Opinion · Rosas y espinas

Vuelven los curitas fachas

Hay quien se cree la ingeniosa copla que dice que la iglesia ha superado sus viejos estigmas filofascistas, que, como se explicará más tarde, vienen derivados del hecho de que muchos curas y monjas y fieles usan el cilicio con el aire acondicionado puesto. También hay quien ha asumido con alegría la fábula de que este papa Francisco es súper progre, ultra guay e incluso filogay, olvidando su ejercicio cardenalicio durante la dictadura de Jorge Rafael Videla: no se le conoce crítica alguna al régimen asesino del dictador; tribunales franceses lo han citado como testigo en una trama de robos de bebés; otros sacerdotes argentinos lo han acusado de haberlos delatado y facilitado su encarcelamiento y tortura por defender la iglesia de los pobres. Y es que la gente y los jueces y los historiadores ya no saben qué inventar para malmeter.

El caso es que el embajador vaticano en España, el nuncio Renzo Fratini, nos ha sacado de dudas esta semana y ha vuelto a dejar claro a quién sirve la iglesia de dios en esta tierra de incertezas y espantos. Asegura Fratini, o Fraticini, o como se diga, que en el temilla de la exhumación de Francisco Franco sobrevuela «una ideología de algunos que quieren de nuevo dividir a España. A Franco algunos lo llaman dictador, algunos dicen que ha liberado a España de una Guerra Civil, que ha solucionado un problema. No continuemos peleándonos sobre si tenía razón o culpa».

Las palabras del nuncio me han hecho sentir decididamente mal, como si hubiera despertado en húmedo pecado. O sea, detrás de la decisión de la mayoría absoluta de nuestro Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, lo que hay es una banda de rojos descerebrados que quieren revancha de la guerra civil, romper España y mancillar el nombre de nuestro caudillo, que no se sabe si asesinaba por hacer el mal o por hacer el bien. Tampoco sabemos si Franco, dice Fratini, nos libró de una guerra civil que él mismo diseñó. Qué desasosiego.

Ya teníamos olvidados los apoyos explícitos, y por escrito, del Vaticano a Hitler, Mussolini, los citados Videla y Franco, el sátrapa Pinochet y tantos otros. Ahora las palabras de este Fraticini o Fratini nos vienen a refrendar los que algunos divagábamos cuando nos poníamos ciegos de vino de misa: que el filofascismo de la jerarquía católica sigue vigente, vigoroso e impasible el ademán.

Supongo que el nuncio recién jubilado también tendrá dudas sobre la bondad o maldad de Hitler, pero decirlo como lo dijo de Franco queda menos fino en esta Europa laica que se la coge con papel de fumar. Hitler tiene muy mala prensa, no se sabe bien por qué. Quizá porque el dios de los judíos no quedaría demasiado pinturero caminando sobre las aguas fecales de Auschwitz.

José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, ha hablado esta semana en Radio María de las mortificaciones corporales: «Desde luego, lo que no tendría sentido es que alguien diga: voy a utilizar el cilicio con el aire acondicionado puesto. Pues tú verás…, ¿a dónde vas?… Comienza un poco por asumir el calor y lo que sea… ¿Me entendéis por dónde voy?”. Estas palabras se podrían aplicar tambien a las mortificaciones intelectuales, tan gratas a la iglesia.

Desde mis cortas entendederas, creo que Munilla repite la misma fórmula con el cilicio que Fratini con Franco. Españoles, podéis leer vuestra historia, pero siempre con el aire acondicionado y el espíritu crítico apagados. Para mortificaros mejor. Lo demás es dividir España. Es ideología. Y, lo que es todavía peor, también pecado. Y no venial. Matadlos a todos, que dios reconocerá a los suyos.