Opinion · Rosas y espinas

Reconquista yihadista

Si no fuera dramático, resultaría hasta cómico observar cómo nuestra derecha xenófoba, patriotera y reconquistadora ha sido financiada con dineros millonarios de un grupo yihadista ultra. Vaya manera de reconquistar tienen estos pelayos. Quieren tomar Granada con el dinero de Boabdil.

La financiación de Vox por parte del Consejo Nacional de Resistencia Iraní, secta terrorista, es una pirueta informativa tan rocambolesca que resulta difícil de explicar a no ser que nos pongamos conspiranoicos y tremebundistas, y aceptemos la aleve teoría de que la ultraderecha mundial está conspirando desde no se sabe qué teocracias para controlar el mundo, como los malos de Supermán.

Pero si uno observa a Santiago Abascal o a Ortega Smith se da cuenta de que el perfil de malo de cómic lo dan estupendamente. Esto ya no es la lucha de la clase obrera ni otras polladas. Sencillamente, como en Roger Rabbit, los dibus buenos estamos siendo atacados por los dibus malos.

Estamos convirtiendo nuestra historia contemporánea en una sátira reduccionista e infantiloide donde un tipo como Donald Trump es el dibu malo más poderoso del mundo y un fulano como Santiago Abascal va a tener muy pronto su acta de diputado. Resulta difícil pensar cómo hemos llegado hasta aquí. No basta con echarle la culpa a las falsedades informativas de la red. En estos tiempos de ratones enciclopédicos y de clics navegantes, un pueblo que se deja engañar es un pueblo que desea ser engañado. Las fake news o el uso inteligente de las redes sociales solo explican un éxito político desde la dejadez democrática de la ciudadanía. El problema es que se puede diagnosticar a un paciente, pero no al mundo entero, que hoy regresa con alegría al fascismo en EEUU, Brasil, Europa y España. Provoca una intensa fatiga darse cuenta de que, contra esto, no se puede hacer nada. No valen las palabras ni las ideas ni el diálogo. No existe receta contra esa corriente. La tentación de vivir oprimidos es demasiado potente entre las masas. Es el caldo eterno del que beben las teocracias. E, increiblemente, en el siglo XXI siguen reinando la superstición, el amor al miedo, la mendacidad sistémica y hasta los borbones (¿alguien recuerda a un borbón del que se pueda decir algo bueno?).

El pesimismo, como pose, siempre ha estado muy bien valorado. Sobre todo entre los filósofos y los trovadores. Ahora, sin embargo, ya cualquiera tiene derecho a ser pesimista, lo que le quita mucho charme a la desesperanza.

Si Vox y un partido radical yihadista son hermanos financieros, estamos perdidos. En la izquierda ni siquiera son capaces de que Gaspar Llamazares pague las cuotas éticas de pertenencia a un partido. El fascismo unido jamás será vencido. ¿Y la izquierda? Una entelequia. Creo que ya va siendo hora de que nos replanteemos nuestras enciclopedias, saquemos a Marx y Engels de los libros de filosofía y economía y los metamos donde los ha colocado la Historia: en la sección de poetas líricos, románticos de lo imposible, inútiles como una tuberculosis becqueriana. Así, al menos, la izquierda podrá presumir de haber dejado un bello cadáver.