, puede ser monárquico sin alguna aberración mental fundamental. Habsburgos y borbones fueron los que condujeron a España a la ruina”.

Ante estas palabras, propongo un pregunta que añadir al próximo CIS mogigato y socialista: ¿padece usted alguna “aberración mental fundamental”? Así perfilaríamos una idea de lo que pensamos los españoles de la monarquía. Os estáis haciendo un Letizia Ortiz, amigos socialistas, y eso solo se entiende por amor.