Opinion · Rosas y espinas

Oh capitana, mi capitana

La bella Europa de la que tanto presumimos, la de la liberté, la égalité y la fraternité, va a tener que responder ante la petición italiana de meter 20 años de cárcel a una capitana de barco por fomentar la inmigración ilegal. El barco se llama Iuventa y la capitana es una mujer alemana envuelta en tatuajes que se dice Pia Klemp. Su delito, haber rescatado a más de un millar de pateros que se ahogaban en el Mediterráneo. «Me niego a creer que vivimos en una Europa en la que tienes que ir a la cárcel por salvar vidas necesitadas», ha dicho la capitana al anunciar que recurrirá la sentencia ante el tribunal de derechos humanos de Estrasburgo. Oh capitana, mi capitana.

El gobierno italiano de Salvini (porque es el ultraderechista Salvini quien realmente está gobernando Italia) considera a estos humanos de las pateras inmigración ilegal, delincuentes, personas de mal vivir, mafia. Es la criminalización del necesitado en grado aristotélico. Es como condenar por robo a quien recibe limosna. O por meter ruido a quien recita un poema. Es la derecha. No la ultraderecha. Es la derecha de siempre con un altavoz de disimulo que en Italia se llama Liga Norte y en España se llama Vox.

Tiene distintos nombres en distintos países. Pero es la misma gente con distintos acentos. Los nietos ideológicos y criminológicos de Franco y Hitler y Mussolini. Aquí los paletos me dirán que por qué no meto a Stalin y a Fidel Castro. O también a Pepe, aquel salvaje defensa del Real Madrid. O a la Bruja Averías. El ‘y tú más’ se ha cambiado por el ‘y tú menos’. Todos hacemos salvajadas, así que vamos a desideologizar la salvajada, a normalizarla, a cotidianizarla.

En Grecia ganó las elecciones un tal Txipras y la intervino Europa, la castró Europa, la hambrunizó, la enfascistó. Sin embargo, a esta Italia de Salvini nadie la interviene por maricidio, porque maricidio es una amable variante del genocidio para los que dejamos morir en el mar. No pagar una deuda falsa a los bancos (Grecia) es más delito en Europa que dejar morir a los niños en el Mediterráneo (Italia). Manda cojones a dónde nos ha llevado aquello de la liberté, la égalité y la fraternité. Aquel sueño colectivo llamado Europa. Y que hoy representa la capitana Pia Klemp. Oh, capitana.

El gran valor de los regímenes totalitarios es que parecen tan absurdos que nos creemos que no están sucediendo. Que son graciosas anécdotas protagonizadas por tíos y tías poco informados, extravagantes, extremistas graciosos que pueden estar ahí, pero que no alteran nuestras vidas en lo cotidiano. Los regímenes totalitarios son muchas veces democráticos (Hitler) o de gran empuje popular (Mussolini). Y en eso, también, basamos su normalización. Nos creemos que los domesticamos, pero son ellos los que nos bestializan.

Ahora que Ciudadanos y el PP están pactando con Vox, convendría echarle un vistazo a la historia de esta capitana, oh capitana, Pia Klemp. Nuestros politólogos más tertulianos, que son los más listos, dicen que la ultraderecha neofascista española no nos debe preocupar demasiado, pues tiene un techo electoral. Se olvidan, no siendo poetas, que lo importante no es el techo electoral, sino el techo ético. Ese que PP y Ciudadanos están rompiendo con sus acuerdos con Vox.

La ultraderecha siempre presume de minoritaria, pero desde sus minorías parlamentarias (Salvini no gobierna Italia, es un socio de gobierno) dirige poderes y voluntades. Antes de llegar a vicepresidente, Salvini fue miembro de la comisión europea de cultura y educación. Manda huevos. Y no solo. Siendo racista, el Parlamento europeo lo admitió graciosamente como miembro sustituto de la comisión de relaciones con Sudáfrica. La del apartheid. Se van colando entre nosotros hasta el día en que deciden que una capitana, oh capitana, Pia Klemp, tiene que ser condenada a veinte años de cárcel por salvar a unos náufragos. Entonces nos escandalizamos un poquito. Y vamos corriendo a la iglesia a donar un euro al domund.

Pactad, pactad, malditos.