Opinión · Rosas y espinas

Derechitas valientes contra derechitas cobardes

La guerra entre derechitas cobardes y derechitas valientes os va a dar un juego fabuloso de aquí a final de temporada. En una entrevista concedida por Albert Rivera a Antena3, el veleidoso líder de Ciudadanos aconsejó a los medios de comunicación “no dar más protagonismo a partidos que proponen que haya pistolas en cada casa, que pueda haber tiroteos en los colegios o que los gays sean considerados enfermos”. Nobles palabras si uno olvida que la coalición PP, C´s y Vox ha atado el alazán de Santiago Abascal a las puertas del palacio de San Telmo para pactar un gobierno en Andalucía. Eso, querido y venerado Albert Rivera, sí que es darle a Vox protagonismo.

El tal Abascal, sin bajarse del caballo, ha respondido en twitter a Rivera con estas petrarquistas y eufónicas barcarolas: “Tú sí que estás enfermo Carlos Alberto. Eres una mentira con patas. Ya sabemos que tus amos (Macron y Soros) te han ordenado atacarnos. Pero como solo se te ocurran esas mentiras tan burdas te van a echar. Que no sirves ni para difamar. Caricato”. No he corregido la puntuación para no mancillar con la sintaxis el hilo de seda discursiva de nuestro más covadonguesco gladiador, no vaya a ser que se os escape alguno de sus finos matices exabruptales.

Nuestra derechita española, tanto la valiente como la cobarde, parece haber reformulado el aserto romano “divide y vencerás”, 24 siglos después, por el de “divídete y vencerás”. La fórmula les ha salido de vicio en Andalucía, donde derechitas cobardes y valientes, en amorosa comunión, acaban de aprobar la subida del precio de las guarderías públicas después de diez años congelado. Pobres niños andaluces. Carne de yugo ha nacido. Más humillado que bello.

Es la primera vez que, en la democracia reciente española, vemos a la derecha dividida, y eso me da hasta más miedo que verla junta. La derecha dividida entre cobarditas y valientitos, quizá, haga aflorar en masa al voto social-liberal (ahora menos, pero bueno) del PP; al neoliberal de C´s y al hipster-fascista de Vox. Las divisones de la izquierda, sin embargo, suelen provocar, más que afloramientos, desfloraciones. Como nos ha demostrado nuestra escasa historia no militar.

Mientras todo esto sucede, el PSOE propone a los españoles de presunta izquierda un pacto gubernamental con un partido que se apoya en Vox regateando sus insultos. Lo dijo el ministro José Luis Ábalos en una entrevista con El Español:

–Pero no van a tener mayoría absoluta. La pregunta es obvia. ¿Mejor Ciudadanos que partidos independentistas?

–Si nos tuviera que apoyar Ciudadanos, bienvenido su apoyo. Es siempre preferible al de alguien que cuestione la unidad de España y el marco constitucional. Es evidente. Lo hemos pedido, pero no lo hemos conseguido.

Si el PSOE está, en estos momentos y salvo rectificación, dispuesto a aliarse para gobernar con un socio de Vox, creo que Santiago Abascal tendría el derecho a acuñar un nuevo sintagma calificatorio, y denominar al PSOE “derechita cobardísima”. Yo, en mi ignorancia, observo más voluntad en los partidos independentistas catalanes que en Vox de preservar la unidad de España y el orden constitucional. Como muestra, decir que los indepes, al menos, no presumen de preconstitucionales.

Establecer un cordón sanitario contra los partidos independentistas, democráticos y pacíficos (me refiero solo a ERC, y no a los pujolistas trileros de la vieja y nueva CiU), y no contra los socios de Vox, me parece socialistamente extravagante. Sobre todo teniendo en cuenta que el PSOE, durante la santa Transición, que el diablo tenga en su gloria, defendía el derecho de autodeterminación de las naciones de España sin demasiados escrúpulos unionistas.

De hecho, en su congreso de 1976, el PSOE se manifestaba en estos términos. El peligroso y espiado Podemos es, al lado del viejo PSOE, una comedia romántica del pasteloso Hugh Grant:

Los socialistas asumimos plenamente las reivindicaciones autonómicas, considerándolas indispensables para la liberación del pueblo trabajador, que ve confluir en este proceso dialéctico sus reivindicaciones peculiares de clase con la lucha por la autonomía de su pueblo, objetivo prioritario a cuya consecución afectará positivamente la lucha unitaria de la clase obrera por objetivos tales como la reforma agraria, la eliminación del capitalismo monopolista y la expulsión de las manifestaciones del poder imperialista de nuestro suelo.

Estos planteamientos son los que llevan al PSOE, como organización de clase, a incrementar sus esfuerzos por conjugar el principio socialista de la libre autodeterminación de los pueblos con el de la imprescindible acción coordinada y unitaria de la lucha que la clase obrera ha mantenido, desarrolla y reforzará en el camino hacia su total emancipación.

¿Evolución, involución o simples puertas giratorias? El PSOE ya no habla de clase obrera, cuando hoy hay más subclase obrera que nunca. Tampoco de “autogestión de la sociedad”. Ni de “reforma agraria”. Ni de “eliminación del capitalismo monopolista”. Y, por supuesto, tampoco habla de “la libre autodeterminación de los pueblos”. Habla de pactar con Ciudadanos, un partido que concurrió a las elecciones europeas aliado a la ultraderecha neonazi de Libertas y, ahora, se hermana con Vox por riverita interpuesto. Llamémosle, al del PSOE, voto útil. A mí se me ocurren otros adjetivos que voy a obviar porque este artículo se lee, sobre todo, en horario infantil. Y el voto infantil –envejecido, desinformado, desclasado y deshistorizado– es, en este mundo, el que más manda.