Opinion · Rosas y espinas

El Falcon y los whiskies de Rajoy

Mucha consternación y enfado se ha desatado en todo el arco mediático/parlamentario, de extrema izquierda a extremo centro pasando por la diestra más siniestra, porque la portavoz adjunta del Grupo Socialista en el Congreso, Sofía Hernanz, ha declarado en sede parlamentaria que Pedro Sánchez usa tanto el Falcon presidencial como lo hacía Mariano Rajoy, aunque “sin avituallamiento extra de vino y whisky”. Vagabundeando por los prados catódicos escuché incluso a la subdirectora de El Plural, y otrora ex asistente de José Luis Rodríguez Zapatero, lamentar y hasta deplorar las palabras etílicas de la diputada socialista, como si fueran gran pecado y grave insinuación sobre las veleidades dipsomaniacas de nuestro amado ex líder.

La verdad es que el asunto tiene su gracia, su enjundia y hasta su delicado pormenor. La portavoz del PP en materia de Transparencia, Beatriz Escudero, había censurado el «insultante espectáculo de poderío» que Sánchez regala cada vez que se monta al avión presidencial. De ahí la airada réplica de la socialista. Que se remitía, y de eso se ha hablado poco, a un reportaje aparecido en Interviú en 2012.

Aquel interesante reportaje reproducía documentos y facturas del Grupo 45 del Ejército del Aire en los que se detallaba que el gallego se gastaba unos 1.000 euros en whisky y vino en cada uno de sus viajes en Falcon y Airbus, y que pagaba para merendar un jamón que salía a 200 euros el kilo con dinero del contribuyente. Aparte la cena, que el 10 de junio de aquel año, cuando Mariano fue a ver el fútbol a Polonia con unos amigotes, salió por 1.000 euracos.

Recuerdo aquel reportaje sobre los dispendios de Mariano en el Falcon, pero lo que no consigo es recuperar ningún texto o declaración de ningún periodista o político de la izquierda reprochándoselo. La información era brillante y divertida, pues siempre conviene conocer en qué se gastan los impuestos nuestros dirigentes. Pero tampoco tiene mayor recorrido. Me parece bien pagar con mis impuestos un buen jamón a nuestro presidente electo, aunque yo no lo haya votado. No me gustaría verlo viajar al fútbol de Polonia en un Blablacar y con una litrona caliente en el regazo.

Sin embargo, cuando un presidente de izquierdas (con perdón) cual Pedro Sánchez se sube al Falcon, todas las cotorras de la derecha se ponen de los nervios. En los bares rebotan palabras sucias y en las redacciones de los periódicos todo es crepitar de llamas, crujir de huesos y rechinar de dientes.

El problema de estos enojados con los vuelos de Sánchez es que son unos vasallos, unos lacayos que solo entienden un perfil de señorito, un color de su bwana. Aceptan que Rajoy evada millones barceneros en diferido —Luis, sé fuerte— pero no que un socialista electo viaje en avión oficial, por mucho que les digan que el Falcon, incluidas medidas de seguridad, sale mucho más barato que el Alsa o el seat panda para este tipo de desplazamientos.

Es triste ver a millones de españoles comprando ese discurso estúpido y esclavo. Se escandalizan de que el presidente viaje en avión presidencial, pero no de que Juanma Moreno elimine el impuesto de sucesiones a los millonarios, perdiendo así el equivalente en recaudación fiscal a lo que cobran 2.000 profesores en un año. Y que prometa que va a recuperar el dinero perdido vendiendo suelo público. Nuestro suelo. Eso sí que es serio, y no los mil pavos en whisky de Rajoy. Que seguramente habría arruinado menos a España estando un poco achispado, como en la tambaleante noche de la moción de censura. Mariano, ¿por qué no te gastaste más pasta en whisky y te quedaste siete años traspuesto, por el bien de España?